jueves, 19 de enero de 2017

Ladrón del año


La asociación unida de ladrones, atracadores estafadores y embusteros de Río Seco se vio obligada a designar nuevo director justo un mes antes de la ceremonia de premiación al mejor ladrón del año. En el informe mensual que llega puntual a todos los miembros se explica con detalle en una larga editorial cual será el futuro de la organización y las razones que motivaron la salida del anterior director alias “Marcos Quiroz”. Articulo aparte se describen las cualidades del nuevo director y su preparación para asumir el cargo, “alias Pedro, vendedor de rifas chimbas, falsificador de monedas de quinientos pesos, organizador de excursiones estudiantiles que no llegan a ninguna parte, dos veces alcalde, fundador de reconocidas pirámides, vendedor de productos por catalogó entre otras cuantas actividades de las que es mejor no hablar para no dar pistas de los negocios y los grandes golpes es el encargado de mantener el buen nombre de la asociación, su primer reto será organizar la nueva versión del ladrón del año, el evento más esperado por los asociados que ponen todo el empeño en su trabajo explorando los límites de su creatividad con el único objetivo de ganar el galardón”.  El mismo boletín también dedica unas cuantas paginas a reseñar los mejores trabajos de los apartamenteros de la región, un artículo con marcado tono de nostalgia que invita a los lectores a evitar que la tradición de vaciar hogares quede en el olvido.

Como todo líder nuevo en el cargo Pedro asumió el control de la asociación con innovadoras ideas que apostaban por reformar la asociación iniciando con el mayor símbolo de unión entre dueños de lo ajeno la ceremonia de premiación a mejor ladrón del año. El galardón se entregaba al autor y ejecutor del mejor golpe teniendo en cuenta la planeación y la complejidad de su realización más que las ganancias obtenidas al final del trabajo, eso explicaba que en ceremonias anteriores los expertos de la asociación hubieran postulado a un ladrón de bancos en la misma categoría que a un atracador de buses que consiguió quedarse con la peluca de una señora que viajaba sola y de pie junto a la puerta de salida sin que está se diera cuenta de que se bajaba en su destino con la cabeza descubierta. Incluso había un ganador del galardón a mejor ladrón del año por haberle cambiado a un niño un helado de vainilla y cuatro canicas azules por un jugo de remolacha antes de que el helado se derritiera.

La propuesta de Pedro fue recibida con sospecha por la junta directiva de la asociación. Los viejos expertos encargados de examinar los trabajos se quedaron con sus postulados preparados. Según decía Pedro era mejor que los mantuvieran en secreto, teniendo en cuenta que la ceremonia ese año iba a cambiar. El ladrón del año ya no sería un galardón entregado como reconocimiento al talento sino que por su talento insuperable el mejor ladrón del año sería el que en esa ocasión robara primero que los otros el galardón que estaría ubicado en el centro de la asociación.

El tipo se levantó de la mesa y me dijo que iba al baño y me señaló una botella de cerveza vacía, le sonreí y me tomé el trago que quedaba en la botella, tenía otra cerveza por empezar justo al lado. Llegué temprano al billar, me senté afuera, la tarde caía y yo esperaba que apareciera mi cuñado que según me había dicho por teléfono me iba a pagar el millón de pesos que me debía desde hacía mes y medio. Me gusta ese billar pero no voy a menos que mi cuñado me invite, él es buen jugador, yo no lo soy tanto, sin embargo nos divertimos. El dueño del lugar es amigo de él, cuando yo llegó solo nos saludamos con gustó y hablamos de fútbol o del titular más espavientoso del noticiero del medio día.

Mi experiencia en billares y bares de barrio que no es mucha me ha enseñado que el éxito del lugar tiene que ver directamente con el dueño. Si los locales están llenos es que los dueños tienen muchos amigos, y para que tengan muchos amigos los dueños deben tener ciertas características particulares, por ejemplo si el dueño o administrador de un billar no sabe jugar billar ya está quebrado. Los dueños deben saber jugar, deben tomar y tomar mucho, no basta con que tomen deben ser además los últimos en quedar en pie porque son ellos los que cobran las cuentas. Además de eso deben ser buenos conversadores. Cuando voy a ese billar del amigo de mi cuñado o a un bar cualquiera veo que los que llegan solos no se quedan solos nunca porque de inmediato el dueño llega y les pregunta que van a tomar les sirve y luego se queda conversando con ellos dando tiempo de que llegue algún amigo o a que el recién llegado se una a una barra ya formada o empiece a jugar.

Conmigo pasa lo mismo llegó al billar me siento en una de las mesas de afuera, saludó al amigo de mi cuñado y pido una cerveza y me pongo hablar con el tipo, me pregunta por mi cuñado y le digo que viene en camino, me dice que hace tiempo no lo ve y yo le digo que el trabajo lo tiene sepultado. A veces no es solo que el dueño del billar hable con los que están solo sino que además los relaciona con otros clientes con otros visitantes frecuentes del lugar y así después de un tiempo yendo a esos billares la gente termina conociéndose toda y estableciendo amistades.

Yo estaba ahí sentado cuando llegó el tipo, un hombre flaco y alto de cabello caído a la frente, de un caminar cansado y tés muy pálida, como ver llegar a la peor versión de Drácula, fue hasta la barra y pidió una cerveza. El dueño del billar lo saludó de buen humor y el hombre respondió con una sonrisa que salió escasa de ese rostro cansado.
El dueño del billar me habló por un momento y luego regresó a la barra para hablar con el recién llegado, no hizo falta mucho tiempo para que el amigo de mi cuñado nos presentara al viejo y a mí, los dos estábamos solos y como era de esperarse la presentación nos comprometió a ambos a hacernos compañía por un momento, en mi caso mientras llegaba mi cuñado en el caso del viejo mientras empezaba a jugar.

