Marcos
La
carne del primo.
Marcos
no sabía que la carne que estaba en un plato pequeño tapada con otro plato
pequeño sobre el aparador de la cocina era para el primo que había dicho que
venía almorzar después de las cuatro de la tarde porque no podía salir antes de
la conferencia.
Marcos
se comió la carne, estaba dura, gustosa pero dura. El primo tuvo que comerse
los frijoles pelados y aunque la tía le dijo que Marcos se había comido la
carne el primo le escribió un mensaje a su mamá diciéndole que en la casa de la
tía la estaban pasando mal, estaban casi casi que aguantando hambre.
A
Marcos lo despertaron los gritos de su mamá que no dejaba de repetirle
enfurecida a su hermana que en la casa todo estaba bien y que comida había.
Cuando vio a Marcos le entregó el celular y le dijo que le explicara a la tía
que él que parecía un muerto de hambre se había comido la carne del primo.
Marcos le dijo a la tía que la carne estaba dura, gustosa pero dura y que todo
había sido un mal entendido. Acabó la llamada y le entregó de nuevo el celular
a su mamá, le sonrió y ella lo miró mal. A él le dio igual y se volvió al
cuarto y se envolvió en la cobija, y así se fue otro lunes en la vida de
Marcos.
Manicura
La
mamá de Marcos dejó de hacerse la manicura y la pedicura en los locales del
centro porque las señoras que la atendían no le tenían paciencia. Decidirse por
un decorado le tomaba el doble de tiempo que al resto de la clientela. Ella
quería flores, pero no como estaban en la cartilla de decorados que le
entregaba para que eligiera. Quería mariposas y mariquitas, pero no le servían
cuando las finalizaban porque no quedaban bonitas y ella estaba pagando por
algo bonito. Después de pelear en varios locales y decirles que ella no era ningún
moco pegado en la pared ni ningún monigote mal pintado en una uña lo que hizo
fue conseguirse el número de una manicurista que trabajaba a domicilio, cobraba
más, pero andaba si afanes.
Marcos
maldecía los martes y a las viejas de los locales del centro por no tener
paciencia para trabajar, por no consentir al cliente, por no pintar la flor
delicada y detalla que su mamá quería en las putas uñas. Marcos aborrecía el
olor a removedor y esmalte.
Marcos
se quería volver fósil y estar enterrado bien profundo para no oír las
carcajadas de su mamá y de la vieja manicurista que hablaba sin parar y que se
aparecía a trabajar con sus hijos que corrían por la casa jugando con sus
sobrinos que justo los martes también se quedaban en la casa porque su hermana
estudiaba.
La
tarde se hacía larga y Marcos no tenía para donde irse, la gente no creía, pero
ser mantenido también tenía sus desventajas y él podía confirmarlo, se decía
Marcos. En ultimas y aunque fastidiado Marcos terminaba haciendo tinto para su
mamá y la manicurista.
Marcos lee La broma infinita
Marcos
le dice a la secretaria que se quede tranquila que él puede esperar. Saca de la
mochila La broma infinita de Foster Wallace y se la enseña sonriente. Jala la silla que está frente al escritorio y
se sienta a leer paciente. La secretaria muy bien peinada sin dejar de golpear
el teclado con fuerza como si no le diera miedo arruinar la manicure lo mira
indiferente.
Marcos
lee el principio de la página 599 y va a la parte de atrás del libro a buscar
unas de las tantas notas. No pierde de vista a la secretaría que pasó de la
indiferencia a la desconfianza casi que con fastidio como si lo quisiera echar,
como si le repugnara verlo ahí haciendo maromas con el voluminoso libro.
Pasado
un rato la secretaría le vuelve a decir con algo de desespero que la doctora se
demora.
Yo es
que por eso traigo siempre libros, a mí me gusta tener que hacer mientras
espero, mire que si estoy de buenas puede que hasta termine de leer este libro
acá con usted, Marcos baja la vista y sigue leyendo.
