jueves, 13 de julio de 2023

Irse, quedando - 12

Ya dije que soy un tipo de más de treinta años que vive con los papás y tiene un trabajo en el que no gana lo suficiente para vivir solo y sentirse por fin como un adulto dueño de su vida como la tradición humana del éxito lo exige. 

Por eso me temo que a partir de esa descripción es fácil imaginarme como un parásito, y aunque podría sacarlos de ese error, prefiero no hacerlo porque yo respeto el derecho de los otros a imaginar y no me voy a meter con eso.  

No es por parecer fantoche ni nada, es por darle matices a la situación, porque no siempre esto fue así, es mis veinte años me veía como un individuo prometedor, los profesores me quería como su monitor y los artículos me quedaban bien escritos, lo que se convirtió en un problema porque ahí fue cuando me dio por perseguir el sueño, ser un escritor, un novelista o un cuentista, nunca un poeta, aunque en el mundo de la escasez habitado por los poetas y las bacterias todavía puedo ser promesa, qué bochorno. 

miércoles, 12 de julio de 2023

Irse, quedando - 11

Nacho, no tenía hijos, o por lo menos hasta donde yo supe, no los tuvo. 

Estoy hablando de un tipo, sin familia alguna, menos aún creo que estuviera al tanto de lo que significaba cuidar a un niño o permanecer más de dos minutos interactuando con uno. 

Su compañía era una guitarra, se sentaba días enteros a tocar el instrumento o a estudiarlo porque tampoco es que esté elaborando el perfil de un intérprete excepcional enterrado en las montañas. 

Se sabía una que otra ranchera y también cantaba rondas infantiles. No sé por qué le gustaban, pero le salían muy bien, vi y oí a más de uno ir por la carretera, tarareando, arroz con leche, me quiero casar... 

Y también vi y oí a los jornaleros entre los cafetales pasar con velocidad de una rama a la otra, desprendiendo con prisa los granos sin dejar de tararear, y la iguana tomaba café, tomaba café a la hora del té. 

Resultaba bastante contagioso el canto de Nacho y en esos años era lo más parecido al fenómeno que hoy conocemos como viral, lo viral escenificado en un ambiente discriminado y controlado, diría mi amigo, el sociólogo que pinta casas y sigue buscando trabajo en el sector académico.

Algo que también le gustaba mucho a Nacho era jugar con el famoso dubi dubi que tanto le han admirado a Frank Sinatra. Dudo mucho que Nacho hubiera escuchado Extraños en la noche, o que estuviera enterado de la importancia que tuvo para la música que un señor hubiera podido transformar con tan notorio resultado una onomatopeya en esa fabulosa expresión lírica. Igual lo hacía, de manera desprevenida, tocaba la guitarra y hacía tara tara ra ra y así con otras combinaciones. 

Cuando Nacho vivía al bordo de la carretera, antes de haber decidido echarse su casa al hombre y vivir metros más abajo entre cafetales, nunca había cantado con el gusto con el que lo hacía, tal vez irse, aunque hubiera sido un poquito más abajo había significado para él algo que no podíamos entender los otros. 

martes, 11 de julio de 2023

Irse, quedando - 10

Tarde o temprano se aprenden cosas que le permiten a uno dejar de ser un bobo en un campo para ser un bobo en otros. Yo, por ejemplo, aprendí después de los treinta que esos hijos que para mí desde que pienso en la posibilidad de ser padre han sido un sinónimo de carga, para otros son justamente lo contrario, un motor que los impulsa, un motivo para mantenerse en pie. 

Irse, quedando -9

En medio de algunas conversaciones he oído a los solteros y a las parejas sin hijos decir que nada los detienen, que se pueden ir a otro país a la hora que sea y que llegado el momento crítico, el tan esperado desmoronamiento con el que la normalidad de este terruño amenaza, ellos pueden buscar la estabilidad en Europa o USA. Lo dicen con la confianza del que nunca se irá, del que no sabe lo que es irse. 

Pasa que los tipos y las tipas que seguimos sin hijos y presumimos de eso como nuestro único triunfo y compramos juguetes que no tuvimos de niños para poner estorbar sobre un armario o una biblioteca, vivimos convencidos de que tener un hijo es llevar un lastre que impide cualquier avance. Decimos que los niños le ponen fin a la libertad, como si estuviéramos haciendo algo destacable ahora que nos creemos libres. 

