jueves, 7 de septiembre de 2023

Irse, quedando -67

Ruiz, un tipo bien, muy leído de Tuluá, vendedor de opiniones positivas a quien las necesite, columnista en el periódico local y acosador de muchachas bonitas y marido de un marica con plata, me dijo una vez que la única posibilidad de que una sexta o séptima novela mía, en caso de que fuera capaz de aguantar y seguir publicando mierdas hasta llegar allá era que me fuera. Los escritores se van, eso es lo bueno y lo necesario, que los escritores se vayan y miren sus realidades nacionales o regionales con distancia, que acumulen heridas y pesares, que sufran y les duela.  

Gabriel García Márquez se fue. Fernando Vallejo se fue, Álvaro Mutis se fue. Ricardo Cano Gaviria se fue. Marco Aguilera Garramuño se fue. Luis Fayad se fue. 

También están los escritores más nuevos que se van, aunque esos como que se van y vuelven. Juan Gabriel Vásquez se fue. Juan Cárdenas se fue. Santiago Gamboa se fue. Margarita García Robayo se fue. Andrés Felipe Solano se fue. Luis Noriega se fue. Humberto Ballesteros se fue. 

Le podría seguir ampliando la lista, pero no hace falta porque el punto creo que ya lo tiene claro. Usted me está vendiendo un tercer libro sin mostrármelo, sin saber cuál es el diseño de la tapa o la calidad del papel y espera que confíe en la sinopsis que me hace de la novelita esa y bueno, yo se lo compro, pero el problema es que usted sigue acá, no se va, no se va de la casa de sus papás, no se va de Tuluá, no se va del país. 

Tiene que salir y ponerle el culo a la brisa y mojarse y de pronto así consiga algo que sirva o no, porque tampoco es que solo con eso tenga, igual sería por lo menos una manera diferente de intentar, una manera a la que usted se está negando. 




Irse, quedando -66

Parcero, qué se dice, pues, cómo va todo, le digo. 

Todo bien, papi, todo bien, camellando, me responde. 

Lo conozco de la universidad, nos graduamos juntos, ambos licenciados en ciencias sociales. 

En el mismo colegio o ya se cambió, me pregunta. 

Nada, yo me abrí de allá, les dije que por menos de millón seiscientos no me podía quedar y se mamaron. Les dije que bajaran horas y tampoco, le respondí. 

Cómo así, muy quejoso usted, papi, yo estoy enseñando de sexto a noveno por millón quinientos y estoy contento, aunque obvio toca voltear duro por fuera también para poder llegar a fin de mes, me dijo. 

Lo abordé para hablarle de mi tercer libro y de que andaba con lo de la preventa, yo no sé si había leído los dos anteriores, pero sé que lo tenía en mi lista de lectores porque le había regalado una copia del primero y le había vendido una copia del segundo, ahora quería venderle el tercero y por eso no podía ponerme con la lora de que por culpa de gente como él era que la plaza se ponía mala, porque regalaba el trabajo y no le daba valor al conocimiento y que uno pedía lo justo y siempre había quien trabajara por menos, nada de eso que acostumbro decir con frecuencia le dije, porque el propósito era agradar y vender un libro.

Ahora ando vendiendo mi tercer libro y haciendo unas encuestas chimbas para un proyecto de esos del programa nacional de concertación, un parcero se la rebusca con eso y me tiró una plata para que lo ayudara, más que nada por hacerme el cruce. Y a todas estas usted qué, lo apunto para el nuevo libro, primero estoy armando como una lista de los libros que sé que me van a comprar para mandar a imprimir lo justo, le conté. 

Yo creía que usted ya había dejado eso, parce, si yo fuera usted ya hubiera desistido, es que la gente no está para leer y menos para leer a gente que no salga en la televisión o en videos de internet, pero claro, hágale, apúnteme uno, vea se lo pago de una vez, me dijo, pasándome un billete de cincuenta mil, así sin preguntarme por precio ni preocuparse por la devuelta, como si me los estuviera regalando. 

