Uno siempre puede saber cuánto hay de una ciudad a otra o del mapa de un país al mapa de otro, lo que no sabe uno es la distancia que hay entre su estado emocional actual y la alegría venidera tan deseada. Tan difícil es saberlo que a veces uno está en el estado ideal sin saberlo. Lo que importa es que igual uno persigue ilusiones y se apoya en la esperanza porque sobre ella se sostiene el mundo.
viernes, 7 de julio de 2023
Irse, quedando - 4
Antes del segundo o tercer trasteo de mi vida era un niño y vivía en una vereda del oriente de Caldas. Allá conocí a un señor que se llamaba Ignacio, era uno de los varios vecinos que teníamos. Vivía solo y callado, viejo excéntrico, dirían algunos. Lo llamaban Nacho.
De un momento a otro ese señor decidió que no quería vivir más al bordo de la carretera y agarró un martillo y desarmó su casa de madera y se la cargó tabla por tabla y viga por viga y guadua por guadua y hoja de zinc por hoja de zinc, doscientos o trescientos metros más abajo donde la volvió a armar sin la ayuda de nadie y sin dar explicaciones porque a nadie se las debía.
Los que lo vieron realizar esa operación durante el par de días que le tomó, comentaban que estaba loco y yo que era un niño repetí lo que decían esos otros y dije también que Nacho estaba loco. Años después me pareció que no, que Nacho estaba bien cuerdo. Incluso, sin proponérselo, me ayuda ahora a entender una que otra cosa.
jueves, 6 de julio de 2023
Irse, quedando - 3
Probar fortuna en otra parte y rebuscarse la comida vienen a ser la misma cosa. El que decide irse sabe a qué se va y sabe lo que deja. Eso que no se lleva habla por él, ilustra sus circunstancias.
Lo propio del desplazamiento es el trasteo y el que deja una casa para ir a ocupar otra monta sus chécheres en una carretilla, un camión o un jeep, se aprovecha hasta el más mínimo espacio, los trastos quedan a la vista y a veces hasta se arruinan.
El trasteo también posibilita el consenso, la gente está de acuerdo, no le gusta trastearse, no le gusta desarmar, empacar y volver a desempacar y volver a armar.
Partir al extranjero es un tránsito sin trasteo, la gente se va con su maleta y nada más. Desarmar para vender o regalar no es lo mismo que desarmar para llevar. Emigrar es dejar los chécheres todos.
Irse, quedando - 2
No creo que unas millas en avión o la resistencia necesaria para caminar durante horas como los migrantes venezolanos me vaya a dotar del carácter que ya no tuve, sin embargo, yo, como cualquier otro, veo los tutoriales de YouTube sobre lo que se debe tener en cuenta para salir del país.
Lo explican tan bien que hasta parece fácil irse. Con decir que hasta tengo pasaporte.
Lo que tiene que resultar muy complicado es la búsqueda de la palabra exacta que permitan construir un mensaje inverso, lo digo porque no hay tutoriales en torno a la permanencia. Ninguno en sus videos explica cómo se debe proceder para quedarse aquí.
Irse, quedando - 1
Tener la capacidad de identificar el momento justo para marcharse debe ser una cualidad más del individuo para prolongar la vida, o cuidar la misma.
Raúl no se despidió. Una tarde se tomó un café en mi casa y otra tarde publicó una foto en sus redes sociales desde un aeropuerto internacional.
Julia me dijo a mediados de abril que se iba a finales de mayo y luego se fue antes. Un fin de semana la convidé a montar en bicicleta y me dijo que estaba buscando apartamento en Madrid.
Mi cuñado me preguntó una noche, después de trotar un rato por la transversal, que cuál era mi opinión de irse a probar fortuna en el extranjero y le dije que a mí me daba miedo cruzar el charco, pero que si a él no le daba miedo entonces había que salir, igual poco tenía, nada iba a perder y al otro día compró el pasaje para Europa.
Yo, en cambio, sigo buscando en mis cualidades una que explique por qué sigo acá y cuándo es que me voy a marchar.
"Hago lo que puedo, pero puedo poco", dice la canción.
miércoles, 21 de junio de 2023
Ocurrencia #106 - de 100
Le hizo falta cantar en una banda de punk
gritar enloquecido desde un escenario
mandando al mundo a comer mierda
aplaudido por otros frustrados y aporreados y dañados
por la vida y los divorcios de sus papitos cuando eran niños.
Tenía que haber sido eso, vomitar el odio
desbordar en rabia
como no fue así y en lugar de cantante fue DJ
lo que sucedió fue el baile
y la fiesta local con volumen hiriente.
Así una cosa llevó a la otra y terminó
promocionando estilos de vida espirituales
con enseñanzas orientales malentendidas
en occidente y en el pueblo de indios donde
nació.
Ya van 30 años y sigue el malestar y la angustia
y la lucha por sentirse bien
ignorando a la ciencia porque todo es verdad
menos el sicoanálisis o la terapia
porque su dolor no está hecho para ser conocido
solo por uno
si no por todos
todos pueden aprender
de él y gritar que si se puede aunque
no se pueda.
viernes, 16 de junio de 2023
Ocurrencia #105 - de 100
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...

