domingo, 27 de agosto de 2017

Villa T- Pelos

Los pasillos del centro para el recuerdo de Villa T estaban vacíos. La última película de Los barbados sin rostro se estrenaba en las salas de cine de toda la ciudad y nadie se quería perder la aventura final de los héroes de moda. Colgados en las paredes de los pasillos vacíos están los cuadros y más cuadros de hombres y mujeres con abundante pelo, algunos barones tienen espesos bigotes y largas barbas negras, blancas, canas, rubias, y rojas. Desde los tiempos de Jesús Cristo hombre de larga melena y pocas afeitadas hasta la época en la que Fidel Castro y su barba seguían vivos existieron muchas personas ilustres dignas de admirar por sus aportes al avance de la humanidad que lucían particulares peinados, son sus rostros y su pelo lo que puede apreciar con fascinación el visitante del centro para el recuerdo.

Después del 2030 por un motivo que será descubierto después de unos cuantos años las personas de villa T empezaron a perder el pelo de manera definitiva. Cuando los jóvenes y adultos vieron como sus cabezas iban quedando peladas pensaron que se trataba de un virus que se podría controlar pero al notar que los recién nacidos también llegaban calvos al mundo y permanecían así aunque creciendo sanos y fuertes entendieron que algo más complicado estaba pasando. 

La importancia del pelo en la economía de Villa T se hizo más visible que nunca cuando “la crisis de la caída” como fue llamada por los medios de comunicación se apoderó de todos los ciudadanos; el comercio de artículos relacionados con el uso capilar fue obsoleto e innecesario, las empresas fabricadoras de cuchillas de afeitar, máquinas para cortar el cabello, tijeras, planchas, rulos, moñas, balacas, diademas, geles, lacas y champus, acondicionadores, cremas para peinar y demás productos tuvieron que diversificar el negocio para no desaparecer y dejar a miles de personas sin trabajo. Por esa razón el catálogo de productos ya nombrados fue sustituido de manera inteligente por una amplia variedad de aceites que las personas usaban para mantener sus cabezas brillantes en todo momento. Aunque el cambio permitió a las empresas seguir en el negocio el despido de personal fue inevitable.

Muchos de los desempleados se las ingeniaron para seguir trabajando, a su manera fundaron pequeñas empresas que vendían lápices de cejas y pañoletas. Algunos en el inicio de las crisis de la caída fabricaron pelucas de pelo sintéticos que muchos compraron pero que pocos usaron. El material con el que estaban hechas hacia que fuera incomodo llevarlas todo el día, pero el factor determinante para que con el paso de los meses la gente no comprara y no usara pelucas era que no había nada que esconder, nadie se apenaba de ser lampiño porque lampiños eran todos y más valía que así fuera porque la sola existencia de un pelo en la cabeza de alguien seguro le hubiera causado la muerte en esos primeros días de crisis de la caída cuando Villa T apenas empezaba a resignarse a su calvicie.

Siempre hay gente queriendo ver el lado bueno de las cosas y en Villa T los primeros fueron los ambientalistas que vieron en la calvicie involuntaria una de las mejores formas de ahorrar agua. Pero los que aprovecharon de verdad la situación fueron los dueños de la industria cinematográfica al crear sagas de super héroes peludos con fuerza increíble como Sansón pero sin la presencia de Dalilas que pudieran aguar las historias.

El pelo y la barba descuidad que antes de la crisis de la caída generaba mal aspecto dentro de la sociedad dejó de ser mal visto y se convirtió en el sueño de la mayoría de los ciudadanos de Villa T. tener pelo en la cabeza y el cuerpo era el sueño generalizado de la ciudad que antes había deseado volar o tener super poderes.

Pero donde hay ganadores también hay perdedores y en Villa  T el perdedor número uno fue el viejo papá Noel, su popularidad se fue a pique cuando los niños empezaron a pedir pelo en sus cabezas en lugar de juguetes, ninguno pudo entender por qué un hombre lleno de pelo en su cara no podía darle pelo a los niños y lo que resultó aún más complicado de entender para ellos fue que papá Noel viniera todas las navidades a la Villa o que mejor viviera en ella y que a pesar de eso siguiera siendo peludo. Nadie más quiso a ese hombre gordo en navidad y los villanos prescindieron de él y celebraron solos, los super héroes podían ser peludos porque eran héroes pero a papá Noel nadie lo perdonó por seguir teniendo pelo después de la gran crisis de la caída, aunque peor hubiera sido verlo lampiño.