Lo estoy vendiendo a cuarenta, le dije, y le entregué un billete de diez, apenas salga, yo se lo arrimo a su casa o al colegio, quiero vender al menos cien para ir sacando tirajes así de a cien, sale más barato si uno manda a imprimir mil, pero yo que voy a hacer con todo eso, si o qué, le dije. 

Claro, hermano, así es, mejor de a poquito, usted es el que sabe de eso, mi mujer leyó el primero, el de los cuentos y por ahí hubo uno que le gustó, ella me estuvo hablando de eso, oiga y hablando de todo un poco, qué hay de su hermana, hace tiempo no la veo, me preguntó. 

Pues como usted no volvió por allá por la casa, se casó y se olvidó de los pobres, tiene que dejarse ver, ella anda organizando todo porque se va para las islas canarias, el marido ya lleva como seis meses allá, le expliqué. 

Cómo así, pana, qué bueno, nosotros también tenemos muchas ganas de abrirnos de acá, mi mujer dice que para Alemania, pero yo también quisiera pegar para España, oiga, dígale a su hermana que si necesita quién la lleve al aeropuerto que me llame y se mandó la mano al bolsillo de la camisa y se sacó una tarjeta que entrego. 

Entonces también anda de transportador, le pregunté. 

Claro, no le digo, pues que toca voltear para llegar al fin de mes, ese carro no se paga solo y entonces mi mujer dijo, hagamos viajes al aeropuerto y vea, en esas andamos, ya sabe pues, dígale que me llame que yo la llevó barato. Luego nos despedimos. 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Irse, quedando 65

También es habitual que la gente que se va de Colombia para el extranjero a meter el culo sin asco en los trabajos a los que la clase media del primer mundo le hacen el feo se regrese pronto. Aunque sí sucede y conozco a un par que volvieron. 

Una muchacha se fue para México a trabajar en un salón de belleza y duro dos meses, un amigo se fue a prestar plata gota gota en Brasil y duró tres meses, aunque ese se devolvió porque lo iba a picar unos malandros, parece que una característica del colombiano es creer que en otros países no hay bandidos ni criminales ni bandas que detesten a los vivarachos que quieran operar en su zona. 

Yo creía que esos que se tenían que regresar se sentían de algún modo el peso de la derrota y experimentaban la vergüenza con su círculo más íntimo y descubrí que no, que la gente regresa aburrida, pero lista para volver a empezar y que no sienten vergüenza porque su gente les reconoce fueron valientes y se arriesgaron y lo intentaron. 

Otro amigo, uno al que deportaron de Estados Unidos, está buscando la manera de volverse a meter por el hueco, que lo sacaran de allá a las malas no le genera ningún malestar y el hecho de que quiera intentar irse de nuevo también lo convierte en un valiente.

Irse y fracasar y volver y reclamar los cupos para los niños en el mismo colegio del que ya se despidieron y pedir trabajo en el lugar al que ya renunciaron y comprar colchones baratos para tirarlos al piso mientras hay conque comprar camas es mucho más noble y más honorable que escribir novelas, ser novelista no tiene presentación y en la familia es mejor tener un familiar deportado seis veces que un novelista autopublicado. 


Irse, quedando -64

Entre tanta gente comentando que iba a sacar el pasaporte o que ya lo había sacado porque la meta era irse para el extranjero, me dio por hacer comentario chimbos por el mero gusto de ser chocante.

Entonces usted se va para Australia y no le da miedo que se enferme su mamá, ella que anda tan achacosa, imagínese una venida suya desde por allá de afán si se llega a presentar una emergencia con ella. 

Si vio que las naciones unidas en un comunicado ya dijeron que el colapso climático ha comenzado, o sea que no importa si se queda acá o se va para Estados Unidos, igual esto ya se acabó, no hay ningún futuro y nos va a matar el calor, y ya pa que matarse trabajando si no vamos a poder comprar camioneta porque eso no se va a poder tener. 

Y a usted si le comentaron que allá la salud es muy cara, eso cualquier sacada de cordales vale un platal, usted ya fue y se hizo un chequeo general, no se vaya a ir a enfermarse por allá.

