sábado, 22 de septiembre de 2018

Marcos


La señora uno dice que su hija es un juicio de mujer, en vez parrandera le resultó deportista y madruga todos los días a entrenar, es estricta con las rutinas, disciplinada como ninguna. La señora dos dice que su hijo en cambio es parrandero y bebedor pero también va al gimnasio todos los días. La señora uno dice que el novio de la hija también es deportista y la señora dos le responde que debe ser así, para que en una pareja se entiendan tienen que compartir gustos, en ese caso preciso, poder entrenar juntos. La señora uno dice que ella nunca fue buena para ningún deporte y que nunca le gusto hacer ejercicio y que cuando estaba con Mauricio siempre lo acompañaba a entrenar. La señora dos muestra interés y quiere que su interlocutora le explique mejor. La señora uno le dice que Mauricio salía todas las noches a hacer calistenia en el parque y ella se ponía sudadera y tenis y se iba con él a sentarse en una piedra grande a verlo entrenar. Bueno y usted no se aburría mucho, pregunta la señora dos. La señora uno dice que sí que a veces, pero era que tenía una vecina una muchachita brincona que se la pasaba detrás de Mauricio y mantenía pendiente de él y cada que lo veía salir al parque salía también dizque a entrenar, entonces yo me atravesaba allá pa dañarle el plan la pelada. La señora dos se ríe y ahí una muestra de complicidad en su expresión. Marcos que ha estado sentado ahí desde el principio oyente la conversación de las señoras aunque no haga parte de ella, no se aguanta y le pregunta a la señora uno por Mauricio. La señora uno que conoce Marcos porque lo ha visto varias veces en la tienda lo mira con cierta molestia pero no duda en responder que no sabe nada de él, que prefiere evitarlo, mi hija si mantiene en contacto con él. Marcos se queda mirándola como si esperara algo más pero la señora uno no dice nada más y sale de la tienda, la señora dos hace lo mismo. Usted qué cree vecino, será que el Mauricio dejó a esta señora por la brincona del parque. El tendero le dice que no sabe cómo si no le interesara el tema y Marcos se va para la casa lamentándose por la falta que hace tener con quien hablar.  

Marcos


Póngase a pensar en el señor de los cocos, estacionado en esa esquina todos los días a esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa; a qué temperatura será que hierven las neuronas. Parece más por una creencia en algo superior, el dogma de una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí, como cumpliendo un rol, porque yo no veo a nadie comprando.

La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos putea el tinto que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan tibio; lo prefiere caliente aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con los que sostiene el vaso. Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica que uso el primer fritador de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a partir de la instrucción simple de un fritador de cocos con experiencia. Marcos dice que no le gusta el coco frito y que los vendedores de coco lo tienen sin cuidado.  

Además la discusión no es sobre la técnica que usan para fritar el coco sino de la estrategia de comercialización del coco frito que aplican, hasta que no veamos a un tipo en una película de Hollywood comiendo coco frito con la misma gracia con la que se mete un pericazo no nos van a dar ganas de coco frito.

Marcos mira al tipo que acaba de decir eso, es amigo de su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí sentado con ellos porque no lo vio llegar. Hollywood aguanta como argumento para cualquier cosa, dice Marcos. La amiga de Marcos sabe que viene, conoce las palabras que vendrán después de ese comentario y prefiere hablar de otra cosa para evitar la discusión pasivo agresiva que están a punto de protagonizar Marcos y su amigo.

La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es el mismo desde que la abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo por qué siguen comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que quedarles distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una bolsita de coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el tipo se mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco y lo comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos les dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito y él prefiere no hacerlo.


viernes, 21 de septiembre de 2018

Marcos

Mejor no le cuento, eso que se lo cuente su mamá mejor, le dijo Marcos a su hermana. No pues es que no. Según ella toda la herramienta de la casa se ha perdido porque yo se la ando prestando a cualquiera, y me mandó dizque a reclamarle un destornillador de estría a doña Carmen. Debe ser la primera vez que usted reclama alguna herramienta en lo que lleva de vida, dijo la herma de Marcos. Reclamar, óiganla a usted; qué iba ir yo por allá a reclamar nada, menos ahora que la hija de doña Carmen volvió de Londres, no la quiero ni ver. Le da vergüenza que lo vea detenido en la misma vagancia en la que estaba cuando ella se fue. Claro y que me pregunte que yo para qué herramientas si no hago nada. Pues claro que no es por eso, es porque, es por otros temas, por cosas que nos dijimos antes de que se fuera. Bueno el caso es que yo no fui a reclamar nada y lo que hice fue comprar un juego nuevo de herramientas y listo mamá la vio, se enojó y casi me pega. Yo no sé por qué a ella no le gustan mis soluciones. Entonces por eso se vino para acá, para no pelear con ella, preguntó la hermana de Marcos. No, por eso no, es que mamá después de ver la caja de herramientas y cuando se le paso la ira invitó a la hija de doña Carmen a comer y llego y entro a la casa cuando la veo ahí en la sala, saludé y dije que se me había olvidado algo que ya regresaba y listo me vine para acá. Raro que se ponga usted en tantas vueltas solo para no encontrarse a alguien, dijo la hermana de Marcos. Rara se va poner su mamá buscando la manera de mantener a esa mujer cerca solo para impedir que yo la evite.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Marcos


