martes, 5 de julio de 2016

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Los ZBN004 después de anunciar su presencia en la ciudad empezaron a invertir su capital en todas las empresas que estuvieran relacionadas con el proceso y compra de café, tiempo después compraron también los cultivos y cuando los ciudadanos se dieron cuenta el grano ya era propiedad absoluta de los ZBN004. La bebida tan popular entre los ciudadanos era usada por los seres espaciales como combustible para su flota vehicular sin embargo el café que siguieron consumiendo los ciudadanos era producción de los ZBN004, ellos empacaban el residuo del grano después de extraer lo necesario para sostener su movilidad. Aunque los seres del espacio no dijeron abiertamente que pretendían conseguir de su estancia en la tierra. Lo único cierto era que cada vez tenían más poder y su presencia se  extendía en todas las ciudades.

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Los afectados por la revelación de Chucho sobre la pizza con piña arrojaron basuras en su casa por varios días, él la recogía sin chistar, mantener limpio el frente de su casa se le convirtió en un trabajo. Sin embargo después de unas cuantas semanas los atentados cesaron y todo porque una empresa pagó un estudio que desmentía la toxicidad de la pizza con piña que había sido expuesto por Chucho. Aunque la teoría de Chucho era cierta la gente prefirió ignorarla y creer en el estudio pagado por la empresa y en los que le siguieron. Chucho cansado de recoger basuras y de ser maltratado en las calles prefirió también que la gente siguiera comiendo pizza hawaiana.

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James nunca se había comprometido con ninguna mujer, lo suyo era vivir solo y estar siempre disponible a lo que pudiera suceder en sus sesiones dedicadas a coquetearle al  mayor número de mujeres posibles en el día. Viviendo con Amparo se preguntaba qué había pasado con él, en qué momento esa mujer lo había convencido de vivir juntos, en qué momento él accedió y dijo que sí. Amparo le gustaba y saber que había dejado a su marido para estar con él le gustaba más, pensar que era la mejor opción de alguien masajeaba su ego. Que Chucho se quedara solo no le preocupaba. Pero el cabello tapando el lavamanos, las interminables jornadas de aseo de los sábados, el ruido que hacía todos los días cuando se levantaba para ir al trabajo, los abrazos después de tirar a los que no se acostumbraba, y llegar tarde sin saber muy bien que responder cuando ella le preguntara donde estaba. Le gustaba Amparo pero no entendía muy bien porque ella estaba en su casa, no sabía lo que pasaba. Yo no me veía viviendo con alguien me dijo James una vez. Yo no le decía nada, no tenía nada que decirle.

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Chucho siempre ha dicho que es la maldición de las filas, no es sino que yo esté ahí y la fila deja de avanzar sin importar que antes fuera corta o ágil. Yo me pongo en la fila del supermercado para pagar en el cajero y de inmediato las otras filas se mueven con más rapidez y siempre los otros se van primero. Amparo le decía que eso era una tontería. Es por el desespero suyo de pagar y salir de ahí que ve las otras filas avanzar más rápido, le decía Amparo. Yo sí le creía a Chucho porque varías veces había estado en la misma fila con él y no era sino que se saliera para que la fila de nuevo avanzara con rapidez y, no era solo en los supermercados, pasaba también en el cine y en los bancos. Chucho decía que un día iba a llegar a las filas y les iba a pedir plata a todos los que estuvieran ahí y que si no le daban entonces que él se metía y con eso los condenaba a estar esperando tres o cuatro horas más de lo normal. Amparo se enojaba cuando nos escuchaba hablar de eso y decía que si nos daba por hacer eso que ella no nos iba a sacar del calabozo.

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Chucho vino a mi casa de madrugada y me despertó, bajé corriendo abrir la puerta sin saber aún que se trataba de él. Lo miré como pidiéndole una explicación por la hora. Póngase zapatos rápido que vamos a llevar esa banca al parque otra vez, me dijo Chucho cerrando la puerta y sentándose en el sofá de la sala. Hice lo que me pidió sin preguntar nada y nos pusimos manos a la obra. Yo era el más interesado en deshacerme de esa banca, aunque debo decir que después de tanto verla ya hasta me había acostumbrado a verla y hasta me gustaba. Teníamos menos fuerza que el día que la robamos o eso parecía porque sentíamos que la banca pesaba mucho más. Descansamos cada dos o tres pasos y hubo un par de machacones pero llegamos al parque. Fue más fácil cuando no la llevamos, así debe ser siempre creo yo, cuando los ladrones intenta regresarle a uno lo que le roban, con razón a uno no le devuelven nada, dijo Chucho. Debemos ser los únicos que se roban una banca de un parque para devolverla después, le dije a Chucho secándome el sudor con una toalla. ¿La estamos regresando porque James se fue y ya no hay nadie a quien queramos dejar de pie? le pregunté a Chucho. No señor, volvimos a traerla por lo que usted me dijo hace tiempo, porque Amparo no va a regresar.

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El caso de los activistas ambientales asesinados seguía siendo investigado por las autoridades y uno que otro periodista terco. Los informes más recientes aseguraban que los activistas habían sido eliminados por orden del gobierno. En un inicio la opinión pública sospechó de los grandes empresarios que viendo afectados sus intereses por la posible  popularización de tendencias autosostenibles optaron por sacar del camino a los activistas. Esa idea cambió cuando un periodista independiente de credibilidad dudosa por su perfil de conspirador afirmó que los hombres muertos eran todos clones producidos en laboratorios. Otra teoría conspiratoria decían sus colegas para desacreditarlo. Según el periodista era posible que el proyecto de promoción de huertas caseras fuera ordenado por el gobierno como medida de emergencia para disminuir el impacto ambiental, el uso de clones seguro tenía que ver con la posibilidad de pagar un sueldo inferior al establecido por la ley, todo eso según el conspirador se había ido al piso por presiones internas de los grandes empresarios que obligaron al gobierno a eliminar a los activistas. El caso empezaba a tomar forma y yo no le perdía detalle, me gustaba el rumbo que tomaban las cosas.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...