Aunque la falta de pelo se hubiera adueñado de Villa T y la mayoría de los ciudadanos parecieran vivir de acuerdo a las circunstancias que la vida les había preparado el deseo de pelo abundante pelo, movía la vida de más de uno.

K está tirado en su cama leyendo un libro con una cubierta de pasta dura que le prestaron en la biblioteca del centro, las páginas de la novela lo tenían conquistado y una de las cosas que el escritor decía en ellas se quedó dándole vueltas en la cabeza.

“Lo que más me gusta cuando me siento muy triste o cuando el peso de las cosas que no deberían pasar me pasan es ir a la peluquería. Entendí que lo único que me esperaba era vender rellena en un triciclo todos los días y no me dieron ganas de otra cosa que no fuera irme para donde la peluquera que vivía cerca de mí casa. Le había dicho a mi papá que si  en tres meses no conseguía quien editara mis poemas yo dejaba de insistir con la escritura y me dedicaba al negocio. A papá el acuerdo le pareció perfecto de más que por la esperanza que me tiene”.
“me senté en una silla en la que casi quedé acostado, acomodé mi cabeza en el lavado que tenía un espacio para poner el cuello mientras la peluquera con una manguera dejaba caer el agua fría en mi cabeza y me mojaba el pelo sin dejar un solo mechón seco, cerró la llave y me aplicó un suave champu de agradable olor y frotó la cabeza con las yemas de sus dedos desde la frente hasta la nuca y desde la oreja izquierda hasta la oreja derecha con suavidad y calma sacando de mi cabeza toda suciedad y yo con los ojos cerrados sintiendo cada movimiento de sus manos y luego de nuevo el agua fría llevándose la espuma del champu”.
“siempre me hacían el mismo corte de pelo que no era ninguno en especial  solo el que se repetía desde la infancia, el que le gustaba a mi mamá y no le molestaba a mi papá, un corte que no resaltaba nada en mi rostro ni expresaba nada sobre mi personalidad y que solo evitaba que el pelo estuviera largo”.
“La peluquera cortaba el pelo con las tijeras que manejaba con agilidad, se movía a mi espalda y yo veía su rostro reflejado en el espejo en el que también veía el mío. Estar en la peluquería con alguien que lavara, acariciara y cortara mi pelo era para mí como desconectarme del mundo, nada me ha relajado tanto en la vida y muy pocas cosas me han aliviado tanto la vida como una peluqueada.”

K dejó el libro de lado y no pudo evitar imaginar cómo se vería con mucho pelo, aunque lo que importaba no era saber cómo se vería con bigote o con melena sino saber que se sentía jalar su pelo, sentir como sería llevarlo mojando dejando que las gotas de agua se deslizaban por la cara mientras se secaba.

El sábado en la mañana fue a la biblioteca a devolver el libro de pasta dura que había leído y a buscar otras novelas por el estilo, entre los estantes encontró uno donde un escritor hacia una reflexión sobre la calvicie de Villa T pero k prefirió el que estaba al lado, una historia similar a la de Rapunzel. Cuando k volvió a su casa se dio cuenta que había dejados su entradas para ir a ver el final de Los Barbados sin rostro en el libro que había devuelto y la biblioteca no volvía abrir hasta el lunes. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Negocios 9

Desde que se llevaron el pedazo de nave que había en la finca de Antonio las gallinas ponen menos huevos y se mueren de manera inesperada. Antonio hizo un gallinero con guaduas justo en el mismo punto donde antes estaba la parte de la nave en la que las gallinas dormían pero no les gustó y lo ignoraron. A cambio del pedazo de nave las gallinas empezaron a dormir en un palo de naranjo que está en la huerta de la casa. De vez en cuando una que otra gallina se chuza con las espinas del naranjo pero a Antonio lo que le preocupa es el palo porque se va apestar con esa subidera de las gallinas con esas uñas largas afiladas que no hacen sino aporrearlo. 