Me hubiera quedado con la boca cerrada después del saludo sino hubiera sido porque el viejo rompió el hielo con las preguntas de siempre y me atrapó en una historia de esas que solo pueden contar quienes han vivido mucho o mejor quienes han hecho muchas cosas en su vida. Me preguntó en que trabajaba y yo le dije que tenía mi propia vidriería. El tipo dijo de inmediato que no se lo imaginaban, que yo tenía cara de ser estudiado, de ser de esos que trabaja de saco y corbata. Me reí y le dije que sí había ido a la universidad pero que no siempre uno podía quedarse ejerciendo lo que había estudiado que en la vida uno debía ser práctico y que sí algo estaba dando plata entonces ahí estaba el lugar de uno. Al tipo le agradó mi respuesta, me dio un par de palmadas en la espalda y me dijo que estaba de acuerdo que el también creía lo mismo, que uno tenía que moverse y buscar los negocios porque al fin de cuentas lo que importaba era cuánta plata se podía ganar y si quedaba tiempo al final del día para respirar pues mucho mejor, dijo el viejo señalando el lugar y la gente que estaba en el billar jugando y conversando. Me preguntó si quería jugar pero le dije que no.

El viejo me dijo que a él le había gustado la plata desde siempre y que por eso cuando trabajaba no tenía problema en sacar tajada y en tumbar al que fuera, había estado en el sector público y en el sector privado y en los dos había sido contratista, también había estado en política y hasta había vendido rifas, según me decía el viejo había hecho de todo y no se ponía con remilgos a la hora de enredar a los otros para ganar más. Hablaba sonriente como si disfrutara de los recuerdos y yo lo detallaba buscando algún rastro de dinero en él, en su ropa, sus zapatos, alguna joya o algo parecido, pero no, no tenía nada incluso su ropa se veía descuidada y raída. Mi cuñado me llamó y respondí el teléfono sin levantarme de la mesa, el viejo me miraba hablar. Me dijo que sí en media hora no llegaba que no lo esperará más, se le había presentado un problema en el trabajo, pero que no me preocupara por la plata. Le colgué y el viejo me preguntó si pasaba algo, le dije que no, que era mi cuñado y parecía que ya no iba a venir. El viejo dijo que mi cuñado era buen jugador. 

Pedí otro par de cervezas y seguí escuchando al viejo tenía curiosidad por conocer el final de la historia, pero el viejo se fue por las ramas y me habló de su estado de salud y de los años que pesan en el cuerpo, los abuelos no tumban a nadie, dijo el viejo.


Las tres mesas de billar estaban ocupadas y la gente jugaba animada, afuera al frente de la mesa donde yo estaba sentado jugaban sapo y en la mesa de al lado unos tipo jugaban un juego con cartas que no identifique. Yo me tomé la cerveza y estaba listo para irme, ya había pasado una hora y mi cuñado no había llegado, busque al viejo por todo el local pero no lo vi. Fui al baño creyendo que le había pasado algo pero no había nadie, estando ahí use el orinal, salí y fui a la barra para pagar, el dueño del bar me preguntó por mi cuñado y le dije que no iba a venir que se le había presentado algo, el tipo me recibió el billete y mientras esperaba que me devolviera le pregunté por el viejo. El dueño del billar me dijo que si se había ido sin despedirse y le dije que sí. Él soltó una carcajada y me preguntó que si me había estado contando historias de ladrones y le dije que sí. Guarde las vueltas en el bolsillo de atrás mientras el tipo del billar me contaba que el viejo hacía eso con frecuencia, se iba sin despedirse dejando las historias a medias. No le dije nada al tipo y me despedí, salí del billar y caminé por el separador vial que estaba al frente del local. El viejo era un pillo, me dije, seguía siendo un ladrón y me había robado el final de una historia. 

martes, 20 de diciembre de 2016

Whisky


Todas las tardes José saca uno de los parlantes del equipo de sonido a la calle, abre la puerta garaje y se sienta en una mecedora al lado del parlante a tomar whisky y a escuchar salsa y bolero. Juan pasa por ahí bien vestido y perfumando rumbo a la casa de su novia y siempre saluda formalmente a José que le responde con parquedad entre dientes. José bebe solo y su esposa o su hija cada cierto tiempo traen hielo y se lo ponen en el vaso. Algunas vecinas se molestan por el volumen de la música y cada tanto se acercan a pedir que le baje un poco, a veces José las complace y otras no, le gusta decirles que si les incomoda mucho se pueden ir porque para eso él es propietario y ellas arrendatarias.

La novia de juan no sabe por qué él siempre lo saluda con tanta amabilidad sabiendo que el viejo es un amargado y en la cuadra no lo quiere nadie. Juan le dice que el señor puede ser un cliente porque él tiene un primo que va a empezar a trabajar con licor de contrabando y le ha dicho que el negocio es bueno y como el viejo toma todos los días pues hay que ofrecerle. Ella no le presta atención. Juan tiene un proyecto nuevo y distinto que lo va llenar de plata cada que se ven y nunca realiza ninguno aunque cuando los emprende es peor y siempre termina endeudado.

Juan siguió yendo a la casa de su novia y siguió saludando a José y el día que su primo le dijo que ya tenía mercancía para vender Juan se detuvo en la casa del viejo y no solo lo saludó de lejos sino que se acercó a la mecedora donde estaba sentado y taciturno y le ofreció la mano, el viejo levantó un poco la cabeza y lo miró con disgusto como si fuera un árbol que le hace mala sombra, sostuvo la mirada por unos segundos y luego apretó la mano de muchacho.

