Sabe que no se tiene que quedar, cierto, me pregunto una vez Raúl, o sea, usted es consciente de que si quiere salir de allá mañana mismo, acá estoy yo para recibirlo y darle la mano, cierto, lo tiene claro, me dijo Raúl hace un par de meses y me lo ha dicho desde ese día cada que hablamos.
Para qué se quiere quedar allá, muchos pueden quedarse porque tiene vocación y creen en eso de salvar al país y contribuir con lo que saben, pero usted no, usted no está enseñando porque crea que puede mejorar las cosas, enseña en esa escuela porque tiene que comer, es más, cada que le resulta un trabajo donde pueda ganar más abandona cualquier colegio y se dedica a cuestiones inesperadas, como esa vez que estuvo administrando un supermercado, o la otra vez en la que trabajo de secretario en esa oficina de abogados, entonces no hay razón para quedarse, usted quiere escribir y eso lo puede hacer en cualquier parte, eso me lo dijo Carmen, ella cree que debería salir de Colombia.
Mi hermana cree que sé si ya no voy a vivir con papá y mamá y tampoco he conseguido mujer, la misma cosa es que me vaya para allá, no es ningún paraíso, es como estar allá, pero mejor, hay como una carga invisible que lo aplasta a uno allá que acá no está, también toca apretar para llegar a fin de mes, pero el cuerpo y la mente están ligeros, esa carga no está, la angustia es distinta.
Lo pienso, yo lo pienso porque no sé qué hacer, porque sé que el dilema de irme o quedarme no es grave, que lo difícil es decidir, que no vale la pena dedicarle más vida a lo de ser novelista. Que así como los alcohólicos hacen un alto en el camino y se meten a un grupo de AA, yo debería hacer lo mismo, eso sí, cambiaria las cosas, yo no soy escritor, no seré novelista, esos libros autoeditados dan pena y llevar una vida minúscula como un no escritor que acepta su suerte sería más digno.
Tengo casi 40 años y las huevas descolgadas y la seguridad de que nunca podré escribir una novela de la que me pueda sentir orgulloso, por eso escribo otra cosa, esta libreta de apuntes en la que me despido de la escritura y de las novelas y los cuentos.
Así comenzaría mi nuevo libro, porque cuando pienso en dejar la escritura atrás estoy también concibiendo un nuevo párrafo de otro libro que también me avergonzará.