jueves, 18 de mayo de 2023

Ocurrencia #84 - de 100

Con una cucaracha muerta dentro un círculo dibujado con tiza china edificamos nuestro altar. 
Un día te comiste la cucaracha y el círculo quedó vacío y te fuiste y me fui. 









miércoles, 17 de mayo de 2023

Ocurrencia #83 - de 100

El año pasado vi una ilustración de Simón el bobito en una librería. En ella un muchacho de sombrero apachurrado y pantalón arrugado y remendado está sentado al frente de un balde sosteniendo una improvisada caña de pescar 
No existe la posibilidad de que simoncito obtenga su pescado y aunque eso es chistoso, no fue lo que me llamó la atención, lo curioso para mí fue el impuso que me llevó a imitarlo y la necesidad que sentí de verme así. 
Corrí a mi casa y saqué un balde lleno agua al patio, agarré mi caña de pescar improvisada para acomodarme al frente con mi sombrero también apachurrado. 
Pasé ahí las horas, sentado, sentado y mentiría, si dijera que durante ese tiempo pensé en el poema o en Rafael Pombo, en realidad no pensé mucho y creo que pescar como Simón el bobito debe ser la forma sustancial de la meditación. 







martes, 16 de mayo de 2023

Ocurrencia #82 - de 100

Un tipo chaparro con la camiseta pegada a la barriga se encontró una vasija de esas mágicas en las que duermen los genios para ahorrarse lo del arriendo y sacarle el culo al los impuestos.

La frotó así como dicen en los cuentos que se frotan las vasijas con genio y aunque se hizo esperar el genio terminó apareciendo. 

Dijo lo que suelen decir los genios que llevan mucho tiempo en su vasija, que él era un genio muy propio y de los más chimba, que había su tenido origen en Marruecos y que con los barcos y la globalización y los saqueos había terminado en el continente americano, lo dijo usando otro tipo de palabras, pero el que me echó el cuento a mí me lo contó así, entonces no me vaya a venir con el sonsonete de que los genios no hablan así, porque yo nunca he hablado con ninguno y me limito a compartir con otros la historia y ya no más.

Entonces el genio le dijo al chaparro que por haberlo liberado de esa terrible prisión que había sido la vasija, porque todos los genios posan de prisioneros y víctimas para negar con tranquilidad la fortuna que poseen y hacer del mundo su gran paraíso fiscal, que le iba a conceder un deseo, el deseo que se le ocurriera. 

El chaparro se jaló la camiseta como para despegársela de la barriga sudorosa y le puso su freno al genio, que cómo así que un solo deseo si en el cuento que él había leído habían sido tres deseos y que cualquiera en cualquier parte al que se arrimara a preguntarle iba a responder lo mismo, que eran tres deseos. 

El genio que se acariciaba su cabeza calva como si le resultara muy agradable al tacto le explicó al chaparro que el sindicato de genios se había reunido para examinar lo inviable de los tres deseos en el siglo XXI, la humanidad había transformado al mundo en los últimos 6000 años y ahora con un deseo era más que suficiente, eso teniendo en cuenta que los deseos era nada más que una cortesía, un genio que sale de una vasija después de que la froten no le tiene que cumplir un deseo a nadie, se podría ir tranquilamente para cualquier parte y a vivir como le plazca, el requisito de servir al que encuentra la vasija como si fuera un amo también hacía parte de un tiempo lejano en el que no existía la internet. 

La camiseta se le podía pegar de la barriga y el sudor podía empaparla toda, pero el chaparro no tenía la decisión ni pegada ni mojada y previendo una situación en la que por no plantear rápido su deseo el genio se echara a perder, le dio las gracias al genio por ese único deseo y le dijo que le diera un momentito lo pensaba bien, el genio no tuvo problema y sin molestar al chaparro en su reflexión agarró la vasija y la estrelló contra el piso. El chaparro se giró asustado sin entender la acción y el genio le explicó que ese era el protocolo, romper la vasija. 

Me dijeron que pasados unos cuantos minutos el chaparro le explicó al genio que él en ese momento no estaba necesitando nada, que si su deseo podía ser tener una vasija con genio guardada en la casa para cuando necesitara algo. El genio refunfuñó, nunca le habían salido con un deseo de esos, tal vez estaba pasando mucho tiempo encerrado en esas vasijas, cada que volvía se encontraba con gente más rara. El genio le dijo al chaparro que no le iba a responder, que dijera cuál era su deseo, el que fuera y él lo realizaría. Entonces el chaparro anuncio que su deseo era ese, tener una vasija con genio para usar ese deseo cuando de verdad lo necesitara. El genio se puso las manos en la frente y antes de cumplir el deseo le informó que en la nueva vasija se iba a encontrar con un genio muy distinto a él, que tuviera cuidado y dicho eso se esfumó.  En el suelo quedó una nueva vasija que el chaparro abrazó contento contra su barriga. 