El viejo le dio un sorbo al vaso sin dejar de mirar a Juan que dé pie a su lado le decía que lo veía siempre tomando whisky y que por eso le hablaba porque él estaba vendiéndolo a buen precio y que tenía de varias marcas, Juan fue interrumpido por José que empezó a seguir la canción que sonaba en el parlante, José notó la cara de desconcierto del muchacho pero siguió cantando. A Juan sus largos días de trabajo vendiendo rifas lo prepararon para lidiar con las muchas circunstancias a las que puede acudir el posible comprador para decir “no gracias”, también aprendió que a una persona no se le ofrece nunca una sola vez, hay que ofrecerle varias, hasta el cansancio si es posible como si fuera una carrera en la que el perdedor es el que se cansa primero. Ese día viendo a su cliente potencial cantar Juan dejó de hablar del licor y empezó a contarle a José que su papá cada que había una fiesta en la casa repetía esa canción de Héctor Lavoe que él estaba cantando una y otra vez hasta que su mamá se enojaba y le decía que si no tenía música no hiciera fiestas ni comprara equipo de sonido, que con un radio de pilas era suficiente para oír emisoras. El interés de José en lo que decía Juan se notó en su silencio, dejó de cantar y le dio otro sorbo al vaso. Antes de que José hablara el muchacho le dijo que debía seguir porque su novia lo esperaba que luego seguían conversando y dio media vuelta y siguió su camino, ahí la cara de desconcierto la tuvo el viejo y a diferencia de él Juan no lo notó.

La novia de juan le dijo cuándo le abrió la puerta que si quería se podía ir, que con la hora que era seguro ya no alcanzaban a llegar a ninguna parte. Juan le dijo que no exagerara que no era tan tarde y le contó que se había quedado hablando un rato con el vecino. La novia le dijo que era el colmo que se perdiera la mitad del concierto porque a él se le había ocurrido hacerle visita a ese viejo borracho pero Juan se defendió, no eran ninguna visita, eran negocios, había tenido su primer acercamiento con el cliente. La novia preguntó por el número de botellas vendidas y Juan le respondió que de momento ninguna y la novia le dijo que entonces sí se estaban perdiendo el concierto tras de nada, que con él siempre era lo mismo.

La displicencia de José en el segundo intento de Juan por hacer negocios fue menor. No empezó por ofrecerle licor como lo había hecho antes, en lugar de eso le habló de música y José le dijo que a él más que la música le gustaba era tomar con música y luego como si ya estuvieran en confianza le preguntó que si él no tenía nada más que hacer que correr a toda hora para la casa de esa muchacha. Juan sin mostrarse afectado le dijo al viejo que sí tenía más que hacer que por lo regular corría a la casa de tres o cuatro muchachas porque teniendo una sola le quedaban mucho tiempo libre. La sonrisa cínica que acompañó las palabras de Juan no fue suficiente para convencer a José de sus dotes de casanova. Seguramente para tener la lengua tan ligera hace falta estar desocupado, él también conocía a más de uno que tenía como trabajo de tiempo completo ir por ahí hablando mierda.

Los acercamientos entre José y Juan se siguieron dando sin que la venta se definiera pero juan no se daba por vencido y venderle a José aunque fuera una sola botella de whisky se le convirtió en un reto, en la manera de demostrarle a su novia que a él no le quedaba grande nada y eso porque ella desde el principio le dijo que ese viejo no compraba nada. Juan le estrechó la mano a José y le entregó una botella de 18 años que el viejo observó atentamente como si dudara de su procedencia, juan le dijo que la abriera tranquilo que no era adulterada sino contrabandeada y el viejo soltó la carcajada. Juan creía que regalándole una botella al viejo lo iba a convencer pero el viejo no la destapó y no se quedó con ella, le dijo que él no necesitaba comprar licor que si algo necesitaba comprar era tal vez garganta porque esa botella y señaló la botella que tenía en el piso al lado de la mecedora no se agotaba nunca, era una botella sin fondo. Juan le dijo que ya estaba entiendo quién era el que hablaba mierda en tiempo completo.

José llamó a su mujer que no tardó en salir, la señora sonriente saludó a Juan que seguía de pie al lado del viejo y le preguntó a su marido qué necesitaba, el viejo le pidió le trajera otro vaso, la señora fue la cocina y rápidamente regresó, José le indico que le entregara el vaso al muchacho y él lo recibió sonriente.  José tomó la botella del piso la destapó y empezó a servirle un trago a Juan el whisky cayó rápidamente en el vaso y lo fue llenando, Juan lo sostenía firme y lo miraba inquieto como si el viejo no fuera a parar; el vaso se llenó hasta el borde y Juan empezó a mojarse los dedos con el whisky, le dijo a José que parará que viera que lo estaba votando y el viejo no hizo caso, el muchacho retiró el vaso del chorro de licor que seguía cayendo y mojaba el piso, José sostenía la botella sonriente y el licor caía y caía, Juan miraba al viejo y a la botella que ya debería estar vacía, el viejo se cansó y tapó de nuevo la botella y la puso donde estaba completamente llena.

Juan se apresuró a levantar la botella para observarla con detenimiento, intentaba hablar pero las palabras se le quedaban atrapadas en la garganta, José disfrutaba de la situación sentado en su mecedora. Pasados unos minutos Juan le dijo a José que con esa maravilla podían hacer negocios. José vio en la cara del muchacho su deseo de llenar botellas y la expresión en su rostro cambió, ya no parecía divertido sino acongojado. El viejo le dijo que no era como él creía que con esa botella no se podía ganar plata, esa botella estaba vigilada por una mirada omnipotente. Juan miró al viejo con sospecha y le dijo que de todos modos él con una botella de esas mantendría de fiesta con los amigos y José le dijo que ese era uno de los tantos precios a pagar por la botella que había que tomar solo. Juan quería saber más pero José se adelantó y le dijo que no pensaba explicarle cómo la había conseguido que se sintiera afortunado con haberla visto. Juan sin salir aún de la sombró se despidió del viejo y fue a la casa de su novia pensando en José y en la botella, no le diría nada a ella la dejaría creer en su incapacidad de vender. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Cuando ella faltó


Mejor averiguar bien a ver cómo es, a mí me han dicho que uno alquila o compra el lote y entonces la puede dejar ahí lo que uno quiera, dijo el viejo. Estaban sentados en una de las esquinas de la sala en una banca larga, había llegado poca gente pero aún era temprano.

