sábado, 13 de mayo de 2017

Labios

“Tiene los labios delgados y ahora dizque va tener un hijo, no sé porque me pareció simpático, tan fácil que es engañarse”. Esta afirmación se podía oír hace unos años en cualquier cafetería universitaria del país.

El desarrollo de nuevas tecnologías ofrece hoy dos posibilidades, la primera tener los labios más gruesos y la segunda desaparecer a los bebés no planificados. El porcentaje de personas que acuden a estos procedimientos es similar. Un estudio reciente de la universidad de Tuluá revela que en los últimos tres años la cifra de niños desaparecidos y labios gruesos es la misma.

Los expertos coinciden al creer que la oportunidad de tener labios gruesos y carnosos puede acabar con el desprecio que tiene algunas mujeres por hombres de labios delgados. En cuanto a la desaparición de niños las opiniones de los expertos están divididas, un sector cree que los niños pueden regresar de ese otro lugar al que van a parar. Aunque ese otro lugar es mucho mejor el deseo por conocer su origen los puede superar. Esa situación amenaza la tranquilidad de todos. Otro sector cree que los niños no deberían ir a ningún lado porque a los niños se los queda la mamá o sea que un niño no afecta de ninguna manera el atractivo de un hombre de labios gruesos o de uno de labios delgados que se someta al procedimiento.

A la pregunta ¿si el tipo que le parece simpático tiene labios delgados y un bebé y usted puede elegir entre desaparecer al bebé y aumentar el volumen de los labios cuál sería su elección? La mayoría de las encuestadas eligen la segunda opción, “Esos labios los vendría disfrutando yo, en ultimas eso es lo que importa, de todos modos el bebé lo tiene es la mamá”.

Aunque el debate sigue abierto y los estudios sociales dedicados a la obsesión actual por los labios carnosos aumentan lo que está claro es que los labios delgados ya no representan ningún problema.


viernes, 12 de mayo de 2017

Comparendo

Es que no lo pueden despertar, no pueden, si lo despiertan no saben a lo que se atienen, él puede levantar dos o tres carros de esos y arrojarlos lejos con la misma facilidad con la que usted escupe. El uniformado escupe a los pies de la señora y le dice que sople y a continuación mientras espera le dice que si da positivo él mismo se encarga de que le quiten la licencia y también de que le quiten al niño. La señora parece asustada, sopla y da negativo, el uniformado la mira con sospecha y le dice que las viejas aprendieron a hacerle trampa al alcoholímetro.

En el asiento de atrás del carro el niño duerme profundo. La señora le pide a los uniformados que la dejen ir, que le hagan el comparendo pero que la dejen ir. Uno de los uniformados le dice que ese no es espacio para parquear y que cómo se le ocurrió dejar a un niño solo en un carro. La señora insiste en que no lo podía despertar, que a él hay que dejarlo despertar solito, que la última vez que lo despertaron a las malas hubo un terremoto en Chile. El uniformado escupe al piso y le dice a su compañero que o es loca o les está viendo la cara de pendejos y que él cree que es lo segundo, eso le da 72 horas de detención.

La señora se mueve de un lado a otro y les repite que no podía despertar al niño, que por eso lo dejó ahí, que ella no se demoró nada. Uno de los uniformados dice que entre mentiras y plata él prefiere que le ofrezcan plata, que por lo menos ahorra tiempo y nadie lo está creyendo bobo. La señora le dice que en serio es peligroso despertar al niño pero el uniformado no la quiere oir y empieza a golpear el techo del carro, deja caer la mano abierta grande y pesada con fuerza. La puerta de carro se abre y la señora que mira al uniformado temblando sin saber porqué hizo eso sale corriendo.