Al amigo de un amigo de una amiga lo devolvieron de Madrid, pana, pilas ahí, él dizque iba a bien y llevaba todo en orden y dijo como dicen todos que iba a de paseo, no más, pero se puso nervioso y yo no sé qué fue lo que dijo, pero de allá lo devolvieron. 

La gente responde molesta, esos comentarios no les resultan nada amigables, pero yo he descubierto ahí una fuente de placer que no voy a desperdiciar, además creo que puedo mejorar la técnica y conseguir comentarios más afilados. 

  

martes, 5 de septiembre de 2023

Irse, quedando -63

Por las tardes salgo a trotar, esperando que esa actividad me ayude a escribir. Haruki Murakami escribió un ensayo que se llama De lo que hablo cuando hablo de correr, reflexiona sobre eso, sobre correr y escribir, lo que siente cuando corre y como correr le ayuda a escribir esas novelas de cientos de páginas que escribe. No quiero escribir como Murakami, no me interesa eso, lo que busco es que mi escritura mejore y si trotar me ayuda entonces me pongo a prueba.

 Una tarde, cuando ya volvía de correr, despeinado y transpirado, me encontré con un viejo profesor del colegio que me saludó afectuoso y quiso saber que era de mi vida. Asumió por lo que mi apariencia le dijo que la estaba pasando mal, según él debía cortarme el pelo y usar ropa limpia. Le expliqué que estaba trotando, pero no pareció importarle eso, él insistía en la apariencia y el corte de pelo. Se puso peor cuando le dije que seguía viviendo en la casa de mis papás, pero si usted se veía como pilo en el colegio, como fue que no ha hecho nada con la vida, dijo el señor como decepcionado.

Le comenté que había publicado un libro, con una editorial independiente, omití esa parte de la coedición y de que yo había pagado los riesgos y que era como autoeditarse, pero con el respaldo de una editorial que es más una imprenta. Creí que con eso iba a salvar el encuentro, pero no, el profesor quiso saber de qué iba el libro y le dije que eran cuentos breves, eso para qué, los cuentos no venden, le dije que iba a publicar una novela, pero no logré convencerlo, me preguntó que había estudiado y le dije que licenciatura en ciencias social y que estaba trabajando en un colegio privado. 

Profesor y novelista, no hermano, por lo menos córtese el pelo y cómprese una camiseta nueva, por lo menos cuidé la imagen porque ya no le queda mucho más que cuidar. Pero usted es profesor, profe, cómo me dice eso, le dije. Pues por eso se lo dijo mijo, la cagó, pero todavía está a tiempo, haga otra cosa, móntese un negocio, cómprese una finca y siembra aguacate, olvídese de eso, olvídese de escribir, si hubiéramos hecho las cosas bien con usted de pronto no me estaría contando esto, profesor y novelista, métase de ayudante de construcción, mejor, eso sí sería algo honesto. Para hacerle el quite al momento ridículo en el que me había metido ese profesor que en el colegio ni me agradaba, acudí a la vida de los otros y le dije al profesor que yo igual estaba, que me iba, que salía para España en un mes y ahí me felicitó el profesor, eso era lo que había que hacer, volarse de este platanal, que ahí me veía bien. Ahora estoy trotando, por otra parte, no quisiera volvérmelo a encontrar. 

Irse, quedando - 62

No es habitual para mí asistir hoy a babyshowers, pero hubo un mes hace unos años en el que asistí tal vez a seis, uno tras otro. Mi entorno se llenaba de nuevos papás y mamás. Mi hermana, un primo, un par de amigos, un par de amigas, todos felices midiendo barrigas y explicando como había elegido el nombre. 

Tengo buenos recuerdos de esos días porque el sueño de ser escritor todavía tenía sentido y yo podía decir que cuando escribiera y publicara mi primer libro iba a sentirme también como un padre y mis amigos se reían y me decían que no fuera idiota y yo me reía también porque era una idiotez que no estaba confirmada aunque diez años después no me quede ninguna duda de ella. 