Si yo tuviera hijos, podría decir que no me decido a irme del país, porque no quiero someter a los niños a ese cambio, porque quiero evitarles la fatiga que implicaría para ellos que mi oportunidad se rebusque no salga bien. Pero no tengo hijos, y esa escusa queda para otros, o para ninguno, porque primero se fue mi cuñado y después mando la plata para que también se fuera mi hermana con sus dos hijos. 

Creo que en las próximas conversaciones en las que me vea metido mandaré a empacar las maletas a todo el que diga que se puede ir cuando le provoque.

lunes, 10 de julio de 2023

Irse, quedando - 8

Se van a ir. 

Nos vamos a ir. 

Llegará ese día en el que todos esos casi cuarentones vivamos por fin solos.

Claro que habrá gente sufriendo y amigos del papá chismoseando en los billares de barrio mientras se jactan de los logros de sus hijos, esos que sí se fueron de la casa cumplidos los dieciocho años. Logros que por lo regular tienen que ver con haber comprado un carro o una casa. 

Una que otra señora también presenta como logro que uno de sus vástagos se hubiera ido del país para mandarle de vez en cuando un billetico. Entre tanto, ahí vamos, irse de la casa de los papás, irse de la ciudad, irse del país, cada cual se va yendo tan lejos como sus posibilidades actuales lo permitan y su valentía los habilite.

Irse, quedando - 7

Me gustaría decir que soy un caso aislado, un extraño objeto de estudio, el único tipo de más de treinta años que no ha podido irse de la casa de sus papás, pero no es posible. 

Puede ser que me rodeo de un pequeño grupo de gente que no se debería dejar ni ver por ahí, es posible que seamos la muestra estadística menos conveniente para ilustrar el saludable desarrollo de una ciudad, quién sabe, el caso es que puedo señalar a varios que más o menos están en las mismas que yo. 

No voy a decir sus nombres porque tampoco es que haga falta hacerlo para poner en claro el asunto, con decir que son mis amigos es suficiente. 

Está el licenciado en lenguas que toca la guitarra, pero no trabaja de profesor en ningún colegio y funda bandas de rock que nacen muertas y se rebusca las monedas con clases particulares esporádicas. 

El Otro amigo que fue a Argentina y estudió sociología y volvió para pintar casas y sigue pasando hojas de vida mientras todo mejora y le sale algo en el campo académico, él tiene fe y su mamá debe tener más. 

Amigos y amigas que se casaron y se divorciaron sin alcanzar a celebrar el quinto aniversario, de esos tengo varios, y varios de esos volvieron a las casas de sus padres con los frutos del matrimonio. Convertir a las abuelas en niñeras no remuneradas es una de las pocas cosas que mi generación sabe hacer bien. 

También está el amigo sicólogo, que se piensa ir de la casa de los papás cuando el consultorio despegue, lleva tres años despegando. 

El amigo que es enfermero y no se va de la casa materna porque no ha encontrado una pieza barata y el artista plástico que sí se gana la vida como artista plástico, pero tiene el taller en la casa del papá que es el que le ayuda a vender los cuadros. 

Como digo, somos muchos, eso no da consuelo alguno, daría vergüenza, en caso de que supiéramos lo que eso es. 

viernes, 7 de julio de 2023

Irse, quedando - 6

Estoy convencido de que mi papá en sus treinta años soñaba con que su hijo mayor al llegar a esa edad tuviera ya una casa propia y una camioneta blanca, ojalá, Toyota, una vida resuelta como la de cualquier hombre verraco. Lo que queda demostrado es que los años pasan para decepcionar porque aquí estoy yo cerquita de la pensión, si me hubiera metido a la policía, viviendo todavía con él, andando en bicicleta y admirando a un tipo que tenía un pedazo de tierra y un día decidió echarse la casa al hombro porque se le antojó, con la diferencia de que yo soy flojo y no tengo casa para echarme al hombro y no me alcanza para pagar un arriendo. Un solo tipo puede generar un desencanto en dos señores muy diferentes, hoy yo podría bien ser un fiasco para mi papá y también un fiasco para Nacho. Dos por uno, como en rebaja.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...