De todos modos apa eso hay que hacerlo este año porque el tiempo ya se cumplió, no demoran en llamar a recordarnos el asunto, dijo la hija mayor que estaba sentada al lado del viejo. Fueron de los primeros en llegar.  El viejo refunfuño irritado diciendo que uno no podía ser ni el primero ni el último en llegar ni aunque se tratara de un velorio. La hija intentó tranquilizarlo diciéndole que era mejor así, ellos no se podían quedar hasta tarde porque había que madrugar, que no se le olvidara la cita a las seis de la mañana en la clínica para hacerse los exámenes que le había ordenado el médico.

El viejo empezó a quejarse de frío, es que acá deberían repartir tinto, dijo. La hija se levantó de la banca fue a la cafetería y volvió con aromática para ella y tinto para él, se lo entregó y le dijo que lo probara a ver si estaba bien de dulce, el viejo le dijo que estaba como él lo necesitaba, con poquita azúcar y caliente. La gente iba llegando y la familia no se separaba del ataúd, algunos conocidos se acercaban saludaban y se alejaban formando pequeños grupos de cuchicheo que ocupaban toda la sala de velación

Mire que a mí me han dicho que esa gente que toma tanta droga se demora mucho en descomponerse y con la cantidad de droga que tomó su mamá toda la vida, eso que pastas de esto y de lo otro, que inyecciones y eso era todos los días que ella tomaba droga y eso desde que era soltera, yo me acuerdo, cuánta plata no le gasté yo a su mamá llevándola a donde dijeran que había un medico bueno. Y ni que decir de ahora último cuando ya le dijeron que era cáncer, dijo el viejo. La hija asentía y lo miraba atenta como si esperará alguna novedad en lo que él decía. Ella sabía que su mamá había estado enferma toda la vida y que con cada parto se iba poniendo peor, lo sabía porque ella como hija mayor tuvo que cuidar a varios de sus hermanos y con la ayuda de una de sus hermanas la cuidó cuando estuvo reducida a la cama hasta que murió.

El velorio era de un vecino del viejo, un señor de ochenta años que había muerto en el hospital después de dos semanas en cuidados intensivos. Ahora el más anciano de la cuadra soy yo, dijo el viejo. Su hija sonrió tocándole un hombro, era raro verlo frágil. Si fuera solo viejo pero uno tan enfermo y con esa diabetes y ese colesterol por las nubes a toda hora sigo diciendo el viejo.

Vea que allá en el pueblo yo me acuerdo que cuando fueron a sacar los restos de la esposa de don Calisto Cárdenas la encontraron completa dizque momificada, yo no sé porque yo no la vi, pero era lo que todo el mundo decía, después de eso encontraron otros cuerpos momificados. Eso dizque ese señor casi se muere de la impresión cuando vio a la mujer así y dizque se la iba a llevar para la casa pero que los hijos no lo dejaron, pero él estaba decidido a llevársela. Al final como que la despedazaron.

Había escuchado esa historia varías veces, incluso la había contado su mamá y a ella y a sus hermanos siempre les pareció curiosa y medio macabra, lo que no se imaginó nunca era que su papá pudiera tener miedo de sacar los restos de su mamá porque creía en lo que había oído toda la vida en el pueblo.

Yo no creo que eso de los medicamentos sea verdad apa, vea la cantidad de gente que los toma y los casos de momias son curiosos precisamente por eso porque son escasos, el motivo debe ser otro, que va a saber uno cuál, de todos modos si usted quiere podemos averiguar lo que usted dice de pagar un tiempo más por el lote para evitar sacar los restos el otro año, pero también creo y me parece que lo mejor es hacerlo cuando es y no ponernos a darle alargues, yo sé que eso no es ni cómodo ni agradable pero hay que hacerlo, dijo la hija.

El viejo guardó silencio y vio cómo iba llegando más gente y la sala de la funeraria se llenaba, aunque había estado más llena cuando velaron a su mujer. La charla entre padre e hija se detuvo para dar paso a conversaciones más impersonales pero no menos transcendentales con vecinos y amigos.

Desde que ella faltó a mí me dan muy duro venir a estas cosas, le decía el viejo a los vecinos con los que hablaba, es que desde que ella faltó para mí ya nada tiene gusto. La hija lo escuchaba atenta y curiosa, le causaba gracia que su papá siempre le hubiera quitado el nombre a su mamá, cuando le hablaba le decía “ole” o “mija” y después de muerta siempre decía “ella”.

Antes de irse el viejo y la hija se acercaron a la familia del fallecido para despedirse y preguntar a qué hora sería el entierro, les dijeron que solo iba a haber una misa a las tres de la tarde y que lo iban a cremar. El viejo miró como admirado por su fortuna a la señora que le hablaba como si fuera la feliz ganadora de una lotería. Si ve lo bueno pa ella, ya no le toca ponerse a joder sacando restos ni nada sino que ya se salen, le dijo el viejo a su hija mientras esperaban taxi en la calle, él se apoyaba con una mano en su bastón y con la otra mano en el hombro de ella.  Yo siempre dije que cremáramos a su mamá pero no, como a ustedes no se les dio la gana y como uno se va volviendo viejo y ya la autoridad de uno no vale pa puta mierda entonces ustedes hicieron lo que se les antojo, como no va ser mejor uno quedarse con las cenizas del ser querido en la casa de uno, dijo el viejo agitado y molesto. Seguro ellos también le tienen miedo a las momias apa, dijo ella. Usted se lo toma todo en chiste, dijo el viejo. No papi como se le ocurre, en chiste no, yo le prometo que si mamá esta momificada como dice usted yo convenzo a los muchachos para que usted se la quede, le dijo ella. El viejo enfadado le iba a responder algo pero en se momento llegó el taxi se subió solo evitando que ella lo ayudara y cerró la puerta, hágale que ella espera otro, dijo el viejo. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Novia

Novio uno
Juan prestó el servicio militar hace poco y aún usa camisetas verde oliva muy ajustadas, volvió del batallón sin un solo peso. Es alto y lleva el cabello al rape. Sonríe cuando saluda a las mujeres y aprieta fuerte la mano cuando saluda a los hombres que lo superan en edad. Vive con su papá y su mamá y lleva días buscando trabajo.

