domingo, 27 de agosto de 2017

Villa T- Pelos

Los pasillos del centro para el recuerdo de Villa T estaban vacíos. La última película de Los barbados sin rostro se estrenaba en las salas de cine de toda la ciudad y nadie se quería perder la aventura final de los héroes de moda. Colgados en las paredes de los pasillos vacíos están los cuadros y más cuadros de hombres y mujeres con abundante pelo, algunos barones tienen espesos bigotes y largas barbas negras, blancas, canas, rubias, y rojas. Desde los tiempos de Jesús Cristo hombre de larga melena y pocas afeitadas hasta la época en la que Fidel Castro y su barba seguían vivos existieron muchas personas ilustres dignas de admirar por sus aportes al avance de la humanidad que lucían particulares peinados, son sus rostros y su pelo lo que puede apreciar con fascinación el visitante del centro para el recuerdo.

Después del 2030 por un motivo que será descubierto después de unos cuantos años las personas de villa T empezaron a perder el pelo de manera definitiva. Cuando los jóvenes y adultos vieron como sus cabezas iban quedando peladas pensaron que se trataba de un virus que se podría controlar pero al notar que los recién nacidos también llegaban calvos al mundo y permanecían así aunque creciendo sanos y fuertes entendieron que algo más complicado estaba pasando. 

La importancia del pelo en la economía de Villa T se hizo más visible que nunca cuando “la crisis de la caída” como fue llamada por los medios de comunicación se apoderó de todos los ciudadanos; el comercio de artículos relacionados con el uso capilar fue obsoleto e innecesario, las empresas fabricadoras de cuchillas de afeitar, máquinas para cortar el cabello, tijeras, planchas, rulos, moñas, balacas, diademas, geles, lacas y champus, acondicionadores, cremas para peinar y demás productos tuvieron que diversificar el negocio para no desaparecer y dejar a miles de personas sin trabajo. Por esa razón el catálogo de productos ya nombrados fue sustituido de manera inteligente por una amplia variedad de aceites que las personas usaban para mantener sus cabezas brillantes en todo momento. Aunque el cambio permitió a las empresas seguir en el negocio el despido de personal fue inevitable.

Muchos de los desempleados se las ingeniaron para seguir trabajando, a su manera fundaron pequeñas empresas que vendían lápices de cejas y pañoletas. Algunos en el inicio de las crisis de la caída fabricaron pelucas de pelo sintéticos que muchos compraron pero que pocos usaron. El material con el que estaban hechas hacia que fuera incomodo llevarlas todo el día, pero el factor determinante para que con el paso de los meses la gente no comprara y no usara pelucas era que no había nada que esconder, nadie se apenaba de ser lampiño porque lampiños eran todos y más valía que así fuera porque la sola existencia de un pelo en la cabeza de alguien seguro le hubiera causado la muerte en esos primeros días de crisis de la caída cuando Villa T apenas empezaba a resignarse a su calvicie.

Siempre hay gente queriendo ver el lado bueno de las cosas y en Villa T los primeros fueron los ambientalistas que vieron en la calvicie involuntaria una de las mejores formas de ahorrar agua. Pero los que aprovecharon de verdad la situación fueron los dueños de la industria cinematográfica al crear sagas de super héroes peludos con fuerza increíble como Sansón pero sin la presencia de Dalilas que pudieran aguar las historias.

El pelo y la barba descuidad que antes de la crisis de la caída generaba mal aspecto dentro de la sociedad dejó de ser mal visto y se convirtió en el sueño de la mayoría de los ciudadanos de Villa T. tener pelo en la cabeza y el cuerpo era el sueño generalizado de la ciudad que antes había deseado volar o tener super poderes.

Pero donde hay ganadores también hay perdedores y en Villa  T el perdedor número uno fue el viejo papá Noel, su popularidad se fue a pique cuando los niños empezaron a pedir pelo en sus cabezas en lugar de juguetes, ninguno pudo entender por qué un hombre lleno de pelo en su cara no podía darle pelo a los niños y lo que resultó aún más complicado de entender para ellos fue que papá Noel viniera todas las navidades a la Villa o que mejor viviera en ella y que a pesar de eso siguiera siendo peludo. Nadie más quiso a ese hombre gordo en navidad y los villanos prescindieron de él y celebraron solos, los super héroes podían ser peludos porque eran héroes pero a papá Noel nadie lo perdonó por seguir teniendo pelo después de la gran crisis de la caída, aunque peor hubiera sido verlo lampiño.

Aunque la falta de pelo se hubiera adueñado de Villa T y la mayoría de los ciudadanos parecieran vivir de acuerdo a las circunstancias que la vida les había preparado el deseo de pelo abundante pelo, movía la vida de más de uno.

K está tirado en su cama leyendo un libro con una cubierta de pasta dura que le prestaron en la biblioteca del centro, las páginas de la novela lo tenían conquistado y una de las cosas que el escritor decía en ellas se quedó dándole vueltas en la cabeza.

“Lo que más me gusta cuando me siento muy triste o cuando el peso de las cosas que no deberían pasar me pasan es ir a la peluquería. Entendí que lo único que me esperaba era vender rellena en un triciclo todos los días y no me dieron ganas de otra cosa que no fuera irme para donde la peluquera que vivía cerca de mí casa. Le había dicho a mi papá que si  en tres meses no conseguía quien editara mis poemas yo dejaba de insistir con la escritura y me dedicaba al negocio. A papá el acuerdo le pareció perfecto de más que por la esperanza que me tiene”.
“me senté en una silla en la que casi quedé acostado, acomodé mi cabeza en el lavado que tenía un espacio para poner el cuello mientras la peluquera con una manguera dejaba caer el agua fría en mi cabeza y me mojaba el pelo sin dejar un solo mechón seco, cerró la llave y me aplicó un suave champu de agradable olor y frotó la cabeza con las yemas de sus dedos desde la frente hasta la nuca y desde la oreja izquierda hasta la oreja derecha con suavidad y calma sacando de mi cabeza toda suciedad y yo con los ojos cerrados sintiendo cada movimiento de sus manos y luego de nuevo el agua fría llevándose la espuma del champu”.
“siempre me hacían el mismo corte de pelo que no era ninguno en especial  solo el que se repetía desde la infancia, el que le gustaba a mi mamá y no le molestaba a mi papá, un corte que no resaltaba nada en mi rostro ni expresaba nada sobre mi personalidad y que solo evitaba que el pelo estuviera largo”.
“La peluquera cortaba el pelo con las tijeras que manejaba con agilidad, se movía a mi espalda y yo veía su rostro reflejado en el espejo en el que también veía el mío. Estar en la peluquería con alguien que lavara, acariciara y cortara mi pelo era para mí como desconectarme del mundo, nada me ha relajado tanto en la vida y muy pocas cosas me han aliviado tanto la vida como una peluqueada.”

K dejó el libro de lado y no pudo evitar imaginar cómo se vería con mucho pelo, aunque lo que importaba no era saber cómo se vería con bigote o con melena sino saber que se sentía jalar su pelo, sentir como sería llevarlo mojando dejando que las gotas de agua se deslizaban por la cara mientras se secaba.

El sábado en la mañana fue a la biblioteca a devolver el libro de pasta dura que había leído y a buscar otras novelas por el estilo, entre los estantes encontró uno donde un escritor hacia una reflexión sobre la calvicie de Villa T pero k prefirió el que estaba al lado, una historia similar a la de Rapunzel. Cuando k volvió a su casa se dio cuenta que había dejados su entradas para ir a ver el final de Los Barbados sin rostro en el libro que había devuelto y la biblioteca no volvía abrir hasta el lunes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...