Con los cinco millones que la empresa le dio por llevarse el pedazo de nave Antonio sembró aguacates en un tajo de la finca que antes tenía sembrado café. Al principio estuvo entusiasmado con el negocio que había hecho pero los huevos escasos y las gallinas muertas no estaban en sus cuentas y eso lo preocupa. La esposa de Antonio le dice que lo que pasa con las gallinas es culpa de esa nave y que por eso están enfermas y Antonio le dice que de todos mondos más plata no les van a dar. La esposa le dice a Antonio que resultaron más afectado con la retirada de la nave que con la caída de la misma y Antonio le dice que ojalá no se vaya a morir el naranjo. 

domingo, 13 de agosto de 2017

De momento...

Hay un tipo cayéndose en una calle del centro. El tipo viene caminando apresurado como todos los peatones de por ahí, mira solo al frente y antes de llegar al semáforo se cae, lo hace así toda la tarde tres veces por hora. El tipo siempre se levanta se limpia las rodillas y las manos algo repeladas, lo hace rápido antes de que alguien le brinde ayuda. El tipo que se cae sabe por qué se cae pero no sabe hasta cuándo se va caer. El tipo sabe que yo lo observo y sabe por qué lo observo pero no sabe hasta cuándo lo voy a observar. Eso hacemos, de momento. 

viernes, 11 de agosto de 2017

Botón

-aprendí a pegar botones pero me cuesta enhebrar agujas me tiemblas las manos y no veo el ojal
-yo no sé ni pegar botones ni enhebrar aguas
-en la casa decían que era algo que había que saber
-eso mismo me dijeron a mí cuando me enseñaron a despescuezar una gallina
-parece más útil eso que pegar botones
-ni tanto a mí nunca me han buscado para matar una gallina y como en la casa todos sabemos lo que menos importa es quien la despescuece
-yo una vez le pegué dos botones a una media para que la media tuviera ojos
-así como cuando un tipo que pega botones se convierte en un oculista de medias
-lo bueno es que las medias son muy agradecidas  

viernes, 4 de agosto de 2017

Dos rayitas


Llevaba mucho tiempo sin levantarme temprano un domingo hasta hoy que me invitaron a un bautizo a las nueve de la mañana. Hace unos años no había domingo que no estuviera en pie antes de las siete de la mañana porque en radio nacional pasaban un programa que no me perdía. Me sentaba frente a la grabadora que mamá tiene en la mesa de la cocina con una libreta de papel amarillo y un lápiz de punta gruesa a tomar notas, también tomaba tinto caliente recién colado y comía pandebonos uno tras otros mientras la señora del programa radial le hacía preguntas divertidas a sus invitados y se reía gustosa de sus apuntes y de la reacción de ellos. No hacía falta que los invitados tuvieran algo de gracia ella encontraba de que reírse y yo me reía como si no fuera una voz saliendo de una grabadora sino una charla en una cafetería con una amiga de siempre.

Es normal que Luisa me invite al cine o a tomar cerveza a veces a comer y otras a visitar a su mamá pero nunca me había invitado a un bautizo. Una vez me pidió que la acompañara a un matrimonio pero no pude ir porque ese mismo fin de semana se murió una vecina de mis papás que era como la abuela de toda la cuadra y mamá me había pedido que estuviera en el velorio siquiera que no fuera ingrato.

Luisa tampoco va a muchos bautizos pero este es importante para ella porque va a ser la madrina. Qué será lo que hace una madrina me preguntó Luisa la noche que su amiga le habló del tema. Yo le dije que las madrinas y los padrinos tenía que ser supuestamente buenos cristianos pero que los más importante era que cada año se manifestara con un buen regalo aunque si era más seguido mucho mejor. Los padrinos de bautismo de Luisa fueron sus abuelos pero su doble condición de cercanía no se reflejó nunca en regalos. Mis padrinos eran unos amigos de mis papás y me dieron regalo hasta que tuve trece años, eran una pareja sin hijos que hasta me llevaba de vacaciones, Azucena y Jesús, ambos muy inteligentes me enseñaron muchas cosas, aún los visito de vez en cuando aunque no vivimos en la misma ciudad. El último regalo que me hicieron fue el mejor y aún lo tengo, El nervio de volcán del Caifanes. Con el gusto musical de mis papás hubiera sido muy difícil que me regalaran algo parecido, ellos seguro me hubieran comprado algo de Diomedes Díaz o de Camilo Sexto.

