La señora uno dice que su hija es un juicio de mujer, en
vez parrandera le resultó deportista y madruga todos los días a entrenar, es
estricta con las rutinas, disciplinada como ninguna. La señora dos dice que su
hijo en cambio es parrandero y bebedor pero también va al gimnasio todos los
días. La señora uno dice que el novio de la hija también es deportista y la
señora dos le responde que debe ser así, para que en una pareja se entiendan
tienen que compartir gustos, en ese caso preciso, poder entrenar juntos. La señora
uno dice que ella nunca fue buena para ningún deporte y que nunca le gusto
hacer ejercicio y que cuando estaba con Mauricio siempre lo acompañaba a
entrenar. La señora dos muestra interés y quiere que su interlocutora le
explique mejor. La señora uno le dice que Mauricio salía todas las noches a hacer
calistenia en el parque y ella se ponía sudadera y tenis y se iba con él a
sentarse en una piedra grande a verlo entrenar. Bueno y usted no se aburría
mucho, pregunta la señora dos. La señora uno dice que sí que a veces, pero era
que tenía una vecina una muchachita brincona que se la pasaba detrás de
Mauricio y mantenía pendiente de él y cada que lo veía salir al parque salía también
dizque a entrenar, entonces yo me atravesaba allá pa dañarle el plan la pelada.
La señora dos se ríe y ahí una muestra de complicidad en su expresión. Marcos que
ha estado sentado ahí desde el principio oyente la conversación de las señoras aunque
no haga parte de ella, no se aguanta y le pregunta a la señora uno por Mauricio.
La señora uno que conoce Marcos porque lo ha visto varias veces en la tienda lo
mira con cierta molestia pero no duda en responder que no sabe nada de él, que
prefiere evitarlo, mi hija si mantiene en contacto con él. Marcos se queda mirándola
como si esperara algo más pero la señora uno no dice nada más y sale de la
tienda, la señora dos hace lo mismo. Usted qué cree vecino, será que el Mauricio
dejó a esta señora por la brincona del parque. El tendero le dice que no sabe cómo
si no le interesara el tema y Marcos se va para la casa lamentándose por la
falta que hace tener con quien hablar.
sábado, 22 de septiembre de 2018
Marcos
Póngase a pensar en el señor de los cocos, estacionado en
esa esquina todos los días a esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa; a
qué temperatura será que hierven las neuronas. Parece más por una creencia en
algo superior, el dogma de una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí,
como cumpliendo un rol, porque yo no veo a nadie comprando.
La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos putea el tinto
que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan tibio; lo prefiere
caliente aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con los que sostiene el vaso.
Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica que uso el primer fritador
de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a partir de la instrucción simple
de un fritador de cocos con experiencia. Marcos dice que no le gusta el coco
frito y que los vendedores de coco lo tienen sin cuidado.
Además la discusión no es sobre la técnica que usan para
fritar el coco sino de la estrategia de comercialización del coco frito que
aplican, hasta que no veamos a un tipo en una película de Hollywood comiendo
coco frito con la misma gracia con la que se mete un pericazo no nos van a dar
ganas de coco frito.
Marcos mira al tipo que acaba de decir eso, es amigo de
su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí sentado con ellos porque no lo
vio llegar. Hollywood aguanta como argumento para cualquier cosa, dice Marcos. La
amiga de Marcos sabe que viene, conoce las palabras que vendrán después de ese
comentario y prefiere hablar de otra cosa para evitar la discusión pasivo agresiva
que están a punto de protagonizar Marcos y su amigo.
La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es
el mismo desde que la abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo
por qué siguen comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que
quedarles distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una
bolsita de coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el
tipo se mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco
y lo comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos
les dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito y él prefiere no hacerlo.
viernes, 21 de septiembre de 2018
Marcos
Mejor no le cuento, eso que se lo cuente su mamá mejor,
le dijo Marcos a su hermana. No pues es que no. Según ella toda la herramienta
de la casa se ha perdido porque yo se la ando prestando a cualquiera, y me
mandó dizque a reclamarle un destornillador de estría a doña Carmen. Debe ser
la primera vez que usted reclama alguna herramienta en lo que lleva de vida,
dijo la herma de Marcos. Reclamar, óiganla a usted; qué iba ir yo por allá a
reclamar nada, menos ahora que la hija de doña Carmen volvió de Londres, no la
quiero ni ver. Le da vergüenza que lo vea detenido en la misma vagancia en la
que estaba cuando ella se fue. Claro y que me pregunte que yo para qué
herramientas si no hago nada. Pues claro que no es por eso, es porque, es por
otros temas, por cosas que nos dijimos antes de que se fuera. Bueno el caso es
que yo no fui a reclamar nada y lo que hice fue comprar un juego nuevo de
herramientas y listo mamá la vio, se enojó y casi me pega. Yo no sé por qué a
ella no le gustan mis soluciones. Entonces por eso se vino para acá, para no
pelear con ella, preguntó la hermana de Marcos. No, por eso no, es que mamá después
de ver la caja de herramientas y cuando se le paso la ira invitó a la hija de
doña Carmen a comer y llego y entro a la casa cuando la veo ahí en la sala,
saludé y dije que se me había olvidado algo que ya regresaba y listo me vine
para acá. Raro que se ponga usted en tantas vueltas solo para no encontrarse a alguien,
dijo la hermana de Marcos. Rara se va poner su mamá buscando la manera de mantener
a esa mujer cerca solo para impedir que yo la evite.
