miércoles, 13 de septiembre de 2017

Villa T- Hijos

Camila y Matías se fueron a vivir a la casa del tío Anselmo después del entierro. Su madre había muerto en un accidente de tránsito mientras huía de las autoridades que la perseguían por ser motoratona. El tío Anselmo vivía con su esposa en una casa pequeña y los recién llegados compartieron camarote en un cuarto estrecho y sin puerta que estaba al lado del baño.

En la noche mientras la mujer de Anselmo servía sopa de arroz  el tío llamó a los nuevos inquilinos que estaban en su cuarto sin salir y sin hablar. Se sentaron los cuatro a la mesa y Anselmo fue claro cuando dijo las primeras palabras de lo que había pensado toda la mañana. La situación no era fácil y él no podía mantenerlos a los cuatro con el trabajo que tenía. Podían vivir juntos los cuatro pero todos tenían que trabajar. Él y su mujer ya lo hacían y ahora ellos deberían iniciar también, no pedía que dejaran de estudiar, podían seguir haciéndolo pero con el compromiso de trabajar después de clases. Ninguno de los hermanos tuvo nada que decir, se acogieron a las reglas que planteaba su tío porque era eso o quedarse en la calle. Comieron en silencio. En las calles seguía vivo el alboroto de los motoratones que protestaban contra el alcalde  pero en la mesa nadie habló de ello.

Después de las clases Camila salía con la esposa de su tío a pintar uñas y Matías salía con su tío a vender aguacates, naranjas, mangos o lo que más barato estuviera en la galería, ninguno de los dos tuvo problema con el trabajo y eso alegró a Anselmo que pudo tranquilizarse al ver que la obligación que creía imposible podía llevarse con facilidad, siempre pensó que su hermana consentía mucho  a los muchachos y que ellos no servían para nada, opinión que cambió cuando los vio colaborar sin reproche alguno.

Los cuatro se partían el alma para pagar el arriendo y los servicios y la comida que no se embolataba. La situación a Matías no le gustaba para nada y a Camila tampoco pero a ella la martirizaba menos. Lo que pasa es que a usted no le toca asolearse toda la tarde para vender una caja de mangos, le decía Matías a su hermana y ella le decía que a él tampoco le tocaba pasarse horas con la espalda encorvada pintando las uñas de los pies feos de sus clientas. Trabajo es trabajo, todos cansan, todos aburren y son duros, si fueran divertidos no se llamarían trabajo, decía el Tío Anselmo cuando oía que Matías se quejaba.

Desde la muerte de su madre hasta el día en que entraron a la universidad los días fueron muy parecidos para los dos, trabajan iban al colegio y en la casa veían televisión y a veces charlaban, no tenían muchos amigos ni salían en las noches, no quedaba mucho tiempo para el ocio. Camila tenía una buena relación con la mujer de su tío, se habían hecho amigas, Matías por el contrario casi no hablaba con su tío y no porque no lo deseara sino porque Anselmo hablaba poco.

Los días de tranquilidad aprendida cambiaron en la universidad. Matías y Camila se veían menos. Camila empezó a pasar varias de las noches de la semana en la casa de sus compañeras o en la de su novio, un tipo grande que andaba en una moto roja ruidosa, a Matías el tipo no le agradaba y a duras penas lo saludaba. Matías en cambio estaba incómodo en la universidad, le gustaban las clases pero sentía que no tenía nada en común con sus compañeros, le faltaba algo que ellos tenían aunque no estaba seguro de qué. El tío Anselmo le dijo que lo que le hacía falta no era calle porque se la trabajaba a diario. Lo que estaba necesitando era un trabajo y una novia, tenía que dejar de vender mangos y papayas y ponerse hacer otra cosa así como él que había conseguido un puesto de conductor en la alcaldía.

Al igual que Anselmo muchos de los motoratones, vendedores ambulantes y de más trabajadores callejeros habían conseguido trabajo con la alcaldía. El alcalde N que Matías recordaba dando un discurso en el velorio de su madre le estaba cumpliendo a la gente que lo había apoyado en el inicio de su carrera política después de la renuncia del alcalde HP. Matías le dijo a su tío que le ayudará a conseguir un trabajo allá y Anselmo le dijo que iba intentar pero que no se comprometía porque a él le había tocado esperar mucho para que le dieran algo.

El cambio en Villa T durante la administración de N era evidente y no solo se reflejaba en la creación de nuevos empleos y en la resolución del problema con los motoratones y los trasportadores sino también en la construcción de nuevas obras de infraestructura para la ciudad. N a pesar de las críticas de los ambientalistas había otorgado permisos para que empresas construyeran centrales hidroeléctricas en las montañas de Villa T, esa decisión explicaba la bonanza económica que vivía la ciudad.  Uno de los beneficios de la producción de energía en Villa T fue la inversión en la educación superior razón por la cual Matías y Camila podían estudiar sin pagar un peso.

Entre las ventas, las frutas maduras y los trabajos de la universidad Matías no se dio cuenta sino hasta dos días después de que su hermana se fuera de la casa que el cuarto y el camarote le quedaban solos para a él porque Camila se había ido a vivir con el novio. Matías no sabía que era lo que más le molestaba, si seguir en la casa de su tío y que Camila se hubiera ido primero que él o que se hubiera ido con ese tipo que no le gustaba. Anselmo le dijo que afán no tenía que él se podía quedar viviendo con ellos el tiempo que quisiera y que Camila sabía que si no le iba bien con el novio a la casa podía volver cuando quisiera. Matías le agradeció a su tío y se fue a dormir. Sabía que su tío hablaba en serio, sabía que Camila no iba a volver y sabía que él tampoco se podía quedar.

En la universidad después de salir de una de las clases Matías vio a Camila, estaba en compañía de otras dos muchachas, se reían y tomaban gaseosa. Matías levantó la mano para saludarla y Camila hizo lo mismo. Si no hubiera ido sobre el tiempo se hubiera acercado y le hubiera preguntado cómo iba su nueva vida, pero no podía llegar tarde. Iba para el auditorio donde esa tarde estaba hablando el alcalde N sobre el futuro de Villa T y la generosa inversión de las empresas generadoras de energía eléctrica en la región.  

Matías se sentó en la parte de atrás del auditorio. El lugar estaba lleno de estudiantes que aplaudían a rabiar cada una de las cosas que decía el alcalde N que sonreía y agradecía la muestra de afecto de los asistentes. Si alguien le hubiera dicho a Matías en ese momento que antes en las universidades los alcaldes como N no eran aclamados sino abucheados él no lo hubiera creído.


En la casa el tío Anselmo le dijo a Matías que le había conseguido un trabajo en la alcaldía y Matías le preguntó que haciendo qué y Anselmo le dijo que de secretario en alguna de esas oficinas, que no tenía claro cuál. Matías fue a la alcaldía y empezó a trabajar y siguió yendo a la universidad, siguió saludando a su hermana de lejos y sintiendo que no tenía de que hablar con sus compañeros de clase. Con el nuevo trabajo lo que cambió fue el sueldo y con él la casa. Se despidió del tío Anselmo y de la esposa, les dios las gracias por todo y se fue a vivir a un apartamento cercano a la universidad. Y siguió así y conoció a N en persona y le dijo que recordaba el velorio de su mamá y que le parecía que decir madre sonaba muy artificial y le dijo que cuente con un puesto en la administración cuando se gradué de la universidad y le dijo que esperaba bautizar un nuevo parque con el nombre de su mamá y Matías le dio las gracias y siguió trabajando. 



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