Novio dos
Carlos no se quita nunca la camándula de cuentas de madera negra que le regaló su abuela. Tiene los ojos verdes que no se le ven muy bien porque la gorra que lleva siempre está muy bajita casi tocándole la nariz. Tiene una moto roja y la quiere cambiar porque no es tan veloz como él desea. Vive con su mamá y sus hermanos y está a nada de graduarse del colegio.

Novio tres
Jasón aprendió a reparar computadores sin darse cuenta mientras le ayudaba a un tío que es técnico del Sena y dueño de su propio negocio. Quiere entrar a la universidad pero aún no decide si quedarse o irse de la ciudad.  Tiene las pantorrillas firmes duras y lampiñas, monta en bicicleta a diario por las empinadas pendientes vecinas. Vive solo en un apartaestudio cercano a la casa de su papá.

Novia de los novios uno dos y tres
Vanesa come chicle de menta, no le gusta ningún otro. De cabello largo y piel canela la novia usa shorts muy cortos y pequeños tops. Está repitiendo once porque una profesora que es una porquería que no la quiere la puso a perder. Le gustan las selfis y chatear con amigos. Está aprendiendo inglés y le va muy bien le dicen que tiene mucha felicidad para los idiomas. Le hace ilusión irse a Estados Unidos a vivir con su papá. Vanesa vive con su hermana y con su mamá que hace poco terminó con un novio que la dejó porque iba a volver con su mujer y ahora está saliendo con otro señor más joven.

Visita
El novio dos llegó a la casa de Vanesa y se quedó en la puerta ella tenía el cabello planchado y chanclas altas de plataforma, el novio dos tenía que empinarse para besarla. Hablaban del colegio y de la entrega de boletines entre beso y beso largo con manos del novio deslizándose por las curvas de la novia. El novio dos entró a la casa para ir al baño y Vanesa se quedó en la puerta esperándolo, en ese momento llegó el novio uno. La novia no alcanzó a pensar en una excusa cuando el novio uno y el novio dos estaban cara a cara. No tuvieron que preguntar mucho ni esperar a que Vanesa tartamudeara intentando dar respuestas satisfactorias para darse cuenta de lo que estaba pasando.

Pelea
El novio dos estrujó al novio uno y el novio uno no se dejó, el dos pegó primero y el uno pegó mejor. Después de potentes y certeros puñetazos el novio uno que era más alto domino al novio dos y le apretó el cuello con su brazo derecho como si fuera un experto en llaves de lucha libre.

Vanesa gritaba asustada y hasta el chicle se le salió de la boca y se pegó en el piso, los dos muchachos estaban en la calle y Vanesa pedía a gritos un hombre que la ayudara a separarlos. Un señor que estaba en la tienda de la esquina recostado en la entrada tomándose una cerveza se movió cuando la escuchó gritar y le dijo al tendero que meterse en esas peleas por cuca era un peligro. Los gritos de la novia sirvieron para que saliera su mamá y su hermana y una vecina del frente, entre las tres lograron zafar al novio dos de la llave del novio uno que tomó aire con fuerza mientas se tocaba la garganta y recogía la gorra. El novio uno se lanzó de nuevo al novio dos para agarrarlo de nuevo pero las mujeres lo detuvieron y el novio dos se subió apresurado a su moto, había perdido un zapato en el forcejeo pero lo dejó tirado en la calle, antes de acelerar miró al novio uno y le dijo que iba ir por un fierro pa a volver a totiarlo por hijueputa.  El novio uno le dijo que trajera lo que quisiera que él lo esperaba. Vanesa entró a la casa llorando acompañada de su mamá y su hermana. La vecina también se fue pero antes le dijo al novio uno que mejor se fuera. El novio uno tocó la puerta esperando que vanesa saliera. Se sentó en anden a esperar.

En la tienda el señor que se estaba tomando la cerveza presenciando la pelea sin dejarse ver pidió otra y luego otra y luego otra más y a la quinta cerveza pagó y le dijo al tendero que mejor se iba porque el otro pelao no iba a volver con ningún fierro, está tarde muerto no hubo, dijo.

Visita dos

El novio tres llegó en bicicleta y tocó la puerta de la casa de Vanesa, el novio uno ya se había ido y el novio dos no había vuelto, el novio tres volvió a tocar y nadie le abrió. En la tienda pidió una botella de agua y le preguntó al tendero si él había visto salir Vanesa, el tendero le dijo que él no sabía.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

A mí que no me diga nada


Mercedes sirvió arvejas con arroz y carne frita llevó el plato y un vaso de jugo de lulo al comedor y se fue a ver el noticiero del medio día. Juan se sentó a la mesa y empezó a revolver con desgano la comida, tenía el rostro tan cerca del plato que apenas necesitaba levantar la cuchara. Masticaba con la boca entre abierta haciendo ruidos pegajosos que siempre terminaban irritando a Mercedes.

Cuando se acabó el noticiero ella volvió al comedor y su hermano seguía ahí, había comido muy poco y miraba el plato con los ojos vidriosos. Mercedes se sentó y empezó a leer mensajes en su celular, poco después Juan se levantó, Dios le pagué le dijo y se fue. Mercedes le respondió amén entre dientes y refunfuñando porque su hermano ni de lavar el plato había sido capaz, dejó la mesa y fue la cocina.

-¿Usted qué sabe de Juan?- Preguntó María y Mercedes le dijo que hablara más duró que no la oía.

-Qué más quiere si estoy casi gritando, si no oye cambie ese tiesto por otro, -le dijo María.

-Todas no tenemos con que estar estrenando celular cada ocho días, -dijo Mercedes.

-Ahí va empezar con los cañazos, siempre lo mismo, pero enserio qué ha sabido de Juan,- preguntó María.