Ocurrencia #81 - de 100

Deje de ir al club de lectura. 

Me cansé de los ciclistas con los que salía a montar en las mañanas.

Abandoné el grupo de oración de los martes. 

Le perdí el gusto a los viernes de karaoke. 

Me dio fastidio ese último trago de cerveza que me tome en el bar de siempre. 

Me dormí en el cine. 

Agoté mi creatividad para inventar excusas y es cada vez más difícil evitar a los amigos. 

Ya no tengo qué decir y me pesa la idea de tener que escucharlos. 

Ellos tampoco tienen que decir, de eso se darán cuenta en su momento. 







 



lunes, 15 de mayo de 2023

Ocurrencia #80 - de 100

Leí hace meses un artículo en el que hablaban de las montañas de ropa usada en el desierto de Atacama. 

Señalaban la problemática que es crisis ambiental y muestra clara de nuestra indiferencia con la emergencia global y los retos que tendremos que asumir para salvar el hogar común. 

Entregaban muchas cifras y con una de esas tantas demostraban que la industria textil es responsable de más del 20% de la contaminación del agua. 

También enunciaban la importancia y la diferencia que hará el comercio circular, que en la práctica es vestirnos con la ropa que desechó otro, aunque también hablaron de algo así como la moda rápida y de evitarla. 

Muchas palabras de introducción para llegar a lo que me pasó al leer esa información porque en lugar de querer salvar el mundo, pensé que la montaña de ropa que seguro ya no importa es también una montaña de recuerdos. Una montaña de recuerdos en un desierto. 

Tal vez ese pantalón verde oliva que tenía ella esa tarde en la que salimos a montar en bicicleta y nos besamos junto a puente mientras discutíamos si debíamos seguir o ya estaba bien devolvernos esté en una montaña de esas. 

Y la falda blanca tan corta que se ponía con unos tenis converse, y los cacheteros rojos con una mariposa estampada al frente, y esa blusa azul tan ceñida adornada con pequeñas florecitas que tenía puesta el día que nos encontramos en una muestra de fotografía en el parque, también estén todavía en una montaña de esas. 

El problema, según el artículo, es que mucha de esa ropa está hecha con poliéster que es un derivado del petróleo y por eso tarda cientos de años en descomponerse y entonces yo me voy a morir y se van a morir muchas otras generaciones más y esa camiseta roja manga sisa de letras amarillas qué no sé qué decían seguirá estando en una montaña de esas como si nada. Cómo si no hubiera cubierto en algún momento la suavidad de ella y como si no hubieran vivido en mi cabeza.







 


Ocurrencia #79 - de 100

Resulta que soy incapaz de ignorar los afiches o carteles que pegan en las puertas de las casas y locales. 

Debo saber qué dicen y no puedo seguir el camino sin acercarme para leer esa información. 

Afortunados esos que ven muy bien desde lejos, ojalá los años les guarden esa visión.

La semana pasada en la puerta de un gimnasio había pegado un octavo de cartulina que decía: "cerrado hasta el próximo lunes, instructora agripada". 

Ayer en una puerta cercana a mi casa leí en una hoja de blog tamaño oficio: "los mejores frijoles con garra de este pueblo, encargue los suyos". Apunté el número porque uno no sabe cuando haga falta. 

También vi otro afiche en una esquina del centro que decía: "nos cambiamos de local, ahora nos puede encontrar dos cuadras más arriba". 

Luego, ese mismo día, vi otro papel pegado en una ventana que decía: "evite el ruido, estamos cuidando a mi papá que está peleándose con un cáncer". 

En otra parte vi un cartón con forma de guitarra que decía: "se busca guitarrista". Ese número no lo apunté porque yo no tocó guitarra y no conozco a ninguno que toque. 

Tampoco es que por ir leyendo carteles la ciudad me diga más de lo que le dice a otros, ni que un día voy a encontrar un tesoro o algo parecido, es solo que no consigo ignorar esos afiches y que al parecer leerlos no me hace mal. 








 



viernes, 12 de mayo de 2023

Ocurrencia #78 - de 100

Hay contenida en la acción de buscar o solicitar sal una lucidez y un deseo por el balance. El comensal se sienta a la mesa; habrá alguno que se santigüe antes de tomar la cuchara para llevarla del plato a la boca, y otros que no lo hagan.  Hasta donde se sabe, el plato humeante no hace diferencia entre uno u otro. El comensal saborea con inquietud, y busca en la mesa el salero sin verlo. Entonces lo hace, solícita la sal. No la pediría si no la necesitara.  Con el salero a su disposición, el comensal agrega un poco de sal al plato y prueba de nuevo y le gusta como queda, deja el salero al lado y disfruta lo que come. Tiene la sal a la vista, pero ya no la usa más. Nadie pide sal para agregarla a su plato y renunciar después a él porque quedó muy salado. La sal se quiere para lo que es y no permite el exceso y nadie toma más sal de la que necesita. 










Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...