Hace años que Nacho no es mi vecino, que no lo tengo ahí al frete para mirarlo por la ventana y pese a eso lo sigo recordando y dándole cierta trascendencia a su elección de vida.
Estando en la universidad un amigo que se decía anarquista y de izquierda y ambientalista y animalista, decía que la única opción que teníamos para recuperar nuestro lugar en el mundo era teniendo conciencia de nuestra necesidad de colectivo y de la puesta en práctica de la acción directa, el sistema estaba para ser derrotado y eso se hacía a través de esos ataques que la oligarquía corrupta calificaba como terrorismo.
Para ese amigo mío el mundo se podía salvar con ollas comunitarias y la vida iba a ser mejor cuando los hackers de Anonymous acabaran con el valor de todas las monedas del mundo y pudiéramos regresar al truque, yo me divertía mucho con él, tengo que decirlo también, lo conocía desde el colegio y cuando se fue para la universidad del Valle a estudiar filosofía lo único que tenía para defender su lugar en la vida era el América de Cali, pero en tres semestres en esa universidad se le olvidó el equipo y se convirtió en eso que describo.
Volvió a Tuluá porque lo iban a matar en Cali, eso dice todavía la mamá, aunque él dice que volvió porque la acción y el trabajo con la comunidad lo tenía que poner en práctica en Tuluá y en una ciudad que no sentía como la suya.
Un día me agarró con tiempo y mientras me hablaba de la necesidad de liberarnos del sistema le dije que nos fuéramos para Caldas a visitar a mis tías.
Me dijo que sí, como si no tuviera nada para hacer, no tenía nada para hacer, pero digo, tampoco disimuló, yo por lo menos disimulo en situaciones parecidas, el caso es que fuimos a dar al oriente de Caldas y antes de llevarlo a la casa de mis tías arrimamos a la vereda en la que había vivido yo hasta los 14 años y le mostré esa casa en la que vivía Nacho.
Yo siempre he llamado a esa casa, que más parece una choza, su casa, porque eso es lo que es. Le dije al amigo mío que ese era el único tipo que yo conocía que se había liberado del sistema. No daba la lata con discursos políticos y no dañaba a nadie con la tal acción directa, contaminaba poquitico y vivía ahí libre del sistema hacía más de 20 años.
Bajamos por entre palos de café y matas de yuca y de plátano y de maíz y de frijol y saludamos a un par metros de distancia de la casa, lo hicimos varias veces hasta que salió Nacho con la guitarra en una mano y sin saludarnos se quedó mirándonos como su fuéramos unicornios.
Le dije que hola Nacho, que cómo le iba, que yo era de por ahí, que había vivido en esa casa, esa de allá del filito, y le señalé la casa y que me había ido, pero que siempre me acordaba de él y del cazador y del hare krishna, y bueno le expliqué un montón de bobadas más de la vida mía, como si algo de eso le pudiera importar. Nacho no habló.
El amigo mío le habló luego, le preguntó por la guitarra y por la casa, que si la había hecho él y más cosas por el estilo, los sembrados, el fogón, y Nacho no habló, nos miró de arriba a abajo y se volvió a meter en su casa
Esperamos un momento y luego dimos media vuelta y empezamos a subir a la carretera. Nacho volvió a pararse en la puerta y me gritó que volviera cuando quisiera, que él también se acordaba de mí.
Según mi amigo hablando y tragando como si no hubiera comido en un mes, que no tenía ninguna gracia liberarse del sistema de esa manera, que ese señor estaba loco, que eso no era la dignidad y más cosas relacionadas con su discurso, que además no tenía sentido el aislamiento que los procesos tenía que ser colectivos, siempre pensando en el pueblo.
El marido de mi tía le dijo que también podía irse a buscar a la guerrilla y le señaló un camino, por ahí a hora y media de acá caminando llega a un campamento que tienen en Samaná, yo a todos los universitarios habla mierdas así como usted los mando pa allá. Repetir palabras es fácil, pero la lucha por el pueblo con ellos, eso es otra cosa.
Yo me reí y tranquilicé al amigo mío que se veía como confundido con los ojos muy abiertos y la comida atascada en la garganta. Tranquilo, parce, que lo está jodiendo, coma tranquilo. Todavía lo molestó con eso. Como no se pudo graduar de filosofía en la del Valle, terminó graduándose de licenciado en Tuluá y ahora trabaja en un colegio adoctrinando muchachos a su gusto, es un tipo feliz, aunque no lo acepta porque su reputación requiere que se vea siempre inconforme e indignado y maltratado por el establecimiento.