Uno de mis sobrinos, el menor, la tarde antes del viaje se dedicó a ver tutoriales de YouTube y a doblar cuadritos de papel, hizo aviones, barcos, ranas, estrellas ninjas, cuchillos, tortugas, pájaros, pescados y otras figuras que no sé muy bien que eran. Miraba la pantalla, atento a las explicaciones y luego pausaba y el video y doblaba. Sabía que no se iba a poder llevar ninguna de esas figuras, sabía que no iba a poder jugar con ellas horas más tarde porque se iba a tener que subir a un avión y pese a eso el niño seguía doblando papeles. Me gustó eso y creo que de alguna manera encontré que había magia en ese acto. La gente de mi generación habla de yoga y meditación y tai chi, pintan mandalas y se toman en serio el horoscopo, dizque porque todo eso los ayuda a vivir y a equilibrar sus emociones, pero ninguno habla de origami y me pareció que esa acción también tenía sus beneficios. Después, cuando ya se habían ido para el aeropuerto recogí las figuras sin saber si botarlas o guardarlas y me dio por desdoblar una de esas para armarla de nueva siguiendo los dobleces y admiré la paciencia que esa actividad requería y luego lloré, pensando en lo triste que debía ser para un niño irse lejos y no poderse llevar ninguno de sus juguetes así, idiota, como si la lógica de un tonto que quiere ser novelista y sigue viviendo con el papá y la mamá fuera la misma lógica de un niño que sin usar las palabras le puede dar forma al mundo con sus manos usando solo un cuadro de papel.
miércoles, 20 de septiembre de 2023
lunes, 18 de septiembre de 2023
Irse, quedando -76
Mi hermana estuvo varias semanas antes de la fecha del viaje empacando las maletas.
Las hacía y las deshacía todos los días. Las daba por terminadas y las cerraba, luego las pesaba y volvía a empezar de cero, una y otra vez doblando trapos.
No podían pesar más de diez kilos decía ella.
Tres maletas estaba bajo su responsabilidad, la de ella y la de los dos niños.
Yo la veía todos los días con la cabeza metida entre las maletas y me divertía con la escena, verla empacando las maletas aunque era la confirmación de que se iban era también evidencia de que seguía ahí con nosotros.
Cuando ya me vi bajando las maletas para guardarlas por la noche en el garaje porque se iban en la madrugada y no quería que ningún vecino la viera salir, entonces empecé a llorar.
La cosa más boba del mundo, un tipo casi cuarentón que no ha podido irse de la casa de los papás de pie frente a unas maletas llorando sin ser capaz de pronunciar palabra, sin poder repetir de nuevo en son de burla lo incensario que era llevar ahí empacado un cortacutículas y una crema dental.
Irse, quedando -75
Después de revisar los titulares de los periódicos en internet u oír la radio mañanera, la gente que se queda, los que están como yo, entienden que lo mejor es acostumbrarse a ver como las personas queridas se van, incluso aceptan que lo mejor es que esas personas queridas esten lejos. Lejos donde parezca que el futuro sí existe.
viernes, 15 de septiembre de 2023
Irse, quedando -74
Esa etapa de la vida a la que llamamos adolescencia es un triunfo de mi generación.
Todos esos que nacimos después de 1985 tenemos conciencia clara de ella y casi que es nuestro presente.
Para mi papá y para mi mamá y mucha gente de esa edad no hubo adolescencia, ellos pasaron de la infancia a la adultez de un tirón, no tuvieron zona de transición.
De niñas a esposas de un día para otro. De niños a obreros en lo que dura el canto de un gallo apestado.
Aunque eso es propio de los pobres, claro está, con los herederos de fortunas sucede más bien permanecen en la pataleta de la infancia pagándoles a muchos para que oficien de cuidadores.
Ahora dicen que nosotros, esta generación de flojos, está alargando la adolescencia, aseguran que buscamos extenderla a como de lugar y que por eso no queremos irnos de la casa y que por esto estamos empezando a tener hijos después de los 30 años y que por eso compramos juguetes y nos gastamos la plata en conciertos y cosas así.
Pero si antes toca asumir el rol de adulto tan rápido y ahora no, cuál es el problema, y si las expectativas de vida siguen ampliando y los economistas proponen que cada vez tengamos que trabajar hasta más viejos para tener derecho a una pensión por qué afanarnos y si en cualquier momento una pandemia nos puede cambiar la vida y si la emergencia climática pone cada vez más en duda el futuro del capitalismo o de la humanidad, entonces cuál es el afán.
