miércoles, 13 de septiembre de 2023
Irse, quedando -72
martes, 12 de septiembre de 2023
Irse, quedando -71
Jaime vendió su moto en 2012 y siguió yendo al trabajo en bicicleta.
Con esa plata compró un par de terneros y se los entregó a utilidades a un amigo que tenía varios potreros, decía potreros y no finca ganadera porque la diferencia entre una cosa y otra era de varios ceros, afirmaba el amigo de Jaime.
Pasados unos cuantos meses esos dos terneros se convirtieron en cuatro y cuando en 2014 Jaime quiso volver a tener esa plata en efectivo y no en ternero pastando al sol, vendió siete animales.
Tenía muy claro para qué era esa plata. Lo había planificado todo y así se lo comentó a sus amigos, familias y conocidos.
El mundial de fútbol Brasil 2014 era la opción más clara que teníamos para asistir a un mundial, podíamos desperdiciar la oportunidad si así lo queríamos, pero teníamos que saber que si no íbamos a Brasil 2014 tal vez nunca íbamos a poder hacer parte de un mundial.
Ninguno le prestó mucha atención y eso le importó poco, agarró la plata de sus terneros y se fue solo para Brasil un mes completo.
Renunció al trabajo porque solo le iban a dar una semana de permiso, según él, era el colmo que un tipo que decía ser amante del fútbol se negara a comprender la trascendencia del evento, él se iba para Brasil un mes y no se lo iba a impedir nadie.
Subió fotografías a sus redes sociales del par de partidos que pudo ver y de las fiestas que se armaban entre los que, como él, habían llegado de tanto país vecino.
Entre los que vimos los partidos por televisión comentamos más de una vez que nos había hecho falta ponernos las pilas como Jaime. Aunque tampoco es que nos hubiéramos perdido en lamentos chimbos porque todos los que ven futbol en la pantalla de un bar saben que uno se emociona como si estuviera en un estadio y si está con amigos y tomando cerveza todavía se emociona más.
Finalizado el mundial y cuando todo andamos a la espera de que volviera Jaime para enredarnos con los relatos de sus aventuras, el tipo le avisó a su hermana y al primo con el que compartía la casa, que pusieran su cuarto en arriendo y le guardaran los chécheres en la casa de la mamá porque él se iba a quedar.
Se demoró cuatro años en volver a aparecer por Tuluá. Cruzamos un par de palabras el día que nos vimos, me presentó a su novio, un flaco de ojos claro muy amable que me ofreció su casa para que fuera a visitarlo cuando quisiera. Supongo que era una mera formalidad, pero igual le sonó sincera. Jaime dice que se fue de tras del deporte que ama y encontró al amor que no buscaba y que por eso se quedó.
lunes, 11 de septiembre de 2023
Irse, quedando -70
Raúl tuvo su primer hijo en el extranjero y ahora anda diciendo que se siente feliz, pero sobre todo motivado.
Tanto que dijo él que no iba a ser papá y el día también le llego y según él ahora se siente hombre, se siente adulto y ahora sí, por fin puede entender a su papá.
Su mamá viajó la semana pasada para visitarlo y conocer a su nueva familia, para chocholear al niño y ayudar a cuidarlo. Raúl dice que la mamá ya no vuelve, que él que la conoce sabe que ella se va a querer quedar allá.
A diferencia de mi mamá que ya tiene nietos porque se los dio mi hermanita, la mamá de Raúl decía todos los días que esos muchachos de ella la iban a dejar morir sin ser abuela y todos los días le decía a Raúl que él tenía que darle un nieto. Raúl decía que para eso estaba Lucas, su hermano, pero en esa familia todos saben que Lucas no va a darle un nieto porque la señora con la que se casó ya tiene cuatro hijos y se operó para no tener más. Rául dice que la mamá no quiere a la mujer de Lucas y Lucas así lo confirma.
