Supongamos que usted vuelve un día a su pueblo de provincia para visitar a su sobrina que lleva meses sin ver.
Una tarde cualquiera la lleva al cine y justo antes de que la película empiece usted y ella se sientan a comerse un helado.
En ese momento pasó yo por ahí porque también voy para el cine, la veo desde lejos y a pesar de los años que pasaron, la identifico entre la multitud, porque para mí eso resulta fácil.
Entonces buscó acercarme y noto que usted también me ve y me doy cuenta de que mira a otro lado y se pone las gafas de sol.
Intuyo que preferiría evitar el encuentro y entonces sigo de largo y no la incomodo y me llevo conmigo las ganas de abrazarla y de contarle un par de cosas y miro la película pensando en usted sin concentrarme.
Al salir de la sala con uno que otro encuadre y tal vez algún trozo de los diálogos del protagonista en la mente, entiendo que sí, que estuvo mejor así, que hay cosas que no necesita usted, entre esas, un saludo mío después de tanto tiempo.