El afán es escribir una novela en la que todo quede dicho de la mejor manera posible o tomar la decisión definitiva de no querer escribir esa novela y apostarle a un objetivo concreto, una Toyota blanca, porque siempre se puede tener una y la plata se puede conseguir por muchas vías, eso lo saben muy bien los adolescentes.
jueves, 14 de septiembre de 2023
Irse, quedando 73
En el noticiero del medio día, una periodista visiblemente transpirada y despeinada por el viento reporta desde el municipio de Necoclí en el departamento de Antioquía. El pueblo está lleno de personas que buscan cruzar la selva del Darién en su tránsito hacia Estados Unidos.
Ella habla con los hombres y las mujeres que están ahí esperando transporte en lanchas, casi varados. La periodista habla con venezolanos y haitianos que parecen ser la mayoría, aunque ella aclara que entre esa multitud registrada por la cámara hay personas de más de ocho nacionalidades.
Miramos al televisor mientras la señora del restaurante se acuerda de que llevamos ahí más de diez minutos esperando el almuerzo. A mi lado, el compañero de trabajo con el que acostumbro a compartir ese momento del día, me dice que sobre ese asunto sí se debería escribir.
Me compró un libro una vez, pero me aclaró que era solo por hacerme el favor porque a él no le gustaba leer libros de ficción, a él le gustan solo libros de la realidad, una persona de esas que está por allá pasando esas necesidades y cruza esa selva en busca de una vida menos mala que la que ya viven en sus pueblos natales, esa sí debería escribir, pero no, en vez de eso las editoriales prefieren publicar libros de viajes escritos por turistas.
Yo le digo que hay libros para todos los gustos y él me dice que yo debería irme para allá y hacer esa travesía y hablar con la gente, así como hace la periodista y que ahí si yo escribiría un libro de verdad. Está claro que mis cuentos y novelas a él le parecen una patraña. Para finalizar dice que si a él le gustara escribir, escribiría sobre eso.
Cuando por fin traen el almuerzo le digo que también podría escribir un libro de cocina, o de gastronomía, que no conozco nada más real que la comida y el hambre, y con un pedazo de carne en la boca me dice que cualquier cosa está mejor que un cuento. Me rio y lo imitó, me concentro en el plato y comemos en silencio.
miércoles, 13 de septiembre de 2023
Irse, quedando -72
martes, 12 de septiembre de 2023
Irse, quedando -71
Jaime vendió su moto en 2012 y siguió yendo al trabajo en bicicleta.
Con esa plata compró un par de terneros y se los entregó a utilidades a un amigo que tenía varios potreros, decía potreros y no finca ganadera porque la diferencia entre una cosa y otra era de varios ceros, afirmaba el amigo de Jaime.
Pasados unos cuantos meses esos dos terneros se convirtieron en cuatro y cuando en 2014 Jaime quiso volver a tener esa plata en efectivo y no en ternero pastando al sol, vendió siete animales.
Tenía muy claro para qué era esa plata. Lo había planificado todo y así se lo comentó a sus amigos, familias y conocidos.
El mundial de fútbol Brasil 2014 era la opción más clara que teníamos para asistir a un mundial, podíamos desperdiciar la oportunidad si así lo queríamos, pero teníamos que saber que si no íbamos a Brasil 2014 tal vez nunca íbamos a poder hacer parte de un mundial.
Ninguno le prestó mucha atención y eso le importó poco, agarró la plata de sus terneros y se fue solo para Brasil un mes completo.
Renunció al trabajo porque solo le iban a dar una semana de permiso, según él, era el colmo que un tipo que decía ser amante del fútbol se negara a comprender la trascendencia del evento, él se iba para Brasil un mes y no se lo iba a impedir nadie.
Subió fotografías a sus redes sociales del par de partidos que pudo ver y de las fiestas que se armaban entre los que, como él, habían llegado de tanto país vecino.
Entre los que vimos los partidos por televisión comentamos más de una vez que nos había hecho falta ponernos las pilas como Jaime. Aunque tampoco es que nos hubiéramos perdido en lamentos chimbos porque todos los que ven futbol en la pantalla de un bar saben que uno se emociona como si estuviera en un estadio y si está con amigos y tomando cerveza todavía se emociona más.
Finalizado el mundial y cuando todo andamos a la espera de que volviera Jaime para enredarnos con los relatos de sus aventuras, el tipo le avisó a su hermana y al primo con el que compartía la casa, que pusieran su cuarto en arriendo y le guardaran los chécheres en la casa de la mamá porque él se iba a quedar.
Se demoró cuatro años en volver a aparecer por Tuluá. Cruzamos un par de palabras el día que nos vimos, me presentó a su novio, un flaco de ojos claro muy amable que me ofreció su casa para que fuera a visitarlo cuando quisiera. Supongo que era una mera formalidad, pero igual le sonó sincera. Jaime dice que se fue de tras del deporte que ama y encontró al amor que no buscaba y que por eso se quedó.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...