-Por qué, qué pasó con Juan pues, él estuvo acá al medio día y yo le pregunté que si ya había almorzado y me dijo que no, entonces le serví almuerzo y ni siquiera comió revolcó todo eso y ahí lo dejó, pero no hablamos ni nada, pues yo como no le pregunto nada, si me habla bien y sino pues no hablamos. Es que a mí el me enoja mucho por bobo, ese es el único que tiene mujer y vive a toda hora con la comida perdida, usted le pregunta a la una de la tarde que sí ya almorzó y que no, le pregunta por la noche que si comió y que no. Que en la casa no le dejaron comida. Que lo que pasa fue que Julia no alcanzó a llegar temprano del trabajo entonces que no hizo almuerzo y así va saliendo siempre con cuentos chimbos. Como si allá no viviera también la suegra y las cuñadas. Muy berraco vivir uno en una casa manteniendo un montón de viejas donde sí se demora en llegar le rifan la comida, -dijo Mercedes con la voz agitada.

-Pues por eso le preguntaba no ve que peleó otra vez con Julia y dizque lo echó de la casa y todo, según eso dizque le empacó la ropa y todo. Pero acá en la casa mía no está y donde papá tampoco y Carmen dice que a la casa de ella tampoco ha ido -dijo María.

-Tan boba ¿pues dónde va a estar? allá debe estar en la casa de él pidiéndole cacao a la vieja esa, rogándole como un guevón que es, además yo no sé usted porque le para tantas bolas, acaso él es un niño pequeñito que no sabe lo que hace, él está viejo, si uno sabe con qué mujer vivir a los casi cuarenta entonces que esperanzas mija por dios.

-No, yo no creo, él debe estar trabajando o algo. -dijo María

-Qué va mija, llámelo y verá que está allá rogándole a la boba esa, -dijo Mercedes.

-Yo lo he llamado pero no contesta, lo estoy llamando desde que Carmen me contó. Es que él fue y le contó a ella, -dijo María.

-Pues claro, ella es la única que todavía le para bolas, a mí no me volvió a decir nada, porque yo lo paré, a toda hora venía acá poniendo quejas de Julia, que Julia está hablando con no se quien por celular, que Julia está enredada con un tipo del gimnasio, que Julia volvió tarde del trabajo y que venía borracha, y eso por no decir más porque él quiere contar toda su vida íntima y decir que Julia es una porquería y al otro día o a los dos días está otra vez con ella como si nada y publicando en Facebook que están felices y ella es lo mejor que le ha pasado en la vida. Ella no lo quiere, no lo tiene ahí sino para que le trabaje, no más. ¿O es que usted cree que de verdad el aborto ese fue natural? Pero juan es un bobo, no le busque más. Y a mí no me diga nada porque le sabe a cacho, -dijo Mercedes.

-Yo no sé pero a mí sí me preocupa lo que pasa con él, uno no sabe que pueda pasar, acuérdese esa vez que terminó con esa novia que tuvo hace tiempo, lo mal que estuvo, mamá casi se muere de la angustia viendo lo mal que estaba. Si no fuera por esa bruja que le pagaron para que lo rezara Juan se hubiera muerto, -dijo María.

-Yo si me acuerdo, pero también me acuerdo que harto le dijo mamá que no se metiera con Julia que no le gustaba para nada y que tenía muy mala fama, desde eso ya sabíamos que ella conocía más palos que una ardilla y que el que no se la había comido era porque no vivía acá, y ahora va a venir el pendejo ese a creer que ella le iba a ser muy fiel. Y también me acuerdo que cuando mamá ya estaba reducida en la cama y hasta el día que se murió le dijo a Juan que lo único que ella deseaba era morirse viéndolo bien emparejado y que esa vieja no era buena pareja de nadie. ¿Y él le paró bolas? Nada, mientras mamá se moría él estaba como conejo con la vieja esa, es que mejor dicho a mí no se me olvida lo que sufrió mamá por culpa del él, -dijo Mercedes.

María se despidió porque tenía que ir al centro hacer una vueltas, no le gustaba cuando su hermana se ponía así, le dijo que si juan volvía a la casa de ella o si sabía algo que la llamara.

Mercedes colgó el celular y fue al patio a sacar una ropa de la lavadora cuando la alcanzó su esposo que había escuchado la conversación de su mujer.

-De todo modos mona su hermano tampoco es ninguna perita en dulce acuérdese también que su mamá decía que estando metido con Julia también seguía viendo a la chiquita esa que tenía como cinco hijos, esa tampoco le gustaba nada a su mamá aunque esa si era muy fea y peligrosa porque esa hasta chuchillo le dio una vez, yo me acuerdo que eso le cogieron varios puntos en la espalda, agradeciendo que no fueron heridas profundas y también me acuerdo que una vez le tiró agua caliente y no lo quemó de puro de buena, -dijo el esposo de Mercedes.

-A mí tampoco se me olvida, es que yo sé bien quien es Juan, por eso es que me enoja que las otras anden de preocupación en preocupación armando tragedias con cualquier pendejada que le pase a él o a cualquiera de los otros, una santa era mi mamá que les lidió tanto resabio a esos guevones, -dijo Mercedes.

El celular volvió a sonar y Mercedes miró la pantalla del aparato, era Carmen, miró a su esposo y le dijo que ahí seguían jodiendo, esperó un momento y al final respondió. Lo que le decía su otra hermana era que Juan estaba en la casa de ella y que había llegado con maleta y todo, que había dejado a Julia. –no llame a María que yo ya le conté.

-¿Bueno y qué fue lo que pasó pues con esos dos, está vez porque pelearon? –Preguntó Mercedes.

-¿Él no le contó? -preguntó Carmen.

-No, no hablamos de eso, no hablamos.

-Pues que mejor le cuente él, -le respondió Carmen, de todos modos según le entendí algo le encontró en el celular, unas conversaciones con otro tipo y unas fotografía de no sé qué cosa.
Mercedes colgó y se sirvió un tinto, le sirvió otro a su marido y se lo tomaron en la cocina, los niños ya se habían dormido.

-Qué dijo, -preguntó el marido.

-Que está en la casa de Carmen y que llevó la maleta, -dijo Mercedes.

Dos días después arrimó a la casa parqueó el taxi afuera, Mercedes le preguntó si ya había almorzado y Juan le dijo que no, que Julia no había alcanzado a llegar del trabajo, le respondió mientras la seguía a la cocina.