Lo que más gusto le da a Raúl es ser padre en el extranjero, el hecho de que su niño tenga otra nacionalidad le parece un triunfo, un miembro de su familia, un heredero suyo, un individuo con sus genes que no es colombiano, que no es tuelueño. Un muchachito que no está apestado le dije por joderlo y me dijo que sí, un niño suyo que no tiene que lidar con esa pesadilla. No hice ningún comentario.
viernes, 8 de septiembre de 2023
Irse, quedando -69
De Argentina me trajeron mate y fernet, ninguno de los dos me gustó. Me parecieron amargos y no me provocó saber más de ellos. También me trajeron alfajores y esos sí me gustaron, creí que para volver a comerme unos alfajores ricos tenía que pegar para la Argentina o esperar a que alguno de esos amigos que estaban viviendo allá volvieran de paseo, por fortuna no fue así y descubrí que en una panadería pequeñita de un barrio del norte de Tuluá una señora velezolana fabricaba unos alfajores que estaban mucho más ricos que los argentinos y entonces el deseo de viajar a Buenos Aires se me infirió. Todavía creo que quiero ir, pero como que eso no me afana. De México me trajeron tequila y mezcal y ají de diferentes tipos. Lo del ají estuvo muy bueno y los licores tampoco me gustaron de a mucho, para tomar cosas malucas acá yo tengo a la mano aguardiente y viche y tapetusa, todos feos y locales. De Australia me trajeron un Búmeran y por ahí lo tengo recogiendo polvo. De España me trajeron un jamón y mi papá y mi mamá me dijeron que les pareció rico, yo no lo probé porque no como carne. De Alemania me trajeron un cedé de Paul Kalkbrenner y ese detalle, si me generó una necesidad, creí cuando lo oí por primera vez y lo creo ahora que ya tengo el cedé rayado que no me puedo morir sin meterme una rumba de música electrónica en una de esas discotecas de Berlín. Mi hermanita dice, hermanito, no se olvide de mí, tiene que ir a visitarme y yo le dije que tenía que convencerme de que Canarias tiene algo, por lo que valiera la pena la ida y bueno, mientras se acomoda y trabaja seguro encontrará algo con lo que me pueda antojar de ir allá. Al parecer a ese archipiélago el número de turistas por año llega a los catorce millones y tal vez yo pueda terminar siendo uno de esos, todavía no lo sé. Lo que me genera mis sospechas es que tal vez uno se vaya de paseo por allá y termine por quedarse, porque una cosa es cierta, Canarias está más cerca de Berlín que Tuluá, Valle del Cauca, Colombia.
Irse, quedando -68
Una de esas señoras que tuvo el gusto de ser mi suegra y con la que me cruce un par de veces no más, aunque tampoco es que con las otras hubiera tenido que relacionarme mucho, me dijo una tarde después de que le hablara de la sustanciación de mi trabajo de grado programado para esa semana, que muy bien por mí que ahora iba a tener un título y que lastima que hubiera decidido estudiar justo eso porque con eso nadie se aseguraba el futuro ni se resolvía la vida, me aclaró la señora.
Luego me dijo que yo estaba tomando la decisión de ser un hombre pobre y que para una mujer tener a un hombre pobre era como tener un brazo fracturado, uno sabe que lo tiene ahí, pero no le sirve ni para limpiarse el culo.
Quise decir algo a mi favor, pero la señora tenía su dominio de la palabra y ni me dejo abrir la boca, rápido agregó que no me tenía que desanimar, que todavía estaba a tiempo de estudiar algo que sirviera, odontología, ingeniería civil, o ya con un título podía dejar de estudiar y dedicarme a hacer plata, meterme en algún negocio bueno, que tenía que aprovechar que vivía en Tuluá y que era joven, tenía que arriesgarme, apostarle a lo que importaba.
Me le volé a la señora y creo que después de eso la vi una o dos veces más, un punto a favor para ella fue que no me mandó para el extranjero, de hecho según ella la plata la podía conseguir aquí. No sé qué sea de ella ahora, aunque sí sé que la hija sí se quedó con un hombre bueno que le sirve para algo.
jueves, 7 de septiembre de 2023
Irse, quedando -67
Ruiz, un tipo bien, muy leído de Tuluá, vendedor de opiniones positivas a quien las necesite, columnista en el periódico local y acosador de muchachas bonitas y marido de un marica con plata, me dijo una vez que la única posibilidad de que una sexta o séptima novela mía, en caso de que fuera capaz de aguantar y seguir publicando mierdas hasta llegar allá era que me fuera. Los escritores se van, eso es lo bueno y lo necesario, que los escritores se vayan y miren sus realidades nacionales o regionales con distancia, que acumulen heridas y pesares, que sufran y les duela.
Gabriel García Márquez se fue. Fernando Vallejo se fue, Álvaro Mutis se fue. Ricardo Cano Gaviria se fue. Marco Aguilera Garramuño se fue. Luis Fayad se fue.
También están los escritores más nuevos que se van, aunque esos como que se van y vuelven. Juan Gabriel Vásquez se fue. Juan Cárdenas se fue. Santiago Gamboa se fue. Margarita García Robayo se fue. Andrés Felipe Solano se fue. Luis Noriega se fue. Humberto Ballesteros se fue.
