lunes, 11 de septiembre de 2023

Irse, quedando -70

Raúl tuvo su primer hijo en el extranjero y ahora anda diciendo que se siente feliz, pero sobre todo motivado. 

Tanto que dijo él que no iba a ser papá y el día también le llego y según él ahora se siente hombre, se siente adulto y ahora sí, por fin puede entender a su papá. 

Su mamá viajó la semana pasada para visitarlo y conocer a su nueva familia, para chocholear al niño y ayudar a cuidarlo. Raúl dice que la mamá ya no vuelve, que él que la conoce sabe que ella se va a querer quedar allá.

A diferencia de mi mamá que ya tiene nietos porque se los dio mi hermanita, la mamá de Raúl decía todos los días que esos muchachos de ella la iban a dejar morir sin ser abuela y todos los días le decía a Raúl que él tenía que darle un nieto. Raúl decía que para eso estaba Lucas, su hermano, pero en esa familia todos saben que Lucas no va a darle un nieto porque la señora con la que se casó ya tiene cuatro hijos y se operó para no tener más. Rául dice que la mamá no quiere a la mujer de Lucas y Lucas así lo confirma. 

Lo que más gusto le da a Raúl es ser padre en el extranjero, el hecho de que su niño tenga otra nacionalidad le parece un triunfo, un miembro de su familia, un heredero suyo, un individuo con sus genes que no es colombiano, que no es tuelueño. Un muchachito que no está apestado le dije por joderlo y me dijo que sí, un niño suyo que no tiene que lidar con esa pesadilla. No hice ningún comentario. 



viernes, 8 de septiembre de 2023

Irse, quedando -69

De Argentina me trajeron mate y fernet, ninguno de los dos me gustó. Me parecieron amargos y no me provocó saber más de ellos. También me trajeron alfajores y esos sí me gustaron, creí que para volver a comerme unos alfajores ricos tenía que pegar para la Argentina o esperar a que alguno de esos amigos que estaban viviendo allá volvieran de paseo, por fortuna no fue así y descubrí que en una panadería pequeñita de un barrio del norte de Tuluá una señora velezolana fabricaba unos alfajores que estaban mucho más ricos que los argentinos y entonces el deseo de viajar a Buenos Aires se me infirió. Todavía creo que quiero ir, pero como que eso no me afana. De México me trajeron tequila y mezcal y ají de diferentes tipos. Lo del ají estuvo muy bueno y los licores tampoco me gustaron de a mucho, para tomar cosas malucas acá yo tengo a la mano aguardiente y viche y tapetusa, todos feos y locales. De Australia me trajeron un Búmeran y por ahí lo tengo recogiendo polvo. De España me trajeron un jamón y mi papá y mi mamá me dijeron que les pareció rico, yo no lo probé porque no como carne. De Alemania me trajeron un cedé de Paul Kalkbrenner y ese detalle, si me generó una necesidad, creí cuando lo oí por primera vez y lo creo ahora que ya tengo el cedé rayado que no me puedo morir sin meterme una rumba de música electrónica en una de esas discotecas de Berlín. Mi hermanita dice, hermanito, no se olvide de mí, tiene que ir a visitarme y yo le dije que tenía que convencerme de que Canarias tiene algo, por lo que valiera la pena la ida y bueno, mientras se acomoda y trabaja seguro encontrará algo con lo que me pueda antojar de ir allá. Al parecer a ese archipiélago el número de turistas por año llega a los catorce millones y tal vez yo pueda terminar siendo uno de esos, todavía no lo sé. Lo que me genera mis sospechas es que tal vez uno se vaya de paseo por allá y termine por quedarse, porque una cosa es cierta, Canarias está más cerca de Berlín que Tuluá, Valle del Cauca, Colombia. 

Irse, quedando -68

Una de esas señoras que tuvo el gusto de ser mi suegra y con la que me cruce un par de veces no más, aunque tampoco es que con las otras hubiera tenido que relacionarme mucho, me dijo una tarde después de que le hablara de la sustanciación de mi trabajo de grado programado para esa semana, que muy bien por mí que ahora iba a tener un título y que lastima que hubiera decidido estudiar justo eso porque con eso nadie se aseguraba el futuro ni se resolvía la vida, me aclaró la señora.

Luego me dijo que yo estaba tomando la decisión de ser un hombre pobre y que para una mujer tener a un hombre pobre era como tener un brazo fracturado, uno sabe que lo tiene ahí, pero no le sirve ni para limpiarse el culo. 