Luisa me dijo que entonces mis padrinos no solo me habían dado regalos sino que además había sido una buena influencia, ella también quería ser un buen ejemplo para ese bebé, lo decía emocionada y hasta conmovida. Yo le dije que tampoco era para tanto, con que este pendiente de los regalos es suficiente, eso de todos modos es más un requisito que otra cosa y eso del buen ejemplo es pendejada y Luisa ignorando parte de lo que le había dicho dijo que todos tenían derecho a tener madrinas como la mía.

Mi papá dice que el padrino de él se llamaba Elías un señor gordo de cachetes colorados que era el dueño de una finca en la que su papá había sido el administrador. Don Elías tenía como tres o cuatro fincas y en navidad les regalaba medio marrano y un bulto de panela, gracias a ese señor en la casa de él que era la mata de la pobreza por lo menos no se les embolataba la nochebuena, papá recuerda al señor con cariño. Le pregunté a papá si había vuelto a ver a don Elías y me dice que no, que demás que ya murió, que ellos se fueron de Pensilvania a trabajar una finca en Marquetalia y que él no volvió a saber del señor. Le cuento eso a Luisa como para seguir hablando de padrinos, madrinas y bautizos. Ella me ofrece café pero me niego porque tengo una acidez endemoniada que no me deja tranquilo desde la hora del almuerzo. Ella sabe que solo hay una razón para que me niegue a un café y es esa, entonces se levanta del sofá y me dice que tomemos aromática.

Luisa me abre la puerta de su apartamento y cuando la veo lo primero que se me ocurre es que ella se levantó antes de las cinco de la mañana. Está peinada, maquillada, tiene un vestido azul que parece japonés, de esos de cuello alto y manga sisa ceñido al cuerpo. No sé qué pensó luisa cuando me vio pero seguro que se molestó, vea la hora y usted no está listo, vamos a llegar tarde, me dijo Luisa.  Cómo que no estoy listo le digo, si es que yo voy a ir así y Luisa me dice que solo a mí se me ocurre ir a un bautizo con una camiseta de fútbol. Pero es que el Once juega hoy, le digo, usted se pone a sí porque va a ser la madrina. Luisa no responde nada y camina apresurada yo la sigo por el pasillo y le digo que ella tenía que haberme dicho que había que ir elegante ella me dice que elegante no pero que tampoco así como voy y además no tiene por qué explicarme cosas que son obvias y me pide las llaves. Vamos directo a mi cuarto y luisa saca del closet una camisa blanca de manga larga y la extiende sobre la cama para plancharla, tiene las uñas pintadas a la perfección agarra la plancha como si tuviera miedo de arruinarlas. Yo no sé para que tiene usted una plancha me dice luisa y yo le digo que me la regaló mi mamá. Me entrega la camisa caliente y me dice que me la ponga y que me cambie los zapatos, como si levantarse temprano un domingo no fuera suficiente ahora también hay que renunciar a los tenis.

Ni que yo fuera a ser el padrino le digo a Luisa mientras volvemos a su apartamento y me mira como si le hubiera dado el número que  completa la tabla del bingo. No joda Luisa yo no voy a ser padrino de nadie y menos de la hija de una vieja que ni sabe cómo usar una prueba de embarazo. Saco un pocillo de la alacena y me sirvo un tinto, al lado de la cafetera hay un paquete negro de café que dice “café ron” y le pregunto a Luisa sí es bueno y me dice que no la ha probado que se lo regaló el papá de su futura ahijada, me dice que lo ponen en las barricas donde han añejado ron y lo dejan ahí por tres meses y que luego lo sacan y lo empacan. Si ese tipo le regala un café así a la madrina yo me le mido a ser padrino le digo a Luisa, me voy a poner saco y corbata. Luisa me dice con sus ojos que soy un tonto, no se haga ilusiones que el padrino va ser un amigo del papá y salga pues que vamos tarde.

En el taxi le pregunto a Luisa si le va contar a su ahijada cuando sea grande que su mamá no entendía cómo funcionaban las pruebas de embarazo. Hasta cuándo va a joder con eso, me dice Luisa con una sonrisa grande, no hace falta que yo le cuente nada, eso se lo va contar la mamá que vive feliz con esa anécdota.