lunes, 17 de septiembre de 2018
Marcos
No,
Marcos no sabe, no, para él va ser una sorpresa, pues él dice que no le gustan pero
eso es puro cuento de él pa dárselas de importante; la sorpresas le gustan a
todo el mundo. La mamá de Marcos cuelga el teléfono y le dice a la hermana de
Marcos que todo está cuadrado. No va a ser una fiesta, ni una comida grande, va
ser algo pequeño con la familia no más, bueno y uno que otro amigo de él. La
hermana dice que con los amigos de Marcos nada es pequeño, ellos siempre cargan
trago y llaman a más gente y luego nadie es capaz de sacarlos de la casa, ni
Marcos. No importa mija, ya todo está organizado a demás para eso están sus
tíos, ellos nos ayudan y como le digo, eso invitamos a uno que otro amigo no más Los cumpleaños de Marcos no se celebran porque a él no le gusta que la familia
le pregunte por el trabajo que no tiene o la esposa que ya debería tener, no le
gusta dar explicaciones sobre la vida que lleva y menos oír al abuelo decir que
el pelo largo es de maricas. Media hora después de llegar a la casa y
encontrarla llena de gente que quiere cantar cumpleaños feliz Marcos empieza
tener el problema invariable con la esposa gorda de su tío que siempre se le
come el dulce de guayaba. Marcos le dice a su mamá que no le gustan las
sorpresas ni las fiestas y la mamá le dice que a ella le parece que lo que al
él no le gusta es la familia. Marcos no responde pero la mamá que lo mira inquisitiva
sabe cuál sería la respuesta si le diera por hablar.
martes, 11 de septiembre de 2018
Marcos
Era una noche oscura y tenebrosa estaban lloviendo truenos
y el sobrino de Marcos seguía en su casa esperando a que escampara para ir al
parque, su tío le había dicho que le iba a gastar un helado de coco. Eso fue lo
que el sobrino de Marcos escribió en el cuaderno de español, la profesora les
dijo que llevaran un cuento donde apareciera la familia.
Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas
no vendían helado de coco y el sobrino dijo que entonces quería uno de vainilla
y Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían helados de
vainilla.
El sobrino de Marcos buscó un borrador y en donde decía
helado de coco escribió plátano asado con queso. Marcos le dijo que en las
noches lluviosas tampoco vendían plátano asado con queso. El sobrino de marcos volvió
a borrar y en donde decía plátano asado con queso escribió arepa con pollo y
salda rosada. Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas tampoco vendían
arepa con pollo y salsa rosada.
El sobrino de Marcos le dijo a su tío que la hoja le iba
a quedar muy fea de tanto borrar y que la profesora le iba a poner un cero. Marcos
le dijo a su sobrino que los profesores no podían poner un cero por haber
borrado muchas veces.
El sobrino de Marcos volvió a leer lo que había escrito
en el cuaderno agarró otra vez el borrador y en donde decía noche oscura y
tenebrosa escribió noche estrellada de luna llena y en donde decía que estaban
lloviendo truenos escribió que estaba haciendo un viento fresco, luego se lo
mostró a su tío.
Marcos leyó lo que había escrito el niño y le dijo que en
las noches estrelladas de luna llena si vendían de todo eso en el parque. El sobrino
de Marcos le dijo que él quería, un helado de coco y uno de vainilla y un plátano
asado con queso y una arepa con pollo y salsa rosada. Marcos le dijo que si se
comía todo eso el cuento iba a terminar muy cagado y el sobrino de Marcos le
dijo que no importaba.
lunes, 10 de septiembre de 2018
Marcos
Marcos le dice a su amiga por teléfono que lo único que supo hacer el
domingo en todo el día fue quemarse la jeta con un arroz con leche caliente que
hizo la mamá para atenderle la visita a unas tías que la visitaron. La amiga de
Marcos le dice que ella en cambio vio a un partido de fútbol del hijo, peleó
con el papá del pelaito porque se hace el marica con la plata la mensualidad
del colegio, se comió un sancocho de pescao que hizo la abuela y durmió toda la
tarde. Marcos le dice que dormir toda la tarde del domingo es usar bien el
domingo. La amiga de Marcos le pregunta qué si quedó arroz con leche y Marcos
le dice que no sabe porque las tías siguen echando cuento en la cocina y él no piensa
salir del cuarto hasta que ellas se vayan. Entonces qué vamos a hacer, pregunta
ella. Pues raspar la olla cuando se vayan las tías, dice Marcos. Así es él, un romántico.
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