No, Marcos no sabe, no, para él va ser una sorpresa, pues él dice que no le gustan pero eso es puro cuento de él pa dárselas de importante; la sorpresas le gustan a todo el mundo. La mamá de Marcos cuelga el teléfono y le dice a la hermana de Marcos que todo está cuadrado. No va a ser una fiesta, ni una comida grande, va ser algo pequeño con la familia no más, bueno y uno que otro amigo de él. La hermana dice que con los amigos de Marcos nada es pequeño, ellos siempre cargan trago y llaman a más gente y luego nadie es capaz de sacarlos de la casa, ni Marcos. No importa mija, ya todo está organizado a demás para eso están sus tíos, ellos nos ayudan y como le digo, eso invitamos a uno que otro amigo no más Los cumpleaños de Marcos no se celebran porque a él no le gusta que la familia le pregunte por el trabajo que no tiene o la esposa que ya debería tener, no le gusta dar explicaciones sobre la vida que lleva y menos oír al abuelo decir que el pelo largo es de maricas. Media hora después de llegar a la casa y encontrarla llena de gente que quiere cantar cumpleaños feliz Marcos empieza tener el problema invariable con la esposa gorda de su tío que siempre se le come el dulce de guayaba. Marcos le dice a su mamá que no le gustan las sorpresas ni las fiestas y la mamá le dice que a ella le parece que lo que al él no le gusta es la familia. Marcos no responde pero la mamá que lo mira inquisitiva sabe cuál sería la respuesta si le diera por hablar.  

martes, 11 de septiembre de 2018

Marcos



Era una noche oscura y tenebrosa estaban lloviendo truenos y el sobrino de Marcos seguía en su casa esperando a que escampara para ir al parque, su tío le había dicho que le iba a gastar un helado de coco. Eso fue lo que el sobrino de Marcos escribió en el cuaderno de español, la profesora les dijo que llevaran un cuento donde apareciera la familia.

Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas no vendían helado de coco y el sobrino dijo que entonces quería uno de vainilla y Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían helados de vainilla.

El sobrino de Marcos buscó un borrador y en donde decía helado de coco escribió plátano asado con queso. Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían plátano asado con queso. El sobrino de marcos volvió a borrar y en donde decía plátano asado con queso escribió arepa con pollo y salda rosada. Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas tampoco vendían arepa con pollo y salsa rosada.

El sobrino de Marcos le dijo a su tío que la hoja le iba a quedar muy fea de tanto borrar y que la profesora le iba a poner un cero. Marcos le dijo a su sobrino que los profesores no podían poner un cero por haber borrado muchas veces.

El sobrino de Marcos volvió a leer lo que había escrito en el cuaderno agarró otra vez el borrador y en donde decía noche oscura y tenebrosa escribió noche estrellada de luna llena y en donde decía que estaban lloviendo truenos escribió que estaba haciendo un viento fresco, luego se lo mostró a su tío.

Marcos leyó lo que había escrito el niño y le dijo que en las noches estrelladas de luna llena si vendían de todo eso en el parque. El sobrino de Marcos le dijo que él quería, un helado de coco y uno de vainilla y un plátano asado con queso y una arepa con pollo y salsa rosada. Marcos le dijo que si se comía todo eso el cuento iba a terminar muy cagado y el sobrino de Marcos le dijo que no importaba.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Marcos


Marcos le dice a su amiga por teléfono que lo único que supo hacer el domingo en todo el día fue quemarse la jeta con un arroz con leche caliente que hizo la mamá para atenderle la visita a unas tías que la visitaron. La amiga de Marcos le dice que ella en cambio vio a un partido de fútbol del hijo, peleó con el papá del pelaito porque se hace el marica con la plata la mensualidad del colegio, se comió un sancocho de pescao que hizo la abuela y durmió toda la tarde. Marcos le dice que dormir toda la tarde del domingo es usar bien el domingo. La amiga de Marcos le pregunta qué si quedó arroz con leche y Marcos le dice que no sabe porque las tías siguen echando cuento en la cocina y él no piensa salir del cuarto hasta que ellas se vayan. Entonces qué vamos a hacer, pregunta ella. Pues raspar la olla cuando se vayan las tías, dice Marcos. Así es él, un romántico. 

lunes, 13 de agosto de 2018

Marcos


Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida y el evento pendiente en medio. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...