No,
Marcos no sabe, no, para él va ser una sorpresa, pues él dice que no le gustan pero
eso es puro cuento de él pa dárselas de importante; la sorpresas le gustan a
todo el mundo. La mamá de Marcos cuelga el teléfono y le dice a la hermana de
Marcos que todo está cuadrado. No va a ser una fiesta, ni una comida grande, va
ser algo pequeño con la familia no más, bueno y uno que otro amigo de él. La
hermana dice que con los amigos de Marcos nada es pequeño, ellos siempre cargan
trago y llaman a más gente y luego nadie es capaz de sacarlos de la casa, ni
Marcos. No importa mija, ya todo está organizado a demás para eso están sus
tíos, ellos nos ayudan y como le digo, eso invitamos a uno que otro amigo no más Los cumpleaños de Marcos no se celebran porque a él no le gusta que la familia
le pregunte por el trabajo que no tiene o la esposa que ya debería tener, no le
gusta dar explicaciones sobre la vida que lleva y menos oír al abuelo decir que
el pelo largo es de maricas. Media hora después de llegar a la casa y
encontrarla llena de gente que quiere cantar cumpleaños feliz Marcos empieza
tener el problema invariable con la esposa gorda de su tío que siempre se le
come el dulce de guayaba. Marcos le dice a su mamá que no le gustan las
sorpresas ni las fiestas y la mamá le dice que a ella le parece que lo que al
él no le gusta es la familia. Marcos no responde pero la mamá que lo mira inquisitiva
sabe cuál sería la respuesta si le diera por hablar.
lunes, 17 de septiembre de 2018
martes, 11 de septiembre de 2018
Marcos
Era una noche oscura y tenebrosa estaban lloviendo truenos
y el sobrino de Marcos seguía en su casa esperando a que escampara para ir al
parque, su tío le había dicho que le iba a gastar un helado de coco. Eso fue lo
que el sobrino de Marcos escribió en el cuaderno de español, la profesora les
dijo que llevaran un cuento donde apareciera la familia.
Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas
no vendían helado de coco y el sobrino dijo que entonces quería uno de vainilla
y Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían helados de
vainilla.
El sobrino de Marcos buscó un borrador y en donde decía
helado de coco escribió plátano asado con queso. Marcos le dijo que en las
noches lluviosas tampoco vendían plátano asado con queso. El sobrino de marcos volvió
a borrar y en donde decía plátano asado con queso escribió arepa con pollo y
salda rosada. Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas tampoco vendían
arepa con pollo y salsa rosada.
El sobrino de Marcos le dijo a su tío que la hoja le iba
a quedar muy fea de tanto borrar y que la profesora le iba a poner un cero. Marcos
le dijo a su sobrino que los profesores no podían poner un cero por haber
borrado muchas veces.
El sobrino de Marcos volvió a leer lo que había escrito
en el cuaderno agarró otra vez el borrador y en donde decía noche oscura y
tenebrosa escribió noche estrellada de luna llena y en donde decía que estaban
lloviendo truenos escribió que estaba haciendo un viento fresco, luego se lo
mostró a su tío.
Marcos leyó lo que había escrito el niño y le dijo que en
las noches estrelladas de luna llena si vendían de todo eso en el parque. El sobrino
de Marcos le dijo que él quería, un helado de coco y uno de vainilla y un plátano
asado con queso y una arepa con pollo y salsa rosada. Marcos le dijo que si se
comía todo eso el cuento iba a terminar muy cagado y el sobrino de Marcos le
dijo que no importaba.
lunes, 10 de septiembre de 2018
Marcos
Marcos le dice a su amiga por teléfono que lo único que supo hacer el
domingo en todo el día fue quemarse la jeta con un arroz con leche caliente que
hizo la mamá para atenderle la visita a unas tías que la visitaron. La amiga de
Marcos le dice que ella en cambio vio a un partido de fútbol del hijo, peleó
con el papá del pelaito porque se hace el marica con la plata la mensualidad
del colegio, se comió un sancocho de pescao que hizo la abuela y durmió toda la
tarde. Marcos le dice que dormir toda la tarde del domingo es usar bien el
domingo. La amiga de Marcos le pregunta qué si quedó arroz con leche y Marcos
le dice que no sabe porque las tías siguen echando cuento en la cocina y él no piensa
salir del cuarto hasta que ellas se vayan. Entonces qué vamos a hacer, pregunta
ella. Pues raspar la olla cuando se vayan las tías, dice Marcos. Así es él, un romántico.
lunes, 13 de agosto de 2018
Marcos
Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros
menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos
cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se
orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que
tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que
seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza
digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en
la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una
moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo
fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin
ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a
ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder
monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros
cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras
rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando
la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida
y el evento pendiente en medio.