Fue Luisa la que se dio cuenta de que su amiga estaba embarazada. Un jueves por la tarde mientras hacían un trabajo para la universidad Luisa se acercó al peinador de su amiga buscando un gancho para el pelo. En el peinador había una chalina que Luisa quiso medirse porque le gustó el color y cuando la levantó vio que debajo había una prueba de embarazo, la miró curiosa y cuando vio que era positiva corrió al comedor donde estaba su amiga escribiendo en el computador y le mostró la prueba que tenía en la mano, le preguntó por qué no le había dicho nada. La amiga de Luisa le dijo que había sido una falsa alarma y Luisa miró la prueba otra vez y le dijo que falsa alarma cuándo si ahí estaban las dos rayitas. La amiga de Luisa le arrebató la prueba y apenas la miró se puso pálida y corrió al baño a vomitar. Luisa me dijo que su amiga se había hecho la prueba tres semanas antes y que estaba segura de que había salido negativa. Yo no sabía que las viejas dejaban las pruebas de embarazo por ahí de bonitas le dije a Luisa, así como la chalina, le queda bonita y Luisa se mandó la mano al cuello y me dijo que no se acordaba que la tenía.

Por esa prueba de embarazo que se demoró tres semanas en dar positivo es que ahora vamos para un bautizo donde Luisa será la madrina. La mujer que agarra el ramo en el matrimonio es la próxima en casarse y la mujer que encuentra la prueba positiva del embarazo de la futura madre será la madrina de bautismo. Le dije a Luisa que ella estaba inaugurando un nuevo mito y me dijo que el acompañante de la madrina siempre iba a terminar siendo padrino, se bajó primero del taxi y me dijo que pagará.

En la iglesia me senté donde Luisa me indicó, me entregó el celular para que tomará fotos y como si fuera necesario decírmelo me pidió que no me fuera a quedar dormido. Llevaba más de dos años sin entrar a una iglesia, desde que mi hermana se casó. Me acuerdo de ese día porque en mitad de la homilía el cura guardó silencio y se quedó mirando directamente a donde estaba yo y cuando me di cuenta no solo me miraba el cura sino el resto de la gente, yo estaba muy entretenido hablando de Star Wars con un amigo, hasta quedamos en el video todos colorados de la pena. A mi lado en la banca hay un niño y dudo que con él vaya a terminar hablando de películas así que Luisa puede estar tranquila por mí.

La niña se va llamar Andrea está calva y tiene una balaca blanca con un moño, Luisa la sostiene en sus brazos emocionada. Intento hacer buenas fotos pero hay tantos familiares y amigos en las mismas que va ser difícil conseguir alguna que le guste a Luisa. Afuera de la iglesia le compro un helado de coco a un señor que tiene puesto un sombrero de ala ancha  con que adorna su cabeza así como el de la canción y espero a Luisa para irnos.  Aparece con la niña y quiere que la cargue le digo que no que muy bonita y que tan risueña pero que no que además estoy todo emperillado y le muestro el helado. Luisa sabe que me gustan los bebés pero de lejos, la divierte mi reacción, me dice que nos vamos para la casa de su amiga a almorzar, la miro con desgano y le pregunto que si es necesario y me dice que sí que no la voy a dejar sola, que sea serio que de todos modos ya madrugue un domingo. Le digo sin ánimo que bueno que vamos y la sigo y me acuerdo del programa de radio y de la voz de la señora y me siento bobo extrañando un programa de radio en medio de una gente contenta por un bautismo.



viernes, 28 de julio de 2017

Cucarachas

Julio hacía montones de cucarachas muertas que empujaba con los pies descalzos mientras las contaba. Ninguno montón tenía más de diez o menos de nueve. Todas las mañanas hacía lo mismo, se levantaba temprano a contar cucarachas como haciendo inventario. Había aprendido a contar de uno a diez con las cucarachas y una mañana hizo tres veces diez montones de cucarachas.  Por las noches su madre regaba veneno en los zócalos de las paredes, era un líquido del color de la avena y lo traía un señor alto y flaco que cargaba una maleta verde que parecía un baúl viejo. En su primer día de escuela Julio dijo que se había aprendido los números contando cucarachas y otro niño le dijo que a él le gustaba como sonaban las cucarachas cuando las aplastaba con el pie. Julio creía que las cucarachas se morían porque su madre les ponía veneno sin saber que mientras él dormía las cucarachas sostenían una guerra a muerte por el control de esa casa que para los diferentes bandos de cucarachas era el lugar más importante del pueblo. Julio contaba muertos en combate sin saber que vivía en el punto exacto en el que la cucaracha ya no pudo caminar porque le faltó una pata para caminar. Controlar ese lugar era esencial para el fortalecimiento del mito fundacional y el proyecto político de los bandos en disputa. Julio caminaba todos los días por un campo de batalla que ignoraba. 

