jueves, 1 de junio de 2023

Ocurrencia 98 - de 100

Se lo digo sin afán de sembrarle el susto en el corazón, faltaba más que fuera esa mi intención, se trata de información y de dejárselo bien claro porque tal vez le venga luego la sorpresa de sopetón en cualquier invitación. 

Existen los fantasmas, amiga mía, están en todo menú o carta de restaurante o café. 

Es el nombre de ese plato que usted lee con antojo y luego le pide al mesero que le dice sin complejo que no lo tienen en el momento, pero de pronto luego y luego vuelve usted y lo pide de nuevo y le salen con lo mismo. El plato fantasma que a veces es la torta fantasma o el postre fantasma. 

Un nombre de preparación, según dicen exquisita, que siempre está en esa carta, pero que usted nunca ha visto, ni olido, y nos lo seguimos pidiendo querida amiga y nos siguen insistiendo en que existe, aunque no lo tengan en ese momento. 

Existen, amiga, los fantasmas de las cartas, las ánimas del menú, y cuando dicen, ellos están aquí, nos están hablando justo de los que no están, del plato que nunca hay. 









miércoles, 31 de mayo de 2023

Ocurrencia #97 - de 100

Dicen los que saben, porque lo han oído y así lo cuentan, que en ese viejo local donde por muchos años funcionó una discoteca todavía suena una canción, cuentan que sigue sonando, aunque el edificio lleve tanto tiempo en el abandono.

Sin importar la hora o el día el que usted se anime a cruzar entre la mugre y el nuevo orden de los que decidieron invadir los alrededores del predio, podrá oír la canción, aunque para ser por completo transparentes con el fenómeno, lo que se oye es más bien un eco de la canción. 

Para los académicos de provincia que se han dedicado a documentar el fenómeno resulta muy interesante que la canción o el eco de la misma se corresponda con un género como el de la electrónica, cuando en esa discoteca especializada en música antillana nunca se escuchó nada diferente. 

Algunos afirman incluso que la canción que se puede oír ni siquiera se había estrenado en la época en la que la discoteca funcionó y por eso el eco no se correspondería con el pasado del local. 

Hasta que se llegue a una explicación satisfactoria, la posibilidad de acercarse al lugar y oír esa canción que suena una y otra vez está al alcance de cualquier curioso. 









 

martes, 30 de mayo de 2023

Ocurrencia #96 - de 100

Un día se murió el escritor insigne de la provincia, un señor muy distinto al escritor de provincia, y creo que no hace falta aclarar la diferencia entre un viejo insigne y consagrado que se supo posesionar en la cima del éxito y un escritor de provincia que sigue intentando hacerse con un nombre sin dejar de ser un permanente escritor incipiente que ya no es más una joven promesa, pero que todavía sueña con tener una carrera prometedora. 

El entierro del escritor insigne fue multitudinario y los homenajes prolongados, sus ahijados en las letras, se rasgaron las vestiduras y recurrieron a todo tipo de performance que les permitiera enseñar su impostada pena y luego llegaron las penurias reales y los ahijados empezaron a perder sus lugares porque sin el escritor insigne para cuidarlos estaban a la deriva y así fue como el poeta de provincia no tuvo más su fácil trabajo en la universidad y perdió el control de ese sello editorial en el que pensaba publicar algunos textos del filósofo de provincia. 

Ahora el filósofo y otros cuantos huérfanos del escritor insigne buscan inventar un nuevo escritor insigne de provincia, una voz autorizada y fiable que pueda cultivar el lugar y mantener el orden en la provincia y parece que el poeta de provincia será el más indicado y su nuevo poemario se promociona con ahínco entre la gente.  











lunes, 29 de mayo de 2023

Ocurrencia #95 - de 100

En un bus de transporte intermunicipal, un par de niñas sentadas de tras de mí, jugaban animadas a jalarme el pelo y a reírse taimadas, mientras, un hombre calvo observaba la situación desde otra silla con cara de nostalgia. 







Ocurrencia #94 - de 100

Supongamos que usted vuelve un día a su pueblo de provincia para visitar a su sobrina que lleva meses sin ver.

Una tarde cualquiera la lleva al cine y justo antes de que la película empiece usted y ella se sientan a comerse un helado.

En ese momento pasó yo por ahí porque también voy para el cine, la veo desde lejos y a pesar de los años que pasaron, la identifico entre la multitud, porque para mí eso resulta fácil.

Entonces buscó acercarme y noto que usted también me ve y me doy cuenta de que mira a otro lado y se pone las gafas de sol. 

Intuyo que preferiría evitar el encuentro y entonces sigo de largo y no la incomodo y me llevo conmigo las ganas de abrazarla y de contarle un par de cosas y miro la película pensando en usted sin concentrarme. 

Al salir de la sala con uno que otro encuadre y tal vez algún trozo de los diálogos del protagonista en la mente, entiendo que sí, que estuvo mejor así, que hay cosas que no necesita usted, entre esas, un saludo mío después de tanto tiempo. 










viernes, 26 de mayo de 2023

Ocurrencia #93 - de 100

Me gustaría darle nombre a un jugo, agarrar una licuadora y echar en ella una fruta cualquiera de esas con las que llenan las carretas y se rebuscan los vendedores ambulantes en tiempo de cosecha, licuarla bien licuada y luego darle un nombre, ojalá un nombre que no tenga que ver con la fruta, conseguir algo similar a lo de ese coctel que se llama Cuba libre, que es ron con coca cola, pero no se llama ron con coca cola se llama Cuba libre, en caso de que alguien en este instante diciendo que soy un pendejo porque un coctel y un jugo no se pueden comparar y que el licor es dañino y que la coca cola también, tengo otro ejemplo, el guarapo, que es jugo de caña, pero no se llama jugo de caña, se llama guarapo. Algo así quiero conseguir yo, decir por ejemplo: me quiero tomar un mejor frío en lugar de decir, quiero un jugo de maracuyá y lulo. Parece un deseo simple, una de esas ilusiones que desaprobaría un vendedor humo, pero cada cual sueña o desea lo que puede. 









jueves, 25 de mayo de 2023

Ocurrencia #92 - de 100

El pueblo duerme y un hombre cruza la plaza con un gallo de pelea muerto, lo lleva envuelto en un poncho y espera arrojarlo al corral de los hambrientos y por siempre corrompidos, como una especie de ofrenda a la derrota. Luego reclamará un gallo de pelea nuevo y regresará para intentarlo de nuevo. Como siempre ha sido, como siempre será. 













 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...