Le hizo falta cantar en una banda de punk
gritar enloquecido desde un escenario
mandando al mundo a comer mierda
aplaudido por otros frustrados y aporreados y dañados
por la vida y los divorcios de sus papitos cuando eran niños.
Tenía que haber sido eso, vomitar el odio
desbordar en rabia
como no fue así y en lugar de cantante fue DJ
lo que sucedió fue el baile
y la fiesta local con volumen hiriente.
Así una cosa llevó a la otra y terminó
promocionando estilos de vida espirituales
con enseñanzas orientales malentendidas
en occidente y en el pueblo de indios donde
nació.
Ya van 30 años y sigue el malestar y la angustia
y la lucha por sentirse bien
ignorando a la ciencia porque todo es verdad
menos el sicoanálisis o la terapia
porque su dolor no está hecho para ser conocido
solo por uno
si no por todos
todos pueden aprender
de él y gritar que si se puede aunque
no se pueda.






