lunes, 29 de mayo de 2023

Ocurrencia #94 - de 100

Supongamos que usted vuelve un día a su pueblo de provincia para visitar a su sobrina que lleva meses sin ver.

Una tarde cualquiera la lleva al cine y justo antes de que la película empiece usted y ella se sientan a comerse un helado.

En ese momento pasó yo por ahí porque también voy para el cine, la veo desde lejos y a pesar de los años que pasaron, la identifico entre la multitud, porque para mí eso resulta fácil.

Entonces buscó acercarme y noto que usted también me ve y me doy cuenta de que mira a otro lado y se pone las gafas de sol. 

Intuyo que preferiría evitar el encuentro y entonces sigo de largo y no la incomodo y me llevo conmigo las ganas de abrazarla y de contarle un par de cosas y miro la película pensando en usted sin concentrarme. 

Al salir de la sala con uno que otro encuadre y tal vez algún trozo de los diálogos del protagonista en la mente, entiendo que sí, que estuvo mejor así, que hay cosas que no necesita usted, entre esas, un saludo mío después de tanto tiempo. 










viernes, 26 de mayo de 2023

Ocurrencia #93 - de 100

Me gustaría darle nombre a un jugo, agarrar una licuadora y echar en ella una fruta cualquiera de esas con las que llenan las carretas y se rebuscan los vendedores ambulantes en tiempo de cosecha, licuarla bien licuada y luego darle un nombre, ojalá un nombre que no tenga que ver con la fruta, conseguir algo similar a lo de ese coctel que se llama Cuba libre, que es ron con coca cola, pero no se llama ron con coca cola se llama Cuba libre, en caso de que alguien en este instante diciendo que soy un pendejo porque un coctel y un jugo no se pueden comparar y que el licor es dañino y que la coca cola también, tengo otro ejemplo, el guarapo, que es jugo de caña, pero no se llama jugo de caña, se llama guarapo. Algo así quiero conseguir yo, decir por ejemplo: me quiero tomar un mejor frío en lugar de decir, quiero un jugo de maracuyá y lulo. Parece un deseo simple, una de esas ilusiones que desaprobaría un vendedor humo, pero cada cual sueña o desea lo que puede. 









jueves, 25 de mayo de 2023

Ocurrencia #92 - de 100

El pueblo duerme y un hombre cruza la plaza con un gallo de pelea muerto, lo lleva envuelto en un poncho y espera arrojarlo al corral de los hambrientos y por siempre corrompidos, como una especie de ofrenda a la derrota. Luego reclamará un gallo de pelea nuevo y regresará para intentarlo de nuevo. Como siempre ha sido, como siempre será. 













 

Ocurrencia #91 - de 100

El cuidador de perros de provincia está seguro de que ella miente, lo hace cada semana en su columna de opinión publicada en periódico internacional. 

Fueron novios cuando él era joven, ingenuo y tonto. 

Nunca fue capaz de echarle un polvo destacable y le rompió el corazón como si él fuera de los tipos que reúne las características para ser mujeriego de respeto. 

Ella se fue de provincia y ahora es columnista y él se quedó en provincia y cuida perros, aunque su sueño nunca fue ese. 

Él, que lleva años sin hablar con ella, siempre la lee, ha leído lo que ella escribe y ha escrito desde que su carrera empezó a ser visible. 

Su estilo y su prosa han mejorado de manera notoria, eso afirma el cuidador de perros de provincia si se lo preguntan, aunque cabe la posibilidad de que no sea objetivo.

Ahora él dice que ella miente en esas columnas porque en menos de dos meses ella ha hablado cuatro veces de salir a correr y volver y no encontrar comida en su mercado favorito y de detenerse y acordarse de un poema o de extrañar un paraíso que va a perder y él sabe que ella no corre. 

El cuidador de perros de provincia está seguro de que la columnista miente y no le importa que sea así porque la seguirá leyendo porque leerla le hace sentir que la tiene cerca. 







 


Ocurrencia #90 - de 100

Esta es una felicitación para usted que alguna vez estuvo dentro de un salón, aburrido, viendo un video en el que un hombre de poco pelo habló de algo que a usted debió importarle, pero que por alguna razón en ese momento creyó que no le importaba. 