Le podría seguir ampliando la lista, pero no hace falta porque el punto creo que ya lo tiene claro. Usted me está vendiendo un tercer libro sin mostrármelo, sin saber cuál es el diseño de la tapa o la calidad del papel y espera que confíe en la sinopsis que me hace de la novelita esa y bueno, yo se lo compro, pero el problema es que usted sigue acá, no se va, no se va de la casa de sus papás, no se va de Tuluá, no se va del país.
Tiene que salir y ponerle el culo a la brisa y mojarse y de pronto así consiga algo que sirva o no, porque tampoco es que solo con eso tenga, igual sería por lo menos una manera diferente de intentar, una manera a la que usted se está negando.
Irse, quedando -66
Parcero, qué se dice, pues, cómo va todo, le digo.
Todo bien, papi, todo bien, camellando, me responde.
Lo conozco de la universidad, nos graduamos juntos, ambos licenciados en ciencias sociales.
En el mismo colegio o ya se cambió, me pregunta.
Nada, yo me abrí de allá, les dije que por menos de millón seiscientos no me podía quedar y se mamaron. Les dije que bajaran horas y tampoco, le respondí.
Cómo así, muy quejoso usted, papi, yo estoy enseñando de sexto a noveno por millón quinientos y estoy contento, aunque obvio toca voltear duro por fuera también para poder llegar a fin de mes, me dijo.
Lo abordé para hablarle de mi tercer libro y de que andaba con lo de la preventa, yo no sé si había leído los dos anteriores, pero sé que lo tenía en mi lista de lectores porque le había regalado una copia del primero y le había vendido una copia del segundo, ahora quería venderle el tercero y por eso no podía ponerme con la lora de que por culpa de gente como él era que la plaza se ponía mala, porque regalaba el trabajo y no le daba valor al conocimiento y que uno pedía lo justo y siempre había quien trabajara por menos, nada de eso que acostumbro decir con frecuencia le dije, porque el propósito era agradar y vender un libro.
Ahora ando vendiendo mi tercer libro y haciendo unas encuestas chimbas para un proyecto de esos del programa nacional de concertación, un parcero se la rebusca con eso y me tiró una plata para que lo ayudara, más que nada por hacerme el cruce. Y a todas estas usted qué, lo apunto para el nuevo libro, primero estoy armando como una lista de los libros que sé que me van a comprar para mandar a imprimir lo justo, le conté.
Yo creía que usted ya había dejado eso, parce, si yo fuera usted ya hubiera desistido, es que la gente no está para leer y menos para leer a gente que no salga en la televisión o en videos de internet, pero claro, hágale, apúnteme uno, vea se lo pago de una vez, me dijo, pasándome un billete de cincuenta mil, así sin preguntarme por precio ni preocuparse por la devuelta, como si me los estuviera regalando.
Lo estoy vendiendo a cuarenta, le dije, y le entregué un billete de diez, apenas salga, yo se lo arrimo a su casa o al colegio, quiero vender al menos cien para ir sacando tirajes así de a cien, sale más barato si uno manda a imprimir mil, pero yo que voy a hacer con todo eso, si o qué, le dije.
Claro, hermano, así es, mejor de a poquito, usted es el que sabe de eso, mi mujer leyó el primero, el de los cuentos y por ahí hubo uno que le gustó, ella me estuvo hablando de eso, oiga y hablando de todo un poco, qué hay de su hermana, hace tiempo no la veo, me preguntó.
Pues como usted no volvió por allá por la casa, se casó y se olvidó de los pobres, tiene que dejarse ver, ella anda organizando todo porque se va para las islas canarias, el marido ya lleva como seis meses allá, le expliqué.
Cómo así, pana, qué bueno, nosotros también tenemos muchas ganas de abrirnos de acá, mi mujer dice que para Alemania, pero yo también quisiera pegar para España, oiga, dígale a su hermana que si necesita quién la lleve al aeropuerto que me llame y se mandó la mano al bolsillo de la camisa y se sacó una tarjeta que entrego.
Entonces también anda de transportador, le pregunté.
Claro, no le digo, pues que toca voltear para llegar al fin de mes, ese carro no se paga solo y entonces mi mujer dijo, hagamos viajes al aeropuerto y vea, en esas andamos, ya sabe pues, dígale que me llame que yo la llevó barato. Luego nos despedimos.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...