James
dice que el primer televisor que el vio estaba en la casa de los Gonzales que vivían
a media hora de camino de donde él jornaleaba y que todas las noches en semana subían
varios a ver programas donde el vecino que los dejaba entrar a la sala. Era buena
gente el finado, él era como uno, tenía unos cafetales viejos y no era que le
fuera muy bien, pero el televisor se lo regaló un hijo que había estudiado en
la universidad, tenía plata. Los que tenían televisor eran poquitos y uno
caminaba hasta donde hubiera y lo dejaran a uno ver.
Me
acuerdo que vimos vendaval y El gallo de oro, La Marquesa de Yolombó y otro
poco de novelas. Cuando se terminaban las novelas la mujer de Gonzales doña Socorro
nos daba tinto y el viejo Gonzales empezaba a contar los sustos que le habían
metido por ese camino por el que teníamos que volver a la casa y había gente
que se cagaba de miedo, es que todo el mundo no es tan verraco y resuelto como
he sido yo, decía james. El viejo Gonzales hablaba de duendes y de calaveras y
de ánimas y de huacas y otras cosas. James dice que él no vio nunca nada de
eso, y él caminaba sin linterna ni nada. Lo que sí dice que lo asusto y no se
le olvida nunca fue la vez que vio tres luces subir y bajar dando vueltas sobre
el copo de un cedro que estaba más abajo del camino. Los otros jornaleros se
habían ido adelante y él iba sólo y el piso tembló se sentía como si el árbol se
desprendiera del piso y las luces lo jalaran, pero no pasó nada, las luces se
desaparecieron y en el cafetal al otro día trabajando comentaban sobre el
temblor. James dice que después de un unos años cuando ya él había dejado el
campo para vivir en distintas ciudades se enteró de que lo que había visto se
llamaba un ovni. Y que por eso le inquietaba el tema.