En lugar de subir a la vereda y comenzar la semana laboral en la institución educativa como con normalidad se suele hacer, el día de ayer lo que hicimos fue quedarnos en Tuluá y asistir a una capacitación en la que una gente muy amable y querida nos habló de la educación emocional y de la resiliencia y de las aulas compasivas, todas palabras hermosas que con tristeza no soportan un enfrentamiento con el cruel contexto de los estudiantes de zona rural.
Resulta muy curioso que todas esas charlas sobre las emociones y la salud mental le terminen haciendo el quite a cualquier posibilidad de reflexión política, no se mencionan los estratos ni la conciencia social ni la solidaridad de género. Se habla de resiliencia, pero cuál resistir en una zona donde el punto de partida es la derrota. Pienso en las redes de contacto que los estudiantes tejen desde los colegios privados, los hijos de las elites que cierran el mundo para ellos y en esos otros colegios públicos o privados en los que a falta de una elite los que cierran el mundo para ellos son los más acomodados y luego quedan esas redes de contactos a la que tienen alcance en los colegios públicos de la zona urbana que deben ser frágiles y luego los de la zona rural, donde entre jornaleros se entienden.
No hablamos de esos asuntos en las charlas de educación emocional ni hablamos del poder y de quienes lo ejercen en la zona rural y no hablamos de la enorme fuerza de atracción que tienen los adolescentes por el poder, resiliencia, educación emocional para formar guerrilleros más sensibles quién sabe.
Tampoco se habla de la lucha armada y de su casi tradición en algunos sectores, de la forma en que está arraigada en las personas esa manera de entender al mundo y reconocer la autoridad, no hablamos de la equivalencias en las zonas afectadas por la guerra en las que un grupo armado estatal genera más miedo que uno ilegal.
Luego viene el rol del docente en la institución que no se cuál pueda ser si cuando llega a laborar parte del miedo y la angustia que le pueda generar dicho contexto. Se supone que yo no debería escribir esto porque me estoy arriesgando, porque no estoy siendo lo suficientemente discreto, aunque también dijeron en la charla de las emociones que escribir sirve, entonces ya puedo decir que el diario no tiene que ver con el deseo de publicar y con la ilusión boba de ser escritor sino solo con el autocuidado y la salud.
A partir de sus capacidades los jóvenes de la zona rural pueden conseguir mucho más de lo que creen, de lo que su contexto les ofrece, eso es evidente, que el apoyo emocional es importante y que volver a la sensibilidad después de normalizar la crueldad es también fundamental y que todo esto se puede hacer sin negar o ignorar que se tendrán que esforzar más que el resto, que la tendrán más difícil y que en la competencia natural de un mundo capitalista (profesor pendejo de ciencias sociales echándole la culpa de todo al capitalismo, presente) parte con una gran desventaja.