Quise decir algo a mi favor, pero la señora tenía su dominio de la palabra y ni me dejo abrir la boca, rápido agregó que no me tenía que desanimar, que todavía estaba a tiempo de estudiar algo que sirviera, odontología, ingeniería civil, o ya con un título podía dejar de estudiar y dedicarme a hacer plata, meterme en algún negocio bueno, que tenía que aprovechar que vivía en Tuluá y que era joven, tenía que arriesgarme, apostarle a lo que importaba. 

Me le volé a la señora y creo que después de eso la vi una o dos veces más, un punto a favor para ella fue que no me mandó para el extranjero, de hecho según ella la plata la podía conseguir aquí. No sé qué sea de ella ahora, aunque sí sé que la hija sí se quedó con un hombre bueno que le sirve para algo.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Irse, quedando -67

Ruiz, un tipo bien, muy leído de Tuluá, vendedor de opiniones positivas a quien las necesite, columnista en el periódico local y acosador de muchachas bonitas y marido de un marica con plata, me dijo una vez que la única posibilidad de que una sexta o séptima novela mía, en caso de que fuera capaz de aguantar y seguir publicando mierdas hasta llegar allá era que me fuera. Los escritores se van, eso es lo bueno y lo necesario, que los escritores se vayan y miren sus realidades nacionales o regionales con distancia, que acumulen heridas y pesares, que sufran y les duela.  

Gabriel García Márquez se fue. Fernando Vallejo se fue, Álvaro Mutis se fue. Ricardo Cano Gaviria se fue. Marco Aguilera Garramuño se fue. Luis Fayad se fue. 

También están los escritores más nuevos que se van, aunque esos como que se van y vuelven. Juan Gabriel Vásquez se fue. Juan Cárdenas se fue. Santiago Gamboa se fue. Margarita García Robayo se fue. Andrés Felipe Solano se fue. Luis Noriega se fue. Humberto Ballesteros se fue. 

Le podría seguir ampliando la lista, pero no hace falta porque el punto creo que ya lo tiene claro. Usted me está vendiendo un tercer libro sin mostrármelo, sin saber cuál es el diseño de la tapa o la calidad del papel y espera que confíe en la sinopsis que me hace de la novelita esa y bueno, yo se lo compro, pero el problema es que usted sigue acá, no se va, no se va de la casa de sus papás, no se va de Tuluá, no se va del país. 

Tiene que salir y ponerle el culo a la brisa y mojarse y de pronto así consiga algo que sirva o no, porque tampoco es que solo con eso tenga, igual sería por lo menos una manera diferente de intentar, una manera a la que usted se está negando. 




Irse, quedando -66

Parcero, qué se dice, pues, cómo va todo, le digo. 

Todo bien, papi, todo bien, camellando, me responde. 

Lo conozco de la universidad, nos graduamos juntos, ambos licenciados en ciencias sociales. 

En el mismo colegio o ya se cambió, me pregunta. 

Nada, yo me abrí de allá, les dije que por menos de millón seiscientos no me podía quedar y se mamaron. Les dije que bajaran horas y tampoco, le respondí. 

Cómo así, muy quejoso usted, papi, yo estoy enseñando de sexto a noveno por millón quinientos y estoy contento, aunque obvio toca voltear duro por fuera también para poder llegar a fin de mes, me dijo. 

Lo abordé para hablarle de mi tercer libro y de que andaba con lo de la preventa, yo no sé si había leído los dos anteriores, pero sé que lo tenía en mi lista de lectores porque le había regalado una copia del primero y le había vendido una copia del segundo, ahora quería venderle el tercero y por eso no podía ponerme con la lora de que por culpa de gente como él era que la plaza se ponía mala, porque regalaba el trabajo y no le daba valor al conocimiento y que uno pedía lo justo y siempre había quien trabajara por menos, nada de eso que acostumbro decir con frecuencia le dije, porque el propósito era agradar y vender un libro.

Ahora ando vendiendo mi tercer libro y haciendo unas encuestas chimbas para un proyecto de esos del programa nacional de concertación, un parcero se la rebusca con eso y me tiró una plata para que lo ayudara, más que nada por hacerme el cruce. Y a todas estas usted qué, lo apunto para el nuevo libro, primero estoy armando como una lista de los libros que sé que me van a comprar para mandar a imprimir lo justo, le conté. 

Yo creía que usted ya había dejado eso, parce, si yo fuera usted ya hubiera desistido, es que la gente no está para leer y menos para leer a gente que no salga en la televisión o en videos de internet, pero claro, hágale, apúnteme uno, vea se lo pago de una vez, me dijo, pasándome un billete de cincuenta mil, así sin preguntarme por precio ni preocuparse por la devuelta, como si me los estuviera regalando. 

