Algo que yo reconozco y admiro de Nacho es que su decisión de aislarse, le otorgó una característica en la que se podría fundar la paz del mundo, una cosa simple, Nacho no necesito más de un favor, no necesito más que alguien le sirviera, en contraposición tampoco le sirvió más a nadie, aunque eso podría debatirse, a la luz de un par de adagios populares, el primero dice: "el que no vive para servir no sirve para vivir" y el segundo: "mucho ayuda el que poco estorba", el juicio depende del adagio al que decida darle prioridad. Siguiendo lo que dice el segundo, Nacho no le estorbó y no le estorba más a nadie. No pide una herramienta prestada para luego no devolverla, no pide plata prestada, no pide fiado en la tienda, no pide regalada una matica pa un remedio, no necesita que le cuiden el lugar en la fila, ni pide boleticas regaladas, no la caga y luego se excusa diciendo que la intención era buena. No sé si el tipo un día dijo, yo no sirvo para servirle a nadie y se hizo a un lado, como quien dice, si no voy a servir, tampoco voy a esperar que me sirvan y me abro de aquí y vivo entre el cafetal sin demandar el favor de nadie. Ese debe ser el triunfo de la independencia, el de no necesitar un favor, el de no esperar la vuelta. Nada de esto tiene por propósito poner en cuestión eso que dice el poema de John Donne: "Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo." Pero lo cierto es que ser una parte del todo sin necesitar de los otros debe ser un triunfo, no sé de qué, pero de algo seguro lo es.
martes, 10 de octubre de 2023
lunes, 9 de octubre de 2023
Irse, quedando -96
No sé si las personas que se van para el extranjero rezan, lo que me consta es que los que se quedan rezan a diario por los que se fueron.
Las madres prenden velas y velones de esos que trajeron benditos de la iglesia.
Lo que se busca es que Dios proteja a los que están fuera.
Ahora, no sé si los que se quedan rezaban por los que se fueron antes de que se fuera, o sea, si rezaban por ellos, cuando esos ellos estaban aquí y los veían y olían y sentía cerca.
Eso no lo sé. Ahí no me consta nada.
Supongo que cuando esos ellos que se fueron estaban tan cerca el rezó a Dios era por un nosotros, Qué se dice, Dios, cómo va todo, buena esa, así se habla, bien y mejorando, sí señor, nosotros ahí vamos, con la ayuda suya, claro está y bueno para molestarlo otra vez, para encomendarnos en sus manos, para que nos tenga siempre presentes a todos nosotros, Dios bendito.
El problema es que cuando se van unos y se quedan otros, ese nosotros se rompe, se divide y queda el nosotros de los que estamos acá y el nosotros de los que están allá, que para nosotros acá es el ellos, como para ellos allá nosotros somos el ellos de acá, entonces si ellos, los que se fueron, rezan piden por ellos, los que se quedaron, nosotros.
Es raro pasar de un nosotros a un ellos, rezar por mí y luego por ellos y preguntarse por ese nosotros, porque de pronto uno ya no sabe donde queda el nosotros. En dónde ubica el nosotros mi mamá cuando reza, en dónde lo ubica mi papá, en dónde lo ubica mi hermana o mis sobrinos, en dónde lo ubico yo.
Tal vez si fuéramos ateos, no sería necesario gastarle palabras a esto, sería un tema menos para pensar, un asunto menos que considerar. También creo que cuando uno reza lo hace por muchas más personas de las que cree, por un nosotros que ni ve.
viernes, 6 de octubre de 2023
Irse, quedando -95
Oiga, mijo, usted se acuerda del escritorio que teníamos en la sala, me pregunta mi mamá, sí señora, le digo, qué pasa con eso. Es que me dio por ponerme a organizarlo y encontré ahí unos papeles suyos y quiero saber si eso se puede botar o si se los guardo para que se los lleve en estos días que venga. Le digo que lo puede botar todo, que si en tanto tiempo no he necesitado nada de ese escritorio debe ser que nada de lo que tengo ahí me importa. Que hay una carpeta muy bonita, de Batman, y que ahí un montón de papeles que dicen proyecto de vida, me dice mi madre, como si estuviera buscando que me antojé de ver esos papeles de nuevo, como si no los quisiera botar, le voy a mandar una foto para que la vea, dice mamá. Le digo que no, que no hace falta, que yo sé de lo que me está hablando y que puede botar todo eso, puros papeles y maricadas de cuando estaba en el colegio. Según mi mamá que ella no sabía que yo venía con esa bobada de ser novelista desde que estaba en el colegio. Le preguntó por qué lo dice y me cuenta que estuvo mirando los papeles de la carpeta y que en una de esas actividades escribí que quería ser un novelista. Le digo que eso es viejo, que ya no importa, que bote todo lo que tenga que botar con toda tranquilidad, que no hace falta que revise. También me cuenta que hay una nota bonita de esa muchacha que me gustaba, de Milena, y le digo que la boté también. Que si todavía es lo que quiero, me pregunta mamá y le digo que no, que con Milena llevo años sin hablar, ya es un mero nombre; me dice que no, que bobo, que ponga cuidado, que si todavía quiero ser novelista. No le respondo y le digo que bote todo y que tengo que colgar y que hablamos luego que tengo muchas tareas por corregir.
Irse, quedando -94
jueves, 5 de octubre de 2023
Irse, quedando -93
Cuando uno de mis conocidos o amigos ya calvos me preguntan por lo que he hecho y lo que he conseguido en la vida, respondo siempre lo mismo. A diferencia de ellos, no tengo ni el carro, ni la finca, ni la casa, ni la maestría, ni la esposa, ni los hijos, ni las fotografías de los viajes al extranjero, entonces lo que les digo es que me he dedicado a conserva el pelo bien pegado a la cabeza. Cuando hablamos de pelo puedo yo presumir de abundancia como ninguno, eso he hecho yo, tener mucho pelo. Es una bobada, pero de algún modo con eso se acaba ese deseo de esos conocidos por realizar sus veedurías de lo mío. Podría hablarles de mis libros, pero para qué le habla uno de libros a gente que no lee, también, para qué va a leer un tipo que tiene plata.
Irse, quedando -92
En la casa paterna, la casa materna, en caso de que esa casa exista, permanecen las fotografías de los hijos colgadas en las salas, las caras de esos que limpian el culo de una viejita a las seis de la mañana de un martes en Valladolid haciendo arcadas, pero con sus expresiones del pasado, esas tiernas e ingenuas de la infancia. No importa que ya estén viejos esos hijos, ni a donde vayan, no importa que estén de cobradores en Rondonía, de tenderos en Guayaquil, de cuidadoras en Turín, de putas en Madrid o Roma, de jíbaros en Londres o París, de ayudantes de construcción en Nueva York o Barcelona, no importa nada de eso, las fotografías siguen ahí acumulando polvo. En algunas casas, además de las fotografías, están también a la vista de cualquiera que llegue, los diplomas enmarcados de esos hijos, bachilleratos, técnicos del Sena o de institutos de garaje, cartones de licenciatura en idiomas, sicología, artes plásticas o enfermería, porque esos hijos que acomodan cajas de dientes de viejitos malolientes en Europa o cargan hierro en grandes obras en Estados Unidos, esos también estudiaron aunque no ejerzan y se dediquen a otras labores. Esas fotografías son en esas casas la celebración de la vida, una vida que nadie sabe cómo debe vivirse hoy y que nadie creía iba a ser vivida de esa forma cuando las hicieron.
miércoles, 4 de octubre de 2023
Irse, quedando -91
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...
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