Del carro se baja el niño de no más de cuatro años, tiene la cabeza agachada y se limpia los ojos con las manos, el uniformado lo mira con cariño y escupe, el niño levanta la mirada y baja las manos, los uniformados ven sus ojos y retroceden, no es normal lo que ven. La saliva del uniformado no alcanza a caer al piso. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Omnívoro

El tipo está sentado en el sofá buscando en la televisión el canal en el que siempre ve los partidos de fútbol y no lo encuentra. Va del canal 1 al 350 y no da con el puto canal que siempre pasa los partidos del campeonato nacional, aprieta fuerte el control y sigue hundiendo el botón, procurando ir más despacio.

A su espalda, al fondo de la sala en la mesa del comedor que está cubierta de cuadernos, colores, ega, papeles de celofán, tijeras y recortes de revistas, está el niño haciendo las tareas de la escuela. Ella no va a llegar a la casa hasta las 10 de la noche, estará en clase. Él llega de trabajar a las seis de la tarde se quita el uniforme y se sirve un café que toma en compañía de ella que ya va de salida.

El niño está recortando unos recuadros pequeños en los que hay diversos animales, debe colorear y luego pegar los recortes en un cuadro que le ofrece tres opciones: carnívoros, omnívoros y herbívoros. El niño pregunta de qué color es un conejo y él que ya entendió que se perdió el partido le responde que blancos. El niño le dice que si lo puede pintar rosado y él le pregunta que sí ha visto alguna vez un conejo rosado, el niño le dice que no y él le dice que entonces para qué pregunta bobadas. Él sigue en el sofá y el niño en el comedor. Toma el color rosado y pinta el conejo.

A falta de partidos él ve las noticias y el niño colorea y canta “vive en una piña debajo del mar, Bob esponja” y vuelve a cantar esa misma parte. Él le dice que cante más bajito que no lo deja escuchar el noticiero. El niño obedece por un momento, luego se le olvida y vuelve a subir el volumen. El niño pregunta de qué color puede pintar al león y él le dice que amarillo. El niño le dice que por eso ya lo había pintado amarillo, de qué color son los leopardos y él le dice que como amarillo con manchas negras y el niño le dice que los leopardos corren muy rápido y que no se cansan. Los leopardos sí se cansan dice él. Que no, que no se cansan que corren rápido y no se cansan y que comen venados y que no se cansan, que la profesora les dijo, dice el niño. Claro que se cansa, todo cansa, todos se cansan, de todo se cansa uno peque, le dice él, y dígale a la profesora que sí se cansan. El niño hace una mueca de fastidio parece avergonzado de ese papá que no sabe nada.

El niño pregunta que si el león es carnívoro y él le dice que sí, pregunta luego por la vaca, el caballo, la hiena, el pavo y él responde. El niño vuelve a preguntar y él vuelve a responder y le dice que no le va a repetir más.

El niño va hasta el sofá con la ega y uno de los papelitos recortados y le dice que le ayude a pegarlos que la mamá dijo que le dijera al papá que le ayudara a pegar porque él solo hacía muchos regueros de ega  y le quedaba muy feo. Él sigue sentado en el sofá, sigue mirando el televisor, pone un puntico de ega en el centro del papel y le dice al niño que lo riegue y el niño le dice que hay que esparcir la ega y él le dice que eso que esparcir la ega. El niño vuelve a preguntar que si el león es carnívoro y él le responde que sí hombre sí ya le dicho mil veces que sí. El niño pega el león en la columna de los carnívoros, toma otro papel y vuelve al sofá para que el papá le ponga ega.