-Y fue que usted volvió con ella, -preguntó Mercedes.

-sí, está mañana, -respondió Juan, bajando la voz cómo si le diera vergüenza ser escuchado.


Mercedes que ya había abierto la olla a presión la volvió a cerrar, puso el cucharón y el plato de nuevo en su lugar y se fue a ver el noticiero. Juan volvió a salir de la casa de su hermana sin decir nada. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Recomendar un libro

Me agarraron unas ganas de cagar horribles, sentí esos chuzones en la barriga, ese cólico maluco. Hice memoria y me vi en la mañana sentado en el inodoro leyendo Sin Remedio de Caballero mientras me liberaba sonriente del peso que me había dejado comer tanto el día anterior. Se me hizo raro que en ese momento estuviera así de urgido porque sólo necesito ir al baño una vez al día. Hijueputa me enferme vida hijueputa me repetí en silencio mientras me paraba del asiento que había elegido al lado de la ventanilla. Le pedí permiso a la muchacha que estaba sentada a mi lado y ella me miró molesta como si fuera mi culpa que los buses sean estrechos y que yo sea grande y no cupiera por el par de centímetros que había entre las rodillas de ella y el asiento de adelante que a veces está más atrás de lo que debe porque los reclinan hasta que parezca una cama. 

Corrí por el pasillo del bus y por de buenas que uno es a veces el baño estaba libre y menos mal que fue así porque si no me cago en la ropa, y claro estaba yo ahí sentado directo con una diarrea que ni le digo y ahí pasó lo que siempre pasa que me fui a limpiar y no había papel. Eso pasa siempre en los programas de televisión y yo tengo tanta pinta de celebridad que claro me tocó igual que en las películas.

Ahí sin limpiarme pensaba en las empanadas y la avena que me había tomado antes de subir al bus, no sabía si era culpa de eso pero yo creía que era por eso y no podía dejar de pensar en las manos sudorosas del vendedor. Pero no era culpa de él tampoco, él no tenía nada que ver con la ansiedad mía que me quiere mantener con la boca llena a toda hora. Yo venía lleno pero no podía ver esas empanadas y no comerme una o dos o tres o como cinco que me comí. Aunque también pensaba en la novela de Caballero, sí la tuviera ahí me hubiera puesto a leer y ahí pensé que seguro tener diarrea en un bus era culpa de Escobar el personaje de la novela porque solo a él le pasaban maricadas así.

Bueno entonces empecé a buscar en el bolsillo un pañuelo que siempre cargo porque me tenía que limpiar de algún modo, no me iba a sentar al lado de la muchacha esa que hasta bonita estaba oliendo maluco, pero el pañuelo no estaba, seguro lo llevaba en el maletín que había dejado en mi asiento; y ahí buscando me miré los zapatos y me acordé de las medias y justamente eso hice me quité la media derecha y con ella me limpié y como no me iba a quedar con una media sí con una media no me quité la otra también y con la limpia envolví la sucia y las dejé ahí en el baño. La muchacha me volvió a mirar feo cuando le tocó abrir espacio para que yo pudiera sentarme de nuevo en mi asiento, me acomodé y me quedé dormido y desperté apenas acá.

Yo estaba ahí sentado esperando a mi mujer que se estaba midiendo unos pantalones y escuché toda la historia que el tipo ese le contó a la vendedora que le estaba enseñando unas medias muy cortas y él le explicaba porque le gustaba usar medias largas. Él tenía el morral al hombro y me vio mirándolo de reojo y seguro mientras hablaba notó que yo no perdía detalle de la historia porque me dijo que las largas eran mejores porque en caso de emergencia uno no se untaba. En efecto me había estado mirando mientras hablaba y me aclaraba ese detalle porque puse cara de fastidio cuando lo imagine envolviendo la media sucia en la limpia. El tipo parecía muy simpático así que le di las gracias y le dije que le haría caso. La vendedora que se había divertido mucho con la historia le preguntó después de venderle como cinco pares de medias que por qué estaba ansioso cuando se subió al bus y el tipo nos miró y dijo que era su primera vez moviendo marihuana en buses de servicio público. La muchacha se rió como si el tipo estuviera bromeando. Mi mujer salió me miró mal y dijo que el jean no le gustaba que fuéramos a otro almacén la tomé de la mano y salimos pero antes de llegar al almacén pasamos por una librería porque yo tenía que leer el libro del que había hablado el tipo de las medias. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuidar un niño


¿Oiga mami y es que usted la conoce pues a ella? le preguntó Lorena a Deyanira. El niño brincaba con los pies descalzos en uno de los cojines del sofá de la sala. No, pues conocerla no, ella me compró arepas un par de veces y pues hablamos mientras esperaba, no más, le respondió Deyanira. Jesica llevaba dos semanas viviendo en el barrio y ese puente festivo tenía que viajar a Buenaventura porque un amigo la estaba esperando. No lo puedo llevar él es muy chismoso y es capaz de que va y le cuenta al papá lo que yo hago, dijo Jesica el viernes por la tarde sosteniendo un maletín rojo del hombre araña con la ropa del niño. El papá no lo puede cuidar porque desde que nos dejamos yo no se lo dejo ver sino a ratos. Luego le ofreció a Deyanira cien mil pesos para que se lo cuidara hasta el domingo por la tarde y Deyanira le recibió el maletín con la ropa.

El niño jugaba en la calle cerca al asadero y los clientes le preguntaban a Deyanira si había adoptado al niño, ella les decía que lo estaba cuidando no más y los clientes le decían que no sabían que además de las arepas ella también se dedicaba a cuidar niños. Mientras decía eso el niño corría de un lado para otro con los niños de la cuadra.