Marcos
avanza en su lectura sin perder de vista a la secretaria que desde hace un rato
lo está mirando mucho y cree que como está ahí leyendo tan a gusto ella se
antojó de leer el libro, por eso Marcos le dice que se esté tranquila que
cuando el terminé de leer el libro se lo puede prestar y sigue leyendo.
Desodorante.
Señor
así no puedo llevar esto, mire que no hay de dónde agarrarla, dice la muchacha
en la tienda señalando la bolsa con tres gajas de plátano que están sobre el
mostrador.
Marcos
necesita comprar un desodorante en papeleta, pero el tendero no lo atiende
porque sigue buscando una bolsa que sea del gusto de la muchacha, más grande y
con orejas.
Marcos
sabe que el tendero no tiene bolsas grandes de más de seis kilos donde quepan
sin timidez tres gajas de plátano verde, que seguro son para un sancocho que no
va hacer la muchacha porque tiene las uñas muy largas y no tiene cara de pelar
biches. Marcos le repite al tendero que necesita una papeleta de desodorante y
el tendero sigue sin prestarle atención. Saca bolsas de todos los rincones y
las detalla con cuidado a ver si aguantan con las tres gajas.
Que
cosa tan berraca con este pendejo se dice Marcos y mira la muchacha que espera
fastidiada. El tendero sigue sin encontrar en donde empacar los plátanos y
Marcos le dice que él tiene ganas de venderle bolsas grandes a los tenderos
porque parece buen negocio. El tendero lo mira mal, pero no le habla, está
puto.
Marcos
levanta la bolsa del mostrador y le pregunta a la muchacha para dónde va con
eso, que él la acompaña y le lleva esos plátanos para que no sufra. La muchacha
le da las gracias y le dice que ahí adelantico que son dos cuadras no más.
Marcos camina al lado de la muchacha y ella al lado de él, pero como queriendo
alejarse y tocándose cada tanto la nariz. Marcos le dice que a veces, casi
siempre cuando es urgente, comprar desodorante resulta demorado.
La profesora que no ponía cincos.
No,
mija, no, no le diga nada, no hable con esa señora, para qué, vaya de una vez a
la secretaría de educación y se queja allá. Arme el tierrero, vaya y se
desencuaderna allá y les exige que la echen, es que esa señora no tiene nada
qué hacer enseñando. Si quiere vamos juntos, yo la acompaño, usted sabe que yo
soy amigo del secretario de educación y del alcalde también, le dijo Marcos a
su hermana.
El
problema con la profesora era uno solo, la señora nunca le ponía un cinco a su
sobrino, aunque las tareas y los ejercicios estuvieran bien hechos el niño no
llegaba al cinco. Además, le devolvía a su sobrino los cuadernos llenos de
tachones con marcados rojo en donde no había que poner ningún tachón.
Esa
señora se la montó al niño porque es cansón, es por eso, y lo peor es que me lo
va a desanimar al niño, le va coger pereza a estudiar si esa señora lo sigue
jodiendo así.
No,
mami, no, es lo que yo le digo, camine y le gestionamos la echada de una vez,
que vaya a tachar con marcado rojo ofertas de empleo en los clasificados del
periódico.
Marcos
no le estaba mintiendo a su hermana, si de algo podía presumir era de la
cantidad de amigos importantes que le respondían al teléfono en cualquier
momento.
La
mamá de Marcos les dice a sus amigas y vecinas que nada como andar de vago para
conseguir amigos. No más miren al hijo mío, vive disponible, no trabaja y
conoce a medio pueblo. Marcos se defiende, él si trabaja, él es un freelance,
así ella no entienda. Marcos asegura que para hacer amistades hay que invertir
tiempo y por eso él invierte el suyo a su manera.
