El punto de encuentro para marchar estaba cerca de mi casa, llegué a las 8:30 de la mañana y me encontré con mis compañeros de trabajo.
No sé cuantos profesores tendrá Tuluá, pero a simple vista me pareció que la asistencia pudo haber sido mayor.
La mayoría andaba de camisetas blancas marcadas con el nombre de las organizaciones sindicales, algunos llevaban pitos y otros cornetas.
Otros llevaban megáfonos y descargaban pilas al son de sus tonterías, porque para cualquier que diga ser profesor debería estar más que claro que el discurso ranció de sindicalista de los años setenta está caduco y es engañoso y tramposo y miope.
Está muy loco que en su discurso estos señores entiendan al país como una película de Disney donde hay un personaje bueno y uno malo. Olvidando de todas las maneras posibles la consideración de los matices. Según ellos, de manera automática uno deba estar del lado del bueno. Aunque yo no sepa cuál es el bueno. Aunque no entienda debido a que delirio enfermo uno asume que es el bueno.
Sus retahílas toman aire con un fuerte grito de viva el uno y luego otro fuerte grito de fuera el otro. Aunque los seres humanos sean complejos y lo sea todavía más el país que está habitando por humanos, la manera de ordenar la realidad colombiana desde las palabras de esos viejos es que todo es culpa de un viejito de ultra derecha.
Lo supongo es que los profesores, varios son también conscientes de la patraña en a que eligen creer y que por esa razón prefieren ignorar a los colegas de los megáfonos y se dedican a marchar hablando de otras cosas. Eso fue lo que observe y eso fue también lo que hice, camine y hable de camisetas de equipos de fútbol y de chismes y de ciclismo y de la rectora y de los planes de área que toca arreglar.
Hizo calor y cuando llegamos al parque que está al frente de la alcaldía de la ciudad, el sitio tradicional para los plantones me senté a comer paleta y mirar culos y hablar más basura y a quejarme de que me había quemado el cuello y los brazos.
Una gente guapa me explicó cómo funcionaba su cooperativa y lo bueno que sería que me afiliará y ahorrará y aprovechara los créditos ceros. Recibí en volante informativo y lo guardé en el bolsillo y les días la gracias y me comí otra paleta.
No leímos a Pessoa, ni escuchamos a Paganini, ni reflexionamos sobre los imperativos categóricos de Kant, ni nos detuvimos a discutir en que consiste la teoría de las cuerdas, ni opinamos sobre las novelas del nuevo nobel de literatura Jon Fosse, ni hablamos en ingles, ni recogimos plata para comprarle un mercado a una señora llevada del putas, ni gritamos Palestina libre, ni expresamos nuestra solidaridad con la comunidad LGBTIQ+ en el mes del orgullo, ni mucho menos hablamos de Godard o Antonioni o Jairo Pinilla.
Se puede decir que después de las diez de la mañana la gente empezó a marcharse y que poco a poco el parque se fue quedando vacío. Yo me fui para mi casa a las doce bien informado de que el jueves a las ocho de la mañana retomábamos actividades de paro. De momento me parece que los paros son una integración sin música de balneario a todo volumen.