Lo estoy vendiendo a cuarenta, le dije, y le entregué un billete de diez, apenas salga, yo se lo arrimo a su casa o al colegio, quiero vender al menos cien para ir sacando tirajes así de a cien, sale más barato si uno manda a imprimir mil, pero yo que voy a hacer con todo eso, si o qué, le dije. 

Claro, hermano, así es, mejor de a poquito, usted es el que sabe de eso, mi mujer leyó el primero, el de los cuentos y por ahí hubo uno que le gustó, ella me estuvo hablando de eso, oiga y hablando de todo un poco, qué hay de su hermana, hace tiempo no la veo, me preguntó. 

Pues como usted no volvió por allá por la casa, se casó y se olvidó de los pobres, tiene que dejarse ver, ella anda organizando todo porque se va para las islas canarias, el marido ya lleva como seis meses allá, le expliqué. 

Cómo así, pana, qué bueno, nosotros también tenemos muchas ganas de abrirnos de acá, mi mujer dice que para Alemania, pero yo también quisiera pegar para España, oiga, dígale a su hermana que si necesita quién la lleve al aeropuerto que me llame y se mandó la mano al bolsillo de la camisa y se sacó una tarjeta que entrego. 

Entonces también anda de transportador, le pregunté. 

Claro, no le digo, pues que toca voltear para llegar al fin de mes, ese carro no se paga solo y entonces mi mujer dijo, hagamos viajes al aeropuerto y vea, en esas andamos, ya sabe pues, dígale que me llame que yo la llevó barato. Luego nos despedimos. 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Irse, quedando 65

También es habitual que la gente que se va de Colombia para el extranjero a meter el culo sin asco en los trabajos a los que la clase media del primer mundo le hacen el feo se regrese pronto. Aunque sí sucede y conozco a un par que volvieron. 

Una muchacha se fue para México a trabajar en un salón de belleza y duro dos meses, un amigo se fue a prestar plata gota gota en Brasil y duró tres meses, aunque ese se devolvió porque lo iba a picar unos malandros, parece que una característica del colombiano es creer que en otros países no hay bandidos ni criminales ni bandas que detesten a los vivarachos que quieran operar en su zona. 

Yo creía que esos que se tenían que regresar se sentían de algún modo el peso de la derrota y experimentaban la vergüenza con su círculo más íntimo y descubrí que no, que la gente regresa aburrida, pero lista para volver a empezar y que no sienten vergüenza porque su gente les reconoce fueron valientes y se arriesgaron y lo intentaron. 

Otro amigo, uno al que deportaron de Estados Unidos, está buscando la manera de volverse a meter por el hueco, que lo sacaran de allá a las malas no le genera ningún malestar y el hecho de que quiera intentar irse de nuevo también lo convierte en un valiente.

Irse y fracasar y volver y reclamar los cupos para los niños en el mismo colegio del que ya se despidieron y pedir trabajo en el lugar al que ya renunciaron y comprar colchones baratos para tirarlos al piso mientras hay conque comprar camas es mucho más noble y más honorable que escribir novelas, ser novelista no tiene presentación y en la familia es mejor tener un familiar deportado seis veces que un novelista autopublicado. 


Irse, quedando -64

Entre tanta gente comentando que iba a sacar el pasaporte o que ya lo había sacado porque la meta era irse para el extranjero, me dio por hacer comentario chimbos por el mero gusto de ser chocante.

Entonces usted se va para Australia y no le da miedo que se enferme su mamá, ella que anda tan achacosa, imagínese una venida suya desde por allá de afán si se llega a presentar una emergencia con ella. 

Si vio que las naciones unidas en un comunicado ya dijeron que el colapso climático ha comenzado, o sea que no importa si se queda acá o se va para Estados Unidos, igual esto ya se acabó, no hay ningún futuro y nos va a matar el calor, y ya pa que matarse trabajando si no vamos a poder comprar camioneta porque eso no se va a poder tener. 

Y a usted si le comentaron que allá la salud es muy cara, eso cualquier sacada de cordales vale un platal, usted ya fue y se hizo un chequeo general, no se vaya a ir a enfermarse por allá.

Al amigo de un amigo de una amiga lo devolvieron de Madrid, pana, pilas ahí, él dizque iba a bien y llevaba todo en orden y dijo como dicen todos que iba a de paseo, no más, pero se puso nervioso y yo no sé qué fue lo que dijo, pero de allá lo devolvieron. 

La gente responde molesta, esos comentarios no les resultan nada amigables, pero yo he descubierto ahí una fuente de placer que no voy a desperdiciar, además creo que puedo mejorar la técnica y conseguir comentarios más afilados. 

  

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...