jueves, 20 de julio de 2017

La vegana


La vegana quiere al gemelo pero el gemelo no es vegano. No tendría que decir más porque con eso el cuento ya está echado pero igual la vegana y el gemelo se ennoviaron. El gemelo es vecino de mi amigo Edward, vive justo en la casa del lado. Además de ser el vecino es un ejemplo a seguir, el hijo que la mamá de Edward deseó tener. Mi mamá me comparó toda la vida con mi primo que era el mejor estudiante del colegio, tocaba el trombón, era bombero voluntario y era un excelente mediocampista con todas las posibilidades de ser futbolista profesional y como si con eso no bastara era guapo tenía novia y le quedaba tiempo para ser sacristán. Yo por mi parte estaba gordo, aburrido, me cansaba cepillándome los dientes, era mal estudiante y me sabía completa las veinticuatro horas de programación de seis canales de televisión aunque esa capacidad no llenaba de orgullo a mi mamá. Edward era así como yo pero él se sabía la programación completa no de seis sino de ocho canales y también jugaba Nintendo y jugaba con una perra que siempre parecía enferma y se estaba muriendo desde que la conocí, dizque había nacido vieja así como Benjamin Button.

A falta de primos para hacer la comparación la mamá de Edward le decía que mirara a los gemelos, ellos eran juiciosos, ganaban concursos de matemáticas, ortografía y natación, además tenían pensado estudiar medicina y no andaban escuchando música horrible. Nosotros escuchábamos Iron Maiden y Slayer, fumábamos marihuana una que otra vez y nos burlábamos de las camisas planchadas de los gemelos. Edward los saludaba y a veces cruzaba un par de palabras con ellos, yo no, no eran ni mis vecinos ni mis amigos.

Pero volviendo al cuento, los gemelos que eran el paradigma de la excelencia se separaron cuando se terminó el colegio, uno se fue a estudiar medicina a Bogotá y el otro se fue  hacer derecho en Cali. Era la primera vez que se separaba y parece que eso los afecto hondo y mucho más de lo que esperaban. La vida de los gemelos se fue un poco al caño o sea cerca de donde estaba la de Edward y la mía. Yo le dije a Edward que mientras su mamá se la pasaba deseando que él fuera más como los gemelos ellos  se la pasaban deseando poder ser más como él. El pendejo se reía, que ni bobos que fueran los gemelos.

El gemelo conoció a la vegana afuera de la universidad, ella repartía volantes contra las cabalgatas de la feria de Cali. El gemelo recibió el volante y ni lo miró, lo dobló y lo guardó en el bolsillo de atrás del pantalón indiferente porque su atención fue toda para la vegana que lo dejó encantado con su cara de limón. Ese mismo día el gemelo le pidió a un compañero que le presentara a la vegana y por primera vez el gemelo fue a una protesta animalista pero no por amor a los animales o más bien sólo por amor a esa animal.

En la relación del gemelo y la vegana pronto se supo quién mandaba. Mandaba la vegana y el gemelo hacía lo que ella dijera. La opinión del gemelo no importaba porque el puro hecho de que no fuera vegano lo convertía en una persona muy mala, que siempre habla sin saber y sin sentir. El gemelo aspirante a medico nos dijo a Edward a mí una tarde de vacaciones que el hermano no habla de otra cosa que no fuera la vegana, que a él le daba risa verlo así de aguevado pero que la mamá estaba que paraba en loca, todo lo que cocinaba estaba mal o atentaba contra algo y se ponía roja de la ira como un pisco cuando el gemelo empezaba andar detrás de ella en la cocina diciéndole que comprara verdura orgánicas, que sembraran cilantro y albahaca en el patio, que cambiaran la leche de vaca por leche de soya, y que tranquila mami que yo le voy a dejar unos podcast en el celular con recetas vegetarianas y mi novia me va prestar un libro también que es muy bueno sobre los efectos negativos de los plaguicidas y los fertilizantes químicos en las verduras. Mamá le dijo que con aguantarlo a él era suficiente y que no quería que trajera a esa muchachita a la casa pero como la vegana también vivía en Tuluá a la mamá de los gemelos le tocó verla en la sala una que otra tarde y pasaba por el lado de ella sin saludarla.

