La
asociación unida de ladrones, atracadores estafadores y embusteros de Río Seco
se vio obligada a designar nuevo director justo un mes antes de la ceremonia de
premiación al mejor ladrón del año. En el informe mensual que llega puntual a
todos los miembros se explica con detalle en una larga editorial cual será el
futuro de la organización y las razones que motivaron la salida del anterior
director alias “Marcos Quiroz”. Articulo aparte se describen las cualidades del
nuevo director y su preparación para asumir el cargo, “alias Pedro, vendedor de
rifas chimbas, falsificador de monedas de quinientos pesos, organizador de
excursiones estudiantiles que no llegan a ninguna parte, dos veces alcalde,
fundador de reconocidas pirámides, vendedor de productos por catalogó entre
otras cuantas actividades de las que es mejor no hablar para no dar pistas de
los negocios y los grandes golpes es el encargado de mantener el buen nombre de
la asociación, su primer reto será organizar la nueva versión del ladrón del
año, el evento más esperado por los asociados que ponen todo el empeño en su
trabajo explorando los límites de su creatividad con el único objetivo de ganar
el galardón”. El mismo boletín también
dedica unas cuantas paginas a reseñar los mejores trabajos de los
apartamenteros de la región, un artículo con marcado tono de nostalgia que
invita a los lectores a evitar que la tradición de vaciar hogares quede en el
olvido.
Como
todo líder nuevo en el cargo Pedro asumió el control de la asociación con
innovadoras ideas que apostaban por reformar la asociación iniciando con el mayor símbolo de unión entre dueños de lo ajeno la ceremonia de premiación a
mejor ladrón del año. El galardón se entregaba al autor y ejecutor del mejor
golpe teniendo en cuenta la planeación y la complejidad de su realización más
que las ganancias obtenidas al final del trabajo, eso explicaba que en
ceremonias anteriores los expertos de la asociación hubieran postulado a un
ladrón de bancos en la misma categoría que a un atracador de buses que
consiguió quedarse con la peluca de una señora que viajaba sola y de pie junto
a la puerta de salida sin que está se diera cuenta de que se bajaba en su
destino con la cabeza descubierta. Incluso había un ganador del galardón a
mejor ladrón del año por haberle cambiado a un niño un helado de vainilla y
cuatro canicas azules por un jugo de remolacha antes de que el helado se derritiera.
La
propuesta de Pedro fue recibida con sospecha por la junta directiva de la
asociación. Los viejos expertos encargados de examinar los trabajos se quedaron
con sus postulados preparados. Según decía Pedro era mejor que los mantuvieran
en secreto, teniendo en cuenta que la ceremonia ese año iba a cambiar. El
ladrón del año ya no sería un galardón entregado como reconocimiento al talento
sino que por su talento insuperable el mejor ladrón del año sería el que en esa
ocasión robara primero que los otros el galardón que estaría ubicado en el
centro de la asociación.
El
tipo se levantó de la mesa y me dijo que iba al baño y me señaló una botella de
cerveza vacía, le sonreí y me tomé el trago que quedaba en la botella, tenía
otra cerveza por empezar justo al lado. Llegué temprano al billar, me senté
afuera, la tarde caía y yo esperaba que apareciera mi cuñado que según me había
dicho por teléfono me iba a pagar el millón de pesos que me debía desde hacía
mes y medio. Me gusta ese billar pero no voy a menos que mi cuñado me invite,
él es buen jugador, yo no lo soy tanto, sin embargo nos divertimos. El dueño
del lugar es amigo de él, cuando yo llegó solo nos saludamos con gustó y
hablamos de fútbol o del titular más espavientoso del noticiero del medio día.
Mi
experiencia en billares y bares de barrio que no es mucha me ha enseñado que el
éxito del lugar tiene que ver directamente con el dueño. Si los locales están
llenos es que los dueños tienen muchos amigos, y para que tengan muchos amigos
los dueños deben tener ciertas características particulares, por ejemplo si el
dueño o administrador de un billar no sabe jugar billar ya está quebrado. Los
dueños deben saber jugar, deben tomar y tomar mucho, no basta con que tomen
deben ser además los últimos en quedar en pie porque son ellos los que cobran
las cuentas. Además de eso deben ser buenos conversadores. Cuando voy a ese
billar del amigo de mi cuñado o a un bar cualquiera veo que los que llegan
solos no se quedan solos nunca porque de inmediato el dueño llega y les
pregunta que van a tomar les sirve y luego se queda conversando con ellos dando
tiempo de que llegue algún amigo o a que el recién llegado se una a una barra
ya formada o empiece a jugar.
Conmigo
pasa lo mismo llegó al billar me siento en una de las mesas de afuera, saludó
al amigo de mi cuñado y pido una cerveza y me pongo hablar con el tipo, me
pregunta por mi cuñado y le digo que viene en camino, me dice que hace tiempo
no lo ve y yo le digo que el trabajo lo tiene sepultado. A veces no es solo que
el dueño del billar hable con los que están solo sino que además los relaciona
con otros clientes con otros visitantes frecuentes del lugar y así después de
un tiempo yendo a esos billares la gente termina conociéndose toda y estableciendo
amistades.
