jueves, 18 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -17 de abril del 2024

Un estudiante me dice a primera hora de la mañana que perdió el Barcelona. El tufo de burla en su voz es imposible de disimular. Todavía siento que no he despertado. No sé qué hago metido en un colegio en medio de las montañas, escuchando los partidos de fútbol por radio porque no hay a mi disposición un centro comercial con cincuenta bares dotados de pantallas gigantes que los transmitan. Me quedo en silencio un momento. Me imagino como alguien que, desesperado, pide a gritos un flotador en medio de un lago de agua fría. Le digo que la falta de Araujo no era para roja, articulo las palabras en tono de defensa, como si necesitara justificar alguna acción. El estudiante se ríe y me dice que igual el Barcelona perdió. Sé que no hay nada que discutir y continuo mi camino por ese pasillo; ya voy tarde. En el salón, los estudiantes deben estar relajados, deseando que me desaparezca y nunca llegue a dar la clase. Me acuerdo de que también perdió el Once Caldas.

Tantos años transcurridos y tan invisible el cambio. De estudiante en el colegio, haciéndole fuerza a los equipos que perdían, y décadas después, ahora de profesor, haciendo fuerza a los equipos que pierden.
Lo raro de esto es el título. El hecho de que sea un diario de campo de un profesor puede darle falsas ideas a los lectores. Podrían creer que se van a encontrar con información detallada relacionada con la pedagogía, la didáctica o el comportamiento de los estudiantes; sin embargo, se topan con las palabras vacías de un tipo que pone más energía en redactar cuatro palabras sobre un equipo de fútbol extranjero que perdió un partido que en motivar a sus estudiantes a aprender la ubicación en el mapa de una ciudad española.
El día se va haciendo largo y aburrido, aunque apenas es miércoles. Los estudiantes, por su parte, quisieran estar en otra parte. Pegados de sus celulares, buscan cómo piratear redes de internet, tejiendo chismes, viviendo sus emociones desbordadas. Yo también quisiera estar en otra parte... por ejemplo, durmiendo. A ese desánimo generalizado se le suma el malestar de algún compañero y la perla del día: no hay agua y se demora en volver porque el fontanero no está. Si no hay agua, nos vamos; nadie puede estar en clase si los baños están inservibles y no hay cómo calmar la sed. Pero no hay ningún cambio y permanecemos en el colegio durante toda la jornada.
Y así nos aguantamos el día y ponemos en práctica con los estudiantes la autoevaluación. Repartimos formatos y ellos se asignan notas generosas, aunque falten la mitad de la semana y no hagan nada cuando asisten.
Qué nota me pondría yo en mi evaluación, qué criterio me beneficiaría más. Tal vez uno de mártir, uno que pueda valorar la angustia que genera ser hincha de un equipo que no gana o querer construir algún conocimiento con un muchacho que no quiere aprender. No sé, tal vez me rajo.

martes, 16 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -16 de abril del 2024

Le dije en la mañana a los estudiantes de grado séptimo que iba a escribir un diario durante el segundo periodo escolar que comenzó justo hoy. Tenía en la mano un marañón cuando lo dije, en ese momento, a eso de las ocho de la mañana, esa fruta era un marañón y lo que yo iba a escribir era un diario, a esta hora ese marañón ya no lo es porque uno de los profesores me dijo que es otra fruta y me dio el nombre y lo olvidé, ahora tampoco sé sí esto pueda ser un diario, ya veremos si cumplo con el compromiso y consigo escribir un día tras otro, si lo consigo,  supongo que no importarán los temas comentados, y esto por puro ejercicio de repetición será un diario, así como con el marañón que aunque no sea un marañón sigue siendo un regalo, una fruta que me regaló un estudiante, y la intención sigue ahí, un estudiante que comparte lo que tiene y le gusta con un tonto que sostiene un marcador y busca acercarlo a uno que otro conocimiento, un aparecido que es su profesor. 



miércoles, 7 de febrero de 2024

Tinta

Se sabe de buena manera que tener oro es tener dinero. Se sabe también que el cáncer ocasiona temor. Lo anterior es un asco, ningún intento de relato breve debería comenzar así. También la oración anterior es tonta y además atrevida, porque, se sabe también que el lector debe tener acceso solo al resultado final y no al intento o al desecho. Afirmación que tendría credibilidad si quien redacta esto fuera un escritor o un editor o un editor. Lo mejor es no seguir, dejar así. Aceptar la imposibilidad del surgimiento de un relato. Aunque también podría probar el que redacta con el ya famoso y efectivo había una vez y decir que Había una vez un hombre que intentaba redactar un relato sin lograrlo. 

lunes, 5 de febrero de 2024

Gafas rotas

Conservar la calma. Tiene la frase aferrada desde que era un niño. Lleva años repitiéndola. Conservar la calma, conservar la calma, conservar la calma. Lo repite incluso en los momentos más calmados de su vida. Es su mantra, su rosario, su oración. Se lo dijeron por primera vez cuando aplastó a tres pollitos con las manos hasta que los mató. Y se lo volvió a decir cuando encerró al gato en un tarro de manteca lefrit y lo pateó una y otra vez contra la pared. Se lo dijeron también cuando mojó la cola del perro con gasolina y le prendió fuego. Conservar la calma. Eso, conservar la calma. El día que ese niño se cayó de la escalera después de que lo empujara, ese día repetía, observando con atención como le chorreaba la sangre por la frente, mantener la calma, repetir la calma. También cuando oyó a la mujer gafas grandes, decir que él debía estar internado, repitió que debía tener calma, lo repitió mientras buscaba el bate y lo repitió después mientras lo usaba. 

jueves, 1 de febrero de 2024

Abandonado

Estos son los días más tristes en la vida del señor Pinzón. Cortó de tajo con sus amigos y se encerró. Lo acompaña una dalia fucsia que riega dos veces por semana. Si ella se hubiera llevado también esa mata, él sería el único con necesidad de agua en esa casa. 

martes, 30 de enero de 2024

Ella no quiere que él se vaya.

Piénsalo bien, oyó decir, antes de colgar. Tuvo la impresión de que no era una recomendación. Había algo impositivo en el tono con el que fue pronunciada la frase. Cómo podía hacerlo. No tenía una fórmula ni conocía la técnica indicada para conseguirlo. Cómo iba a pensar bien. Quería irse. Quedarse ahí un día más, eso sería negarse a pensar. Se iba, estaba decidido. 

viernes, 19 de enero de 2024

Rodar

Tiempo atrás, cuando se dirigía a su trabajo, Alirio rodó por un abismo. Al final del mismo encontró un tesoro. También perdió una pierna y los dientes. En el pueblo, con envidia, lo llaman el pata sola. Él los mira con desprecio desde lo alto de la torre de su suntuoso caserón. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...