Él le dice que se apure que le va servir la comida y el niño le dice que ya casi, pega a la hiena en los carnívoros y le dice al papá que ellos son omnívoros porque pueden comer de todo y él le dice que no, que son omnívoros porque comen lo que pueden. El niño vuelve a mirarlo como si el papá no supiera nada. cierra el cuaderno y van juntos a la cocina. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

Guatín

Orlando pasó tres días perdido en el monte y asegura que los guatines lo salvaron, que sin ellos no hubiera sabido cómo volver, los vio salir de entre los matorrales, pequeños he indiferentes a su presencia. Caminó tras ellos y entre caída y caída por la inestabilidad del terreno encontró el río. Nunca son unos pocos y no son menos sólo porque no se noten y están ahí aunque yo pase semanas sin recordarlos. Orlando dice eso cada que se interna en lo más espeso de la montaña buscando a los guatines. Le dicen que ya no queda ninguno, que los cazaron todos. También le dicen que él seguro se soñó viendo animales porque los guatines eran ariscos. Orlando no sabe que el mismo día que él volvió a casa los guatines desaparecieron, se fueron lejos. No sabe que fue el último en verlos y tal vez nunca sepa cómo su presencia contribuyó con esa partida. 

martes, 9 de mayo de 2017

Sobar


Ya se van a llevar el carro, mire.
Don Fabio va llorar, que pesar de él, pero por qué lo vendió, será que va comprar otro.
Otro no, lo vendieron porque van dizque a montar un negocio, no ve que la mujer se quedó sin trabajo.
Que pesar, don Fabio como quiere de harto ese carro.
Lo quiere es poquito, es que él pasaba más tiempo acariciándolo que manejándolo, a veces lo sacaba del garaje no más para lavarlo y para sobarlo toda la tarde con un trapo y volverlo a guardar.
Entonces a que va hacer ahora don Fabio, qué va sobar.
Le tocara sobarse las pelotas.
Mejor y me soba a mí, no espere, que me acaricie mejor que así suena más bonito. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Equipo

Cada que estamos juntos protagonizamos la misma escena y sale impecable como si la hubiéramos ensayado, como si estuviéramos consientes de la representación. Es una pena que por estar metidos en ella no la podamos ver cuando ocurre. Entran abejas al salón, pero no juntas, sino de a una y a cada tanto. La abeja rodea a algunos que se ponen de pie y se desplazan a otro lugar del salón expresando un temor infantil. Otros los que aseguramos no tener miedo decimos que no es para tanto, que dejen la bulla y para rematar la misma historia, que las abejas están en peligro de desaparecer. Entonces esperamos a que la abeja se vaya y la normalidad vuelva y cuando otra abeja aparece volvemos hacer lo mismo. 

viernes, 5 de mayo de 2017

Pepa de aguacate

En una esquina al fondo del local hay una pila de pepas de aguacate, y en la entrada del mismo local un señor usa cuchillos y limas de diferentes tamaños para tallar las pepas. Cada cierto tiempo suelta el cuchillo y se seca el sudor. Le pregunto por su trabajó y me dice que lleva diez años dedicado a eso que le encanta y le da para vivir. Me explica que hay que darles tiempo a las pepas para que se sequen y se pongan duras y siento que me explica antes de que le pregunte porque me ve muy sorprendido tocando las pepas con la delicadeza con la que se toca un aguacate maduro.

Le pregunto por las figuras que talla y me dice que se las dicta la pepa, que él la mira y la toca un rato y empieza a tallar y hay va saliendo la figura, según él la mayoría de las pepas quieren ser una lechuza o una cara de duende o de bruja, muchas pepas quieren ser una A o una M y que casi ninguna quiere ser una Z. Me dice que los llaveros de iniciales se venden muy bien. Le pregunto que si alguna pepa ha querido ser Darth Vader y me dice que una vez le encargaron uno pero que no le salió bien.


Me habla de los tipos de lijas que usa y también de las lacas y pinturas, lo que más le cuesta es justamente pintarlas. Guardo la grabadora y la libreta en la mochila y le agradezco al señor por su tiempo y me dice que cómo así qué ya me voy a ir y que si no le voy a preguntar cómo perdió la pierna derecha. Le digo que no le pregunté por la pierna porque lo que importa es su habilidad, su talento para tallar y el señor me dice que está tallando una pierna para él. No sé qué decir, me siento muy pendejo, sacó la grabadora otra vez y él me habla de la pierna perdida sin dejar de tallar. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...