Pero
marcos, entienda, usted porque es tan extremista, yo no quiero que echen a la
profe, a mí me da igual ella, yo lo que quiero es que no se la monte al niño, yo
quiero que me le ponga el cinco cuando se lo merece y que no me le ande
manchando los cuadernos así, no más. solo eso.
Oiga
mijo y a usted cuantas veces es lo han echado de los trabajos, preguntó la mamá
de Marcos.
Lo que
pasa mamá es que a mí más de una vez me la han montado y por mal trabajador no
ha sido, lo que pasa es que la bronca de los jefes, existe, existe, así como la
bronca de los profesores, así usted no crea, dijo Marcos. De todos modos, si
quiere hace echar a esa profesora, no es sino que me diga y yo me hablo con el
secre, le dijo Marcos a su hermana y se marchó.
Y ese
de dónde sacó que puede ir haciendo echar a la gente, así como si nada, le
preguntó la hermana a la mamá. Cómo que de donde, mija, acaso que otra persona
conoce usted que tenga más experiencia en despidos que él, no ha tenido trabajo
del que no lo hayan echado, y eso que tiene dizque amigos en todas partes.
Las pelotas de caucho
Marcos
no sabe que es ganarse la lotería, tampoco se ha ganado el sueldo que merece,
no ganarse la lotería es algo que le molesta.
Mierda
de suerte, uno estar hecho para ganarse nada en la vida. Marcos dijo eso el
lunes por la noche cuando estaba en el centro comercial y compró una empanada
de cambray que estaba inflada y medio vacía como los paquetes de papas
fritas.
Le
sobraron unas monedas de 500 pesos que echo en un dispensador lleno de pelotas
de caucho muy coloridas. Él quería una roja o una verde o una con lunares como
los de Kusama, la artista japonesa que le pone lunares a todo. Le hubiera
gustado sacar una que parecía pintada por Rothko o una que parecía un balón de
baloncesto pequeñito, pero no le salió ninguna de esas y se tuvo que conformar
con una pelota blanca sin gracia.
Marcos
guardó la pelota en el bolsillo de la pantaloneta y sigo maldiciendo su suerte,
ni para sacar la hijueputa pelota que quiero, con todas las bonitas que hay y
me tiene que salir la fea. Voy a seguir yendo todos los días sacar pelotas
hasta que me salga la que quiero le dijo Marcos a su mamá y ella le preguntó
que de dónde iba a sacar las monedas. Siempre la misma cosa con usted, a toda
ahora hablando de plata, uno viene a contarle que hay pelotas de caucho bonitas
y usted hablando de monedas, cómo si las monedas rebotaran, dijo Marcos
encerrándose en el cuarto a jugar con la pelota.
Culo gordo
Tía,
no se quede ahí sentada, mejor busqué otra porque esa ya la partió, le dijo
Marcos a la mujer de uno de sus tíos una tarde que estaba en la casa de los
abuelos almorzando en familia. Marcos quería proteger el culo gordo de la mujer
de su tío de un buen golpe contra el suelo, su intención era buena, pero la
señora no lo entendió así. Pues es que todos no somos unos flacuchentos
viciosos como usted, le dijo la gorda, fastidiada y ofendida. Pero por qué tan
grosera, si yo no le dije gorda, le dije que no se siente ahí que la acaba de partir,
no hay que tener mucho sentido común para ver que mientras más pesado sea el
que se siente más posibilidades hay de que se acabe de partir, le dijo Marcos
sonriente como si le divirtiera la situación. El grosero es siempre usted
Marcos, le dijo el tío queriendo defender a su mujer y la señora agregó que
ella había estado sentada en esa silla antes de que él llegara, lo dijo con
sobrades como si estuviera demostrando que Marcos estaba hablando mierda, que
la silla aguantaba. Entonces sí fue usted la que la partió, si ve, es lo que le
digo, los culos grandes pasan factura. Se pasó Marcos, ahora sí se pasó, le
dijo su tío y detrás de las palabras vino el puñetazo en el pómulo derecho de
Marcos. Si ve, es lo que le digo, los culos grandes pasan factura, dijo Marcos
sobándose la cara mientras salía de la casa, al uno o al otro, pero pasan
factura.