No hablábamos de salir del país en esos babyshowers, supongo que la alegría de saber que todos esos bebés iba a llegar nos impedía hablar de otra cosa. Por esos días yo iba a esas reuniones con una novia que se emocionaba mucho cuando empezaban a abrir los regalos, suspiraba y decía que tan lindo y que tan hermoso, una y otra vez, como si se emocionara más que las mamás. Yo, que no había entendido que eso era una señal, me sorprendí cuando me dijo que ella quería ser mamá y que nosotros ya deberíamos irnos a vivir juntos. 

Dije que no podíamos hacer eso, que teníamos que conseguir los dos trabajos que nos permitieran hacer eso, trabajos en los que nos pagaran bien, como si eso fuera posible, dije también que yo no quería ser papá y esa parte resultó menos comprensible que lo del trabajo, ella dijo que no podía estar con alguien que no quisiera tener hijos porque ella quería una familia. 

No se nos acabó el noviazgo ahí mismo, la vaina siguió unos meses más, supongo que ella creía que yo podía cambiar de opinión y no sé como lo hizo, tal vez sea verdad que el que quiere puede, porque ella sí se salió de la empresa en que trabajaba y se encargó de la contaduría de una cadena de ferrerías en donde le pagaban el doble mientras que yo seguía en lo mismo ganándome lo mismo. Y como me hice el loco con lo de dejar mi casa para irme a vivir con ella y como seguí asegurando que no quería ser papá y pedí cita para una vasectomía, ese noviazgo se acabó. 

Un par de años después y no sé con qué propósito, esa muchacha me hizo llegar invitación a su matrimonio. No fui, a qué iba a ir. Ahora sé que ella tiene dos hijos y que parece muy feliz con su marido, que es odontólogo, cosa que confirma que yo siempre he sabido meterme con mujeres mucho más inteligentes que yo, mucho más hábiles y más talentosas. Una mujer que cambia a un bobo que quiere ser escritor por un odontólogo es una mujer brillante. Ahora, mientras ella es feliz con sus dos hijos, yo tengo dos libros que los que me avergüenzo y buscó publicar un tercero. 

lunes, 4 de septiembre de 2023

Irse, quedando -61

Catalina, una amiga mía graduada de una licenciatura en lenguas extranjeras, me dijo ayer que también se va, conoció a un tipo de Suecia con el que lleva varios meses hablando y se va con él, se lo topó en el trabajo y le gustó. 

Yo quise saber si un extranjero que se la pasaba metido en Onlyfans le generaba confianza y me preguntó que si yo le tenía confianza a ella y le dije que sí y quiso saber por qué, si ella se la pasaba metida en Onlyfans. Le dije que no era lo mismo y que no cabía la comparación, que ella estaba trabajando. 

Para Catalina era lo mismo, ella vendía contenido y al sueco eso no parecía molestarle y que él lo compraba y ella no le veía nada de raro. Que habían hablado mucho y parecía que las cosas entre ellos parecían funcionar. 

Catalina intentó como yo trabajar en colegios privados y se aburrió de los malos pagos. Un día como por joder le dio por abrir Onlyfans y empezó a vender contenido y para sorpresa de ella, que no para mí o para otra centena de hombres, le empezó a ir muy bien y a ganarse el doble y triple de lo que le pagaban por estar en un salón de clase. 

Me voy a vivir con él, no nos hemos visto nunca en persona, pero a mí me gusta. Me instaló en esa ciudad y si la situación se da me quedó por allá, yo acá no tengo a qué volver, ni quisiera volver. En caso de que no me vaya bien, de que todo sea una ilusión que desmorona en una semana me regreso, igual no voy a cerrar la cuenta y voy a seguir con el contenido, me dijo Catalina. 

Yo no sé cómo le irá a ir a Catalina, si las cosas van a salir bien o mal, lo que sí sé es que ella ya empezó a aligerar sus pertenencias y me regaló una docena de cedés de pop y rock que no se puede llevar porque el que se va piensa siempre en función del peso de la maleta. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...