Cuando Edward vio a la vegana me dijo: ve a chino para que yo deje de comer carne y me vuelva vegano y me deje mandar de una vieja esa vieja tiene que ser mínimo mínimo igualitica a Eva Green aunque si es Eva Green pues mejor. Yo le dije que la vegana de Eva Green no tenía sino el green en la cara y aunque el chiste era chimbo nos reímos.

Decía que los gemelos se fueron al caño como nosotros porque en tercer semestre de medicina el gemelo volvió de Bogotá y dijo que esa carrera no era para él, se había tirado la mitad de las materias y fumaba mucha mariguana. La mamá le dijo que de vago tampoco se iba a quedar y lo metió a estudiar en el Sena. Edward y yo sabíamos lo que era pasar parciales arrastrados y como nunca habíamos destacado en nada tampoco era que tuviéramos muchas expectativas que cumplir. Nadie esperaba de nosotros lo que esperaban de los gemelos. Mal que bien íbamos en cuarto semestre yo había perdido dos materias y Edward una.

El gemelo y la vegana había durado más de los esperado, primero se había acabado la esperanza de tener un médico en la familia que esa relación. Pero el gemelo seguía sin ser vegano. La relación se acabó un fin de semana de diciembre, el gemelo y la vegana estaban de paseo en Ladrilleros y el gemelo se levantó temprano y fue a desayunar solo, tomó huevos con café y no alcanzo a terminar antes de que llegara la vegana.

Esa navidad por primera vez los gemelos Edward y yo nos emborrachamos juntos los cuatro en el antejardín de la casa de Edward. Un gemelo dijo que estudiar en el Sena era una mierda y que si la mamá lo dejaba él volvía a iniciar medicina. El otro gemelo lloraba mucho y habla de la vegana, nos dijo que la vegana lo había dejado y nosotros ya sabíamos pero él repetía que la vegana lo había dejado. La vegana dejó veterinaria porque no era lo que ella se imaginaba, la veterinaria maltrataba a los animales en lugar de salvarlos, les hacía daño y comercializaba con ellos. La vegana había comenzado filosofía. La vegana decía que de niña tuvo un perro que recogió en la calle y lo llamó Uno porque ella quería adoptar a todos los perros del mundo y darles un número por nombre, pero la mamá de la vegana le decía que no podían tener más que a Uno porque en la casa no había espacio para más animales, siempre le dijo que la casa no era una finca y el sueño de la vegana desde niña es tener una finca grande donde pueda tener todos los perros y gatos del mundo. La vegana le había enseñado a cuidarse a pensar en su salud y ser consciente de su lugar en el universo y el respeto y el amor que le debía a la naturaleza. La vegana lo había dejado porque él seguía desayunando huevos. Edward interrumpió el monólogo lacrimógeno del gemelo con una carcajada feroz, por lo menos lo hubiera dejado por comer chicharon, salchichón aunque fuera pero por comer huevos, es que a este marica lo dejaron porque le hacían mucha falta los huevos.  En ese momento el único que no se rio fue el gemelo despechado.

Hablamos, tomamos y caminamos por el barrio fumando mariguana y riéndonos de nosotros de esos desastres nuestros que al final no se parecían a los de los gemelos que la estaban pasando peor. Y eso que estos eran los de mostrar, dijo Edward, y yo me acorde de mi primo que si seguía siendo el de mostrar y era pastor de una iglesia cristiana que según él le iba a poner los votos necesarios para ser concejal. Comimos en la casa de los gemelos pasada la media noche y nos dimos cuenta que en la casa de ellos la única feliz era la mamá de los gemelos, para ella era otra vez una navidad sin preparaciones veganas, una celebración familiar sin la vegana, una navidad con tejidos, nervios, sangre, una navidad de carne y hueso.



Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...