lunes, 5 de febrero de 2024

Gafas rotas

Conservar la calma. Tiene la frase aferrada desde que era un niño. Lleva años repitiéndola. Conservar la calma, conservar la calma, conservar la calma. Lo repite incluso en los momentos más calmados de su vida. Es su mantra, su rosario, su oración. Se lo dijeron por primera vez cuando aplastó a tres pollitos con las manos hasta que los mató. Y se lo volvió a decir cuando encerró al gato en un tarro de manteca lefrit y lo pateó una y otra vez contra la pared. Se lo dijeron también cuando mojó la cola del perro con gasolina y le prendió fuego. Conservar la calma. Eso, conservar la calma. El día que ese niño se cayó de la escalera después de que lo empujara, ese día repetía, observando con atención como le chorreaba la sangre por la frente, mantener la calma, repetir la calma. También cuando oyó a la mujer gafas grandes, decir que él debía estar internado, repitió que debía tener calma, lo repitió mientras buscaba el bate y lo repitió después mientras lo usaba. 

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