Nunca en la vida he llevado un diario, desconozco los por menores de dicho ejercicio, por eso no sé si debería escribirlo a mano durante la jornada laboral, es decir, ir tomando pequeñas notas durante los espacios de tiempo que se puedan ir presentando durante las clases o si, por el contrario, debería esperar hasta que sea de noche para elaborar el texto que registra el recuerdo del día transcurrido directamente en el computador. Supongo también que el diario podría ser secreto y solo para mí, pero en ese caso qué motivación tendría, acá en un blog público y abierto, por lo menos puede ser leído y comportarse más como un texto vivo, o no sé, eso creo. Aunque el problema de un texto vivo sería que se puede morir en cualquier momento, tendría necesidades y habría que alimentarlo y cuidarlo, un texto vivo en la práctica vendría a ser lo mismo que el animalito del tamagochi, animalito al que varias veces deje morir. Ojalá esto fuera una reflexión que explora el dilema moderno del deseo de introspección y privacidad versus la necesidad de conexión y reconocimiento y no una mera habladera de mierda que sirve para disimular la ausencia del poco estímulo que me produjo darle clases a uno pelaos que no quieren estar dentro de un salón de colegio.
lunes, 22 de abril de 2024
jueves, 18 de abril de 2024
Diario de campo para un segundo periodo -18 de abril del 2024
Entonces trabajar de profesor en la zona rural implica en algunos casos tener que quedarse a vivir en la vereda durante cinco días de la semana, porque la ciudad está muy lejos para viajar todos los días, a veces la situación solo implica a un profesor flojo que prefiere gastar esa hora y media o dos que se puede gastar viajando de la ciudad a la vereda en tiempo de sueño o lectura, digamos que no voy a decir cuál es mi caso porque lo que diré a continuación es que anoche en la vereda se fue la energía y pasamos la noche a oscuras y sentados al rededor de un radio de pilas oyendo a un tipo que hablaba mierda con un gusto notable. Uno oye a esos tipos y asume de inmediato que ese es un trabajo deseable sin considerar que tal vez esos tipos mientras cierran el micrófono después de mandar a la pauta publicitaría desean en su interior ser profesores rurales, (pausa para reír a carcajadas), está bien, no, nunca un tipo de esos va a tener un deseo tan marica.
Lo importante es que pasarla sin energía eléctrica no se torna tan cansón cuando uno está bien acompañado, incluso no disponer de dicho servicio puede ayudar a afianzar los lazos y a construir recuerdos fraternos.
Sin perder de vista que hablo desde la óptica del tipo que cumple con el rol de profesor, creí que sería complejo dar clase sin tener como conectar y encender el computador, justo cuando las actividades para el día estaban diseñadas en torno a unos cuantos videos. A improvisar con los periódicos, pensé, aunque no fue necesario porque el servicio se restableció antes de las ocho de la mañana.
Un estudiante me dijo que una noche sin energía no era nada, que a veces se demoraban hasta una semana en arreglar los daños. Le creí, claro, que lo hice, porque de niño en la finca en la que crecí lo experimenté en repetidas ocasiones.
Me pregunto si la falta de motivación de los estudiantes y la mía es solo un obstáculo temporal o un desafío más persistente, similar a un prolongado corte de energía.
Diario de campo para un segundo periodo -17 de abril del 2024
Un estudiante me dice a primera hora de la mañana que perdió el Barcelona. El tufo de burla en su voz es imposible de disimular. Todavía siento que no he despertado. No sé qué hago metido en un colegio en medio de las montañas, escuchando los partidos de fútbol por radio porque no hay a mi disposición un centro comercial con cincuenta bares dotados de pantallas gigantes que los transmitan. Me quedo en silencio un momento. Me imagino como alguien que, desesperado, pide a gritos un flotador en medio de un lago de agua fría. Le digo que la falta de Araujo no era para roja, articulo las palabras en tono de defensa, como si necesitara justificar alguna acción. El estudiante se ríe y me dice que igual el Barcelona perdió. Sé que no hay nada que discutir y continuo mi camino por ese pasillo; ya voy tarde. En el salón, los estudiantes deben estar relajados, deseando que me desaparezca y nunca llegue a dar la clase. Me acuerdo de que también perdió el Once Caldas.
martes, 16 de abril de 2024
Diario de campo para un segundo periodo -16 de abril del 2024
Le dije en la mañana a los estudiantes de grado séptimo que iba a escribir un diario durante el segundo periodo escolar que comenzó justo hoy. Tenía en la mano un marañón cuando lo dije, en ese momento, a eso de las ocho de la mañana, esa fruta era un marañón y lo que yo iba a escribir era un diario, a esta hora ese marañón ya no lo es porque uno de los profesores me dijo que es otra fruta y me dio el nombre y lo olvidé, ahora tampoco sé sí esto pueda ser un diario, ya veremos si cumplo con el compromiso y consigo escribir un día tras otro, si lo consigo, supongo que no importarán los temas comentados, y esto por puro ejercicio de repetición será un diario, así como con el marañón que aunque no sea un marañón sigue siendo un regalo, una fruta que me regaló un estudiante, y la intención sigue ahí, un estudiante que comparte lo que tiene y le gusta con un tonto que sostiene un marcador y busca acercarlo a uno que otro conocimiento, un aparecido que es su profesor.
miércoles, 7 de febrero de 2024
Tinta
Se sabe de buena manera que tener oro es tener dinero. Se sabe también que el cáncer ocasiona temor. Lo anterior es un asco, ningún intento de relato breve debería comenzar así. También la oración anterior es tonta y además atrevida, porque, se sabe también que el lector debe tener acceso solo al resultado final y no al intento o al desecho. Afirmación que tendría credibilidad si quien redacta esto fuera un escritor o un editor o un editor. Lo mejor es no seguir, dejar así. Aceptar la imposibilidad del surgimiento de un relato. Aunque también podría probar el que redacta con el ya famoso y efectivo había una vez y decir que Había una vez un hombre que intentaba redactar un relato sin lograrlo.
lunes, 5 de febrero de 2024
Gafas rotas
Conservar la calma. Tiene la frase aferrada desde que era un niño. Lleva años repitiéndola. Conservar la calma, conservar la calma, conservar la calma. Lo repite incluso en los momentos más calmados de su vida. Es su mantra, su rosario, su oración. Se lo dijeron por primera vez cuando aplastó a tres pollitos con las manos hasta que los mató. Y se lo volvió a decir cuando encerró al gato en un tarro de manteca lefrit y lo pateó una y otra vez contra la pared. Se lo dijeron también cuando mojó la cola del perro con gasolina y le prendió fuego. Conservar la calma. Eso, conservar la calma. El día que ese niño se cayó de la escalera después de que lo empujara, ese día repetía, observando con atención como le chorreaba la sangre por la frente, mantener la calma, repetir la calma. También cuando oyó a la mujer gafas grandes, decir que él debía estar internado, repitió que debía tener calma, lo repitió mientras buscaba el bate y lo repitió después mientras lo usaba.
jueves, 1 de febrero de 2024
Abandonado
Estos son los días más tristes en la vida del señor Pinzón. Cortó de tajo con sus amigos y se encerró. Lo acompaña una dalia fucsia que riega dos veces por semana. Si ella se hubiera llevado también esa mata, él sería el único con necesidad de agua en esa casa.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
-
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
-
Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...