Pero muy mala madre me parece, muy mala madre decían las vecinas del barrio mientras esperaban las arepas, cómo se le ocurre que uno va a dejar un hijito de uno por ahí en cualquier lado, en la casa de alguien que uno ni conoce. Pues en cualquier lado tampoco decía otra vecina, lo dejó en la casa de Deyanira y menos mal que fue ahí porque son buena gente y todo, imagínese que lo hubiera dejado en otra parte por ahí en peligro de que cualquier sádico o depravado lo coja y le haga de todo, dios mío bendito por eso es que a veces pasan cosas tan horribles. Una loca esa vieja es una loca, decía una de las vecinas. Y no era para menos porque en esas dos semanas Jesica se había hecho notar en la cuadra. En la primera semana había dejado las llaves dentro de la casa y había roto los vidrios a media noche para poder abrir, pero antes de hacer eso había pateado y puteado la puerta y luego había puteado a la hijueputa calle porque no había ninguna piedra a mano. Los vidrios los quebró con un ladrillo que tomó de una obra en construcción a tres cuadras de distancia. Días después también se oyó gritar a Jesica pero en esa segunda oportunidad los gritos eran porque había ocasionado un pequeño incendio en su cuarto con una vela que había dejado encendida después de quemar un trozo de silicona para pegar un adorno roto en el trasteo, cuando se despertó se encontró con el humero y su ropa quemándose.  El asunto no pasó a mayores aunque Jesica hubiera gritado una y otra vez que llamaran a los bomberos y el niño que la mamá se iba a quedar sin ropa.

Por la noche viéndolo dormir Lorena le decía a su hermana Susana que no se sabía quién estaba más mal, quién estaba más loca si la mamá de ese niño o la mamá de ellas que sin conocer a la vieja esa de nada había aceptado quedarse cuidando a ese niño sin saber si le iban a pagar o no porque la plata no se la había dado, apenas se la había ofrecido, pero eso no era lo peor, qué tal que esa vieja no vuelva, seguía diciendo Lorena y su retahíla parecía el fragmento de un noticiero de radio popular de los que abrían diciendo: “alerta insólito”.  Susana se reía de la angustia de su hermana y para evitar que se tranquilizara le decía que también podía pasar que el niño se aporreaba y la mamá ponía una denuncia por maltrato o podía también denunciar por secuestro y quién dice que no es así. Imagínese usted el testimonio de una mamá loca enloquecida diciendo que la señora de las arepas le robó a su hijo y se lo secuestró y no se lo quiere dar. Susana seguía examinado posibilidades divertida como si descifrara los misterios de una novela negra. Lorena le pedía que se callara que no dijera más bobadas.

El niño tiraba los juguetes al piso y se paraba en ellos. No dañe los carritos, le decía Deyanira y el niño lo hacía con más gusto. Mi mamá me deja pararme en ellos y no me dice nada. Pero yo no soy su mamá y no se va parar más en ellos, si no va jugar bien entonces los recoge y los guarda, dijo Deyanira. El niño se tiró al piso y empezó a llorar y a revolcarse. Susana lo vio mientras entraba a su cuarto y dijo que el niño tenía el culo lleno de hormigas que lo estaba picando. Lorena de pie al lado de su mamá en la entrada de la casa le dijo que dejara de ser ordinaría que ser así de mal hablada no se le veía bien a una mujer, además no son ningunas hormigas, es un berrinche. Tan boba pues yo sé que es un berrinche, usted de donde culo pa las hormigas le dijo Susana a Lorena cerrando la puerta del cuarto. Sí la ve mami lo grosera que es, dijo Lorena y Deyanira no le dijo nada porque estaba apretando los dientes para no soltar la carcajada. El niño se retorció en el piso un rato y se cansó de que ninguna de las tres mujeres de la casa lo mirara.

De todos modos mal no se porta, dijo Deyanira, se come lo que uno le sirve y entre uno que otro berrinche hace hasta caso, se nota mucho que le hace falta es papá y mamá al muchachito, siguió diciéndole Deyanira a su marido que venía de la costa con el camión cargado. Él le dijo lo mismo que Lorena, que sólo a ella se le ocurría metérsele a un gallo de esos, que no quedaba sino esperar a que apareciera la mamá pero si no aparece pues nos quedamos el muchachito ese, dijo el marido y Deyanira se quedó sin saber si hablaba en serio o se estaba burlando.

Bueno y es que la mamá del muchachito no llama ni siquiera para preguntar cómo va el hijo, preguntó Susana cuando Deyanira dijo que saludes les mandaba el papá que aún estaba en la costa. Que va llamar la vieja esa, si ni un número dejó para contactarla se adelantó a responder Lorena.

El niño salió del baño, tenía jabón en las orejas y el cuello mugroso. Deyanira le dijo que se bañara bien que se metiera otra vez al chorro. Él le dijo que no quería. No se puede quedar así, no ve que uno no se mete a bañarse para salir mugroso, le dijo ella. El niño se quedó mirándola sin decir nada mientras iba mojando el piso, siguió al cuarto donde se estaba quedando y se vistió. Deyanira no le insistió más y Lorena le dijo que les iba a tocar hasta enseñarle a bañarse.

Deyanira le daba vuelta a las arepas y le gritaba al niño que no se fuera tan lejos que volviera y jugara cerquita de ella y el niño corría por la cuadra de esquina a esquina. Mientras esperaban las arepas las vecinas seguían haciendo los mismos comentarios y diciendo que esa vieja mamá de ese niño lo que estaba era encartada con él y, que tenía que ser muy triste uno estorbarle hasta a la mamá. Y cuando dijo que volvía preguntó una de las vecinas. Mañana, le respondió Deyanira sin descuidar el asadero y sin darle importancia a los comentarios de sus clientas.


Lorena terminó de plancharse el cabello mientras el niño le preguntaba una y otra vez para donde iba, ella le dijo que la iba recoger su novio para ir a bailar. Susana también había salido con sus amigas. Deyanira veía un programa en la televisión y el niño empezó a jugar a sus pies con los carros después de que ellas se fueran.  Deyanira apagó el televisor y levantó al niño que se había quedado dormido en el piso, lo llevó a la cama, lo cubrió con la cobija y se sentó a su lado lo miró por un momento y con la mano derecha le acarició la frente. 


no sean tan chimbos, compartan las entradas. 


Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...