jueves, 18 de mayo de 2023
Ocurrencia #84 - de 100
miércoles, 17 de mayo de 2023
Ocurrencia #83 - de 100
martes, 16 de mayo de 2023
Ocurrencia #82 - de 100
Ocurrencia #81 - de 100
Deje de ir al club de lectura.
Me cansé de los ciclistas con los que salía a montar en las mañanas.
Abandoné el grupo de oración de los martes.
Le perdí el gusto a los viernes de karaoke.
Me dio fastidio ese último trago de cerveza que me tome en el bar de siempre.
Me dormí en el cine.
Agoté mi creatividad para inventar excusas y es cada vez más difícil evitar a los amigos.
Ya no tengo qué decir y me pesa la idea de tener que escucharlos.
Ellos tampoco tienen que decir, de eso se darán cuenta en su momento.
lunes, 15 de mayo de 2023
Ocurrencia #80 - de 100
Leí hace meses un artículo en el que hablaban de las montañas de ropa usada en el desierto de Atacama.
Señalaban la problemática que es crisis ambiental y muestra clara de nuestra indiferencia con la emergencia global y los retos que tendremos que asumir para salvar el hogar común.
Entregaban muchas cifras y con una de esas tantas demostraban que la industria textil es responsable de más del 20% de la contaminación del agua.
También enunciaban la importancia y la diferencia que hará el comercio circular, que en la práctica es vestirnos con la ropa que desechó otro, aunque también hablaron de algo así como la moda rápida y de evitarla.
Muchas palabras de introducción para llegar a lo que me pasó al leer esa información porque en lugar de querer salvar el mundo, pensé que la montaña de ropa que seguro ya no importa es también una montaña de recuerdos. Una montaña de recuerdos en un desierto.
Tal vez ese pantalón verde oliva que tenía ella esa tarde en la que salimos a montar en bicicleta y nos besamos junto a puente mientras discutíamos si debíamos seguir o ya estaba bien devolvernos esté en una montaña de esas.
Y la falda blanca tan corta que se ponía con unos tenis converse, y los cacheteros rojos con una mariposa estampada al frente, y esa blusa azul tan ceñida adornada con pequeñas florecitas que tenía puesta el día que nos encontramos en una muestra de fotografía en el parque, también estén todavía en una montaña de esas.
El problema, según el artículo, es que mucha de esa ropa está hecha con poliéster que es un derivado del petróleo y por eso tarda cientos de años en descomponerse y entonces yo me voy a morir y se van a morir muchas otras generaciones más y esa camiseta roja manga sisa de letras amarillas qué no sé qué decían seguirá estando en una montaña de esas como si nada. Cómo si no hubiera cubierto en algún momento la suavidad de ella y como si no hubieran vivido en mi cabeza.
Ocurrencia #79 - de 100
Resulta que soy incapaz de ignorar los afiches o carteles que pegan en las puertas de las casas y locales.
Debo saber qué dicen y no puedo seguir el camino sin acercarme para leer esa información.
Afortunados esos que ven muy bien desde lejos, ojalá los años les guarden esa visión.
La semana pasada en la puerta de un gimnasio había pegado un octavo de cartulina que decía: "cerrado hasta el próximo lunes, instructora agripada".
Ayer en una puerta cercana a mi casa leí en una hoja de blog tamaño oficio: "los mejores frijoles con garra de este pueblo, encargue los suyos". Apunté el número porque uno no sabe cuando haga falta.
También vi otro afiche en una esquina del centro que decía: "nos cambiamos de local, ahora nos puede encontrar dos cuadras más arriba".
Luego, ese mismo día, vi otro papel pegado en una ventana que decía: "evite el ruido, estamos cuidando a mi papá que está peleándose con un cáncer".
En otra parte vi un cartón con forma de guitarra que decía: "se busca guitarrista". Ese número no lo apunté porque yo no tocó guitarra y no conozco a ninguno que toque.
Tampoco es que por ir leyendo carteles la ciudad me diga más de lo que le dice a otros, ni que un día voy a encontrar un tesoro o algo parecido, es solo que no consigo ignorar esos afiches y que al parecer leerlos no me hace mal.
viernes, 12 de mayo de 2023
Ocurrencia #78 - de 100
Hay contenida en la acción de buscar o solicitar sal una lucidez y un deseo por el balance. El comensal se sienta a la mesa; habrá alguno que se santigüe antes de tomar la cuchara para llevarla del plato a la boca, y otros que no lo hagan. Hasta donde se sabe, el plato humeante no hace diferencia entre uno u otro. El comensal saborea con inquietud, y busca en la mesa el salero sin verlo. Entonces lo hace, solícita la sal. No la pediría si no la necesitara. Con el salero a su disposición, el comensal agrega un poco de sal al plato y prueba de nuevo y le gusta como queda, deja el salero al lado y disfruta lo que come. Tiene la sal a la vista, pero ya no la usa más. Nadie pide sal para agregarla a su plato y renunciar después a él porque quedó muy salado. La sal se quiere para lo que es y no permite el exceso y nadie toma más sal de la que necesita.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...