Es posible que usted recuerde que no se acuerda de lo que trataba ese video, pero se acuerda de que allá estuvo casi ausente y distraído con ideas y pensamientos que tampoco recuerda. 

Esto es un saludo para usted que sabe de lo que le hablo, para usted que se identifica y no se siente ajeno a la situación. 

Son entonces estas palabras, una celebración de su actitud, porque usted pudo perder el control y desenfundar su arma y atentar contra las otras personas en ese salón y no lo hizo, supo controlarse y aceptar el aburrimiento con entereza para salir luego de ese lugar y volver a su entretenida y ocupada vida. 










 

miércoles, 24 de mayo de 2023

Ocurrencia #89 - de 100

En la sala de espera de una oficina que no viene al caso, un señor que no voy a describir, se sentó a mi lado y después de saludar muy amable empezó a chupar mocos de una forma desesperada. 

Tampoco será necesario explicar acá cuál es el sonido emitido por esa acción relacionada con ese fluido corporal, porque mocos hemos tenido todos y esta no es una redacción de divulgación científica que busque explicar el comportamiento de una especie alienígena. 

Dando por hecho que la gran mayoría de las personas que pueden leer esto han chupado mocos y saben cuál es el sonido que se genera, continúo, el señor siguió ahí a mi derecha chupando sus mocos y minutos después junto a él se sentó otro señor que también chupó mocos y más tarde llegó una señora que se sentó cerca a ellos y también empezó a chupar mocos. 

Se notaban muy cómodos con sus mocos y ahí sin planearlo mucho nació la competencia de chupadores de mocos en las salas de espera, el ganador se elige por aplausos, solo aplausos, sin gritos ni chiflidos, gana el que suene más fuerte y aunque yo estuve ahí en el momento de su creación y propuse algunas de las reglas no me encuentro inhabilitado para competir y soñar con ser en algún momento el ganador. 











martes, 23 de mayo de 2023

Ocurrencia #88 - de 100

Los editores le dijeron al escritor de provincia que para conseguir un relato ambicioso capaz de leer con amor al mundo y reflejar la sensibilidad del artista que golpea con las yemas de los dedos el teclado de su computador es necesario salir y alzarse al hombro la mochila y viajar; la clave es estar en la carretera, permanecer en su casa y en su pueblo sin sumar kilómetros condena al escritor y a sus novelas, si es que las consigue, a la pequeñez y al tono parroquial y a la ausencia de horizonte porque el escritor debe ser un ciudadano del mundo y sus historias deben trascender las fronteras. 

Por eso el escritor de provincia se subió un día a un bus y se fue a recorrer el centro de su país y a descubrir las cordilleras y a probar comidas que no se había imaginado que existían y a charlar con la gente en que se encontraba en las plazas de los pueblos y las terminales de transporte. 

Meses después de dormir en camas que no eran la suya, regresó y le avistó a su familia que ya estaba en la casa y llenó la nevera y se sentó a escribir un relato en el que dos niños y un hombre de mediana edad observaban a un pajarito negro revolotear entre la gente que conversaba en las escalinatas de la iglesia de la plaza de su pueblo, el pajarito perseguía a un grillo verde de esos que dicen que dan buena suerte. El grillo escapó del primer embate y aunque intentó escapar del segundo, el pajarito tuvo éxito y alzó el vuelo con el grillo entre el pico para asentarse luego sobre un muro a engullir a su presa.  El hombre y los niños seguían de cerca al pajarito, afectados por el destino del grillo, que apenas una hora antes había sido un mamífero y no un insecto

Cuando el escritor de provincia empezó a mostrar el cuento entre los editores, le dijeron que los viajes en el país no servían, que le hacía falta subirse a un avión y llegar a otros continentes y conocer otras culturas y oír otras lenguas. Entonces el escritor de provincia supo que no importaba hasta donde pudiera ir ni lo que fuera capaz de escribir, los editores siempre iba a pedirle algo que no tenía, podía viajar a Capadocia y meditar en el Tíbet y salvarse de la explosión de una bomba en Palestina y, aun así, todavía le faltaría visitar la luna y tener amigos en el infierno. 













Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...