Yo
estaba ahí sentado cuando llegó el tipo, un hombre flaco y alto de cabello
caído a la frente, de un caminar cansado y tés muy pálida, como ver llegar a la
peor versión de Drácula, fue hasta la barra y pidió una cerveza. El dueño del
billar lo saludó de buen humor y el hombre respondió con una sonrisa que salió
escasa de ese rostro cansado.
El
dueño del billar me habló por un momento y luego regresó a la barra para hablar
con el recién llegado, no hizo falta mucho tiempo para que el amigo de mi
cuñado nos presentara al viejo y a mí, los dos estábamos solos y como era de
esperarse la presentación nos comprometió a ambos a hacernos compañía por un
momento, en mi caso mientras llegaba mi cuñado en el caso del viejo mientras
empezaba a jugar.
Me
hubiera quedado con la boca cerrada después del saludo sino hubiera sido porque
el viejo rompió el hielo con las preguntas de siempre y me atrapó en una
historia de esas que solo pueden contar quienes han vivido mucho o mejor
quienes han hecho muchas cosas en su vida. Me preguntó en que trabajaba y yo le
dije que tenía mi propia vidriería. El tipo dijo de inmediato que no se lo
imaginaban, que yo tenía cara de ser estudiado, de ser de esos que trabaja de
saco y corbata. Me reí y le dije que sí había ido a la universidad pero que no
siempre uno podía quedarse ejerciendo lo que había estudiado que en la vida uno
debía ser práctico y que sí algo estaba dando plata entonces ahí estaba el
lugar de uno. Al tipo le agradó mi respuesta, me dio un par de palmadas en la
espalda y me dijo que estaba de acuerdo que el también creía lo mismo, que uno
tenía que moverse y buscar los negocios porque al fin de cuentas lo que
importaba era cuánta plata se podía ganar y si quedaba tiempo al final del día
para respirar pues mucho mejor, dijo el viejo señalando el lugar y la gente que
estaba en el billar jugando y conversando. Me preguntó si quería jugar pero le
dije que no.
El
viejo me dijo que a él le había gustado la plata desde siempre y que por eso
cuando trabajaba no tenía problema en sacar tajada y en tumbar al que fuera, había
estado en el sector público y en el sector privado y en los dos había sido
contratista, también había estado en política y hasta había vendido rifas,
según me decía el viejo había hecho de todo y no se ponía con remilgos a la
hora de enredar a los otros para ganar más. Hablaba sonriente como si
disfrutara de los recuerdos y yo lo detallaba buscando algún rastro de dinero
en él, en su ropa, sus zapatos, alguna joya o algo parecido, pero no, no tenía
nada incluso su ropa se veía descuidada y raída. Mi cuñado me llamó y respondí el teléfono sin levantarme de la mesa, el viejo me miraba hablar. Me dijo
que sí en media hora no llegaba que no lo esperará más, se le había presentado
un problema en el trabajo, pero que no me preocupara por la plata. Le colgué y el viejo me preguntó si pasaba algo, le dije que no, que era mi cuñado y parecía que ya no iba a venir. El viejo dijo que mi cuñado era buen jugador.
Pedí
otro par de cervezas y seguí escuchando al viejo tenía curiosidad por conocer
el final de la historia, pero el viejo se fue por las ramas y me habló de su
estado de salud y de los años que pesan en el cuerpo, los abuelos no tumban a
nadie, dijo el viejo.
Las
tres mesas de billar estaban ocupadas y la gente jugaba animada, afuera al
frente de la mesa donde yo estaba sentado jugaban sapo y en la mesa de al lado
unos tipo jugaban un juego con cartas que no identifique. Yo me tomé la cerveza
y estaba listo para irme, ya había pasado una hora y mi cuñado no había
llegado, busque al viejo por todo el local pero no lo vi. Fui al baño creyendo
que le había pasado algo pero no había nadie, estando ahí use el orinal, salí y
fui a la barra para pagar, el dueño del bar me preguntó por mi cuñado y le dije
que no iba a venir que se le había presentado algo, el tipo me recibió el
billete y mientras esperaba que me devolviera le pregunté por el viejo. El
dueño del billar me dijo que si se había ido sin despedirse y le dije que sí.
Él soltó una carcajada y me preguntó que si me había estado contando historias
de ladrones y le dije que sí. Guarde las vueltas en el bolsillo de atrás
mientras el tipo del billar me contaba que el viejo hacía eso con frecuencia,
se iba sin despedirse dejando las historias a medias. No le dije nada al tipo y
me despedí, salí del billar y caminé por el separador vial que estaba al frente
del local. El viejo era un pillo, me dije, seguía siendo un ladrón y me había
robado el final de una historia.