En la esquina de la
tercera con cuarta hay una casa de dos pisos con grandes ventanales y una
pintura de Simón Bolívar montado en un caballo blanco que estaba ahí antes de
que Mario comprara la propiedad. Frente a la casa hay tres locales, en el
primero está el consultorio del odontólogo Garzón. En el segundo la peluquería
de los Martínez y en el tercero la pastelería de los Gómez. Los tres llegaron
tiempo después de que el Simón Bolívar fuera pintado en la casa. La imagen del
libertador se convirtió en un punto de referencia para dar con los tres
negocios y con otros cuantos sitios de interés ubicados en la calle tercera que
cada vez es más comercial.
La casa fue rematada a
buen precio y estaba ubicada en una zona de la ciudad que prometía valorizarse
notoriamente en cinco o diez años o eso calculaba Mario orgulloso de su olfato
para los negocios. Cuando vio la casa Mario preguntó por el Bolívar y el
encargado de la venta no supo decirle por qué estaba ahí. El vendedor quiso ser
chistoso y le dijo que la pintura no se cobraba por separado pero a Mario no le
hizo gracia.
Estando ya en la casa
Mario se dio cuenta de que la pintura de Bolívar era como la dirección de la
calle tercera con carrera cuarta. Si alguien en el norte se quejaba de un dolor
de muela y necesitaba un dentista le recomendaba ir al consultorio
odontológico de Garzón en frente de la casa donde estaba pintado un Bolívar a
caballo. Si una señora del sur quiere un peinado nuevo porque tiene una fiesta
o una entrevista de trabajo le recomiendan la peluquería de los Martínez que
está en el centro al frente de la casa que tiene pintado un Bolívar a caballo.
Cuando el niño cumple años o la pareja de enamorados de los suburbios se une en
matrimonio compran el pastel en el centro diagonal a la casa que tiene pintado
un Bolívar a caballo. A Mario eso no le gustaba nada, empezó a imaginar que
pronto él sería sólo el tipo que vivía en la casa donde estaba el Bolívar
pintado.
Los arrendatarios de
los locales le dijeron a Mario que no tenían ninguna responsabilidad al
respecto, la casa a diferencia de todas las demás en la ciudad tenía en la
fachada la pintura de un héroe patrio que no era desconocido para nadie a menos
que fuera extranjero y que la gente lo tuviera en cuenta para ubicarse era lo
más normal. De los reclamos lo único que Mario obtuvo fue una calza por la
mitad del precio para que conociera el trabajo del mejor odontólogo de la
ciudad quedara amañado y volviera con la familia, le dijo Garzón. Un corte de
cabello del menor de los Martínez que según dijo lo iba a relajar y después un
par de biscochos que le parecieron deliciosos y que él devoró con gesto de
placer mientras la señora Gómez le decía que si el libertador hubiera probado
los biscochos que ella hacia no se hubiera muerto.
Mario llamó a su
hermana para contarle lo que pasaba con la pintura del Bolívar. Estaba abatido
por la notoriedad de su nueva casa, no quería llegar a una ciudad para empezar
de nuevo y terminar convertido de nuevo en la sombra de algo o de alguien. La
hermana le dijo que no se angustiara por tonterías, siempre podía volver a
pintar, o vender para invertir en otra parte.
La posibilidad de
pintar de nuevo le pareció a Mario la mejor opción hasta que habló con la
señora Gómez mientras degustaba de las delicias de la pastelería. Ella le dijo
que borrar al Bolívar no tenía sentido alguno porque la pintura era más vieja
que ella y toda la gente en la ciudad la conocía y aunque dejaran de verla iban
a seguir usando la casa como referencia de la tercera con cuarta.
La señora tiene razón,
dijo la hermana de Mario. A mí, me tocó irme a vivir en donde nadie me
conociera porque allá no iba a dejar de ser un hombre intentando ser una mujer
en cambio acá soy una mujer y nadie puede decir lo contrario. Mario le dijo que
no era la misma situación y Ximena le dijo que sí, que se trataba de los mismo
de no tener pasado o de poderlo cambiar si se quería, eso es lo que usted está
haciendo allá también, huyendo del pasado, buscando ser usted. Mario se
despidió y colgó el teléfono, lo ponía nervioso tener conversaciones serias con
ella.
Buscó a un afamado
artista de la ciudad y le enseñó la pintura de Simón Bolívar. Lo que quiero es
que usted pinte a esta mujer montada en el caballo ahí atrás del libertador al
anca, le dijo mientras le señalaba la pintura y le entregaba una foto de
Ximena. El artista miró detenidamente la pintura y la foto ¿es su mujer? Le
preguntó. No, mi mujer no… mi mujer ya no está. Esa es mi hermana, le respondió
Mario.
El artista empezó a
pintar esa misma tarde y en un par de semana terminó el trabajo que tanta
curiosidad generó en las personas que pasaban por el lugar y se detenían a
verlo y a preguntarle quién era esa. Mario observó con cuidado la pintura que
antes no le gustaba. Ximena tenía razón en lo que le había dicho, él no podía cambiar
el pasado que ya se había hecho, pero sí podía cambiar el de Bolívar
inventándole una novia nueva. Mirando el mural pensó en llamarla y decirle que
la había incluido en la historia para que dejara de joder. En la pastelería la
señora Gómez le invitó un trozo de genovesa y lo felicitó porque así había
quedado más bonita la pintura y siempre era más rico cabalgar acompañado.
"Siempre es más rico cabalgar acompañados"
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