martes, 31 de julio de 2018
Marcos
Marcos ya no compra chocolates. La última vez que compró
una caja estuvo media hora en el supermercado mirando los estantes en un pasillo
que ese día estaba tan vacío como el pasillo donde están las cervezas sin
alcohol. Su cuñado sostiene una caja de chocolates Lindor en la mano, dice que
se la regaló el jefe porque él no se los puede comer, lo mata la diabetes si lo
hace. Marcos le dice que si fuera un jefe responsable se los hubiera comido. Seguro
el que se los regaló pensó lo mismo, dice el cuñado de Marcos. Si usted está
pensado lo mismo y por eso se los trajo a mi mamá sepa de una vez que ella no
tiene diabetes, dice Marcos, el cuñado se ríe y deja la caja sobre la mesita de
centro. La sala se ve distinta y el cuñado lo nota. Y esa foto qué, pregunta,
de dónde salió. Marcos le dice que no sabe, que la mamá estuvo un tiempo buscándola
pero no sabe dónde la encontró o quién la tenía, ayer apareció con ese cuadro y
primero dijo que lo iba a colgar en el cuarto de ella y luego que no que en la
sala quedaba mejor, que ahí arriba del sofá y listo la colgó ahí, yo no le
ayudé porque yo pa clavar puntillas no sirvo. Su papá era un man bien pinta, de
malas usted que no le sacó nada al viejo, dice el cuñado. Marcos no tiene
reacción alguna para el cometario, se sienta al lado de su cuñado y mira la
caja, la detalla con la misma atención que su mamá pasando las páginas de los álbumes
de fotos familiares. Ábralos y no los comemos mientras vemos el partido, dice
el cuñado. Marcos intenta abrir la caja y la deja caer al piso; la última vez que
Marcos compró una caja de chocolates agarró la primera del estante y se cayeron
todas las que estaban detrás, tuvo que venir un empleado del supermercado a
ayudarle a recoger. Cuando Marcos salió su papá ya no estaba esperándolo, la ambulancia ya se iba y un vigilante le dijo que el
señor se había enfermado, le dio como un infarto, le dijo. No Marcos mijo, pero
ni que abrir una caja de chocolates fuera tan complicado como clavar una
puntilla, dice el cuñado riéndose mientras agarrando la caja.
lunes, 30 de julio de 2018
Marcos
Pero a usted qué le pasó mi señora, le pregunta Marcos a
la señora del apartamento del cuarto piso cuando se la encuentra subiendo las
escaleras. Ella tiene la mano izquierda enyesada y apenas se le alcanzan a ver
dos dedos con las uñas pintadas de un rojo que combina perfecto con el blanco
del yeso que es el mismo de las baldosas siempre bien barridas de las escaleras
del edificio. La señora lleva dos semanas respondiéndole a Marcos la misma
pregunta; le ha dicho que se cayó por las escaleras, que la tumbó un caballo,
que le robaron la cartera, que la atropelló una moto, que se enredó cogiendo
zapotes porque la rama estaba muy alta. Marcos va al edificio a regar las matas
y a darle de comer al gato de un amigo que tuvo que hacer un viaje de trabajo. La
señora le dice a Marcos que no es una fractura sino una operación que se hizo
para tener por fin un brazo robótico. Marcos la mira dudoso y con la voz de
estupefacto que no tiene le dice a la señora que le parece buenísimo, yo con
plata también me haría poner una cosa de esas también. La señora le sonríe como le sonríe
a los descarados y sigue bajando. En el apartamento Marcos le cuenta al gato que
hoy la señora casi lo convence, pero mañana le vuelvo a preguntar porque de
pronto sale con una mejor.
viernes, 27 de julio de 2018
Marcos
El vecino pregunta por la hermana de Marcos cuando lo ve
venir con su sobrino de la mano. El niño dice que la mamá salió a montar en
bicicleta con unas amigas y que el tío lo llevó a comer helado. El vecino dice
que él también va a empezar a montar en bicicleta pero el año entrante, porque
uno se tiene que mover, hacer ejercicio es bueno; el vecino habla rascándose la
barriga como si fuera un raspa y gana. Pero
por qué se va a esperar hasta el otro año vecino, le pregunta Marcos. Pues mijo
porque yo no sé si usted sabe pero como a mí la mujer se me fue y me dejó y se
llevó todas las cosas, entonces yo no puedo sacar tiempo ahora pa el ejercicio
porque me toca es trabajar pa comprar otra vez el televisorcito y la neverita y
la camita y las poltronitas y luego si pues ya se puede uno relajar. De todos
modos hay que tener todas las cositas pa cuando uno se consiga otra mujer; que
llegué a la casa y encuentre todo ahí listo que no sea sino llegar a cocinar y
voliar clavo así como hice con la que se fue. Oiga vecino y por qué se fue pues
su mujer, preguntó Marcos. Hombre vecino, como que se aburrió la vieja, yo no sé,
eso terminó unos cursos que le pagué y se fue, se fue hermano. Marcos le grita a
su sobrino que vuelva que ya se van a entrar y el niño se despide de los otros
niños de la cuadra y vuelve corriendo. Bueno vecino pues ahí se le puede unir
entonces a mi hermana y a las amigas de ella, varias son solteras, le dice
Marcos, el problema es que les aguante el ritmo. Un aguanta mucha cosa vecino,
mucha cosa.
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