Vigilante
Es que
uno ya no sabe quién es quién. Se lo digo yo don Marcos, yo que pasó por acá
todas las noches. Es que a veces no sé si yo soy el que vigila el barrio o el
que está dando papaya para que lo roben o lo secuestren. Es que esto está
peligroso, dizque otra vez están picando gente, imagínese que sea una la
victima con la que de pronto revivan esas prácticas delictivas ¿Si me ve como
estoy hablando de elegante don Marcos? es que usted no cree, pero uno oyendo
las judiciales en la emisora todos los días aprende mucho.
Entonces
por eso lo que le venía diciendo, que eso puede que esa mata de sábila que
usted tenían en el balcón se la robaron por hacerle el daño a usted, aunque de
pronto la necesitaba, es que como le digo don Marcos, uno puede juzgar porque
uno ya no sabe quién es quién, eso puede que con esa matica de sábila suya
ahora le estén refrescando las quemaduras a alguien. Oiga y hablando de todo un
poquito don Marcos, de ladrones y todo eso, usted me va pagar lo de este mes de
una vez, vea que uno no puede andar vigilando el barrio de regalado tampoco. Con
su mamá, claro, yo entiendo es su mamá la que se encarga de eso, listo don
Marcos yo habló con ella, tranquilo don Marcos, no sufra por esa mata, siembre
otra.
Fiesta
Pero
cómo carajos nos venimos nosotros desde Tuluá hasta por acá, tras de qué putas.
Marcos estaba sentado en una silla plástica tomando Coca Cola en vaso
desechable de siete onzas, por lo menos no la mermaron con hielo, agregó
Marcos.
La
fiesta era para celebrar los 90 años de la tía Melva que estaba sentada en el
centro de la sala de la casa en una silla que simulaba un trono, aunque la tía
Melva en vez de reina parecía más una momia.
Es que
nadie lo obligó a venir, le dijo el tío a Marcos y la esposa gorda del tío
repitió la misma frase como si estuviera traduciendo al tío. Si no estuviéramos
tan lejos me iba, pero por acá en la puta mierda no queda otra que esperar,
dijo Marcos. Eso se va yendo caminando suave que por ahí lo alcanzamos en la
carretera en la madrugada cuando ya vayamos para la casa, dijo la mujer gorda
del tío. No tía, gracias, yo espero. Andaban en la camioneta del tío soltero
que a diferencia de los otros tíos tiene camioneta porque no tiene mujer.
Estaban las tías, otros tíos, unos primos, el abuelo, Marcos y la mamá. Todos
estaban entretenidos hablando con otros familiares, Marco seguía tomando Coca
Cola.
Oiga
tía y usted baila todavía, le dijo Marcos a la tía Melva ofreciéndole la mano
para que se levantará de la silla y bailaran el merengue que estaba sonando.
Deje
quieta a la tía, Marcos, no la moleste, le decía su mamá, y el abuelo, y los
primos y todos, pero Marcos tomo de las manos a la tía y la ayudo a ponerse en
pie. Eso tía, así es, vamos a moverlo, que se prenda esta fiesta, bailar
rejuvenece tía.
La tía
levantaba los pies con dificulta y le seguía el paso a Marcos que movía más las
manos que los pies. Vea tía y usted porque no les dijo a estos vergajos hijos
suyos que se las dan de platudos y todo que hicieran algo más animado, por lo
menos hubieran traído ron, bastante ron. Cómo así que usted no puede tomar tía,
como no va poder, eso un trago no la cae mal a nadie. No tía cual diabetes y
cual corazón eso de todos modos de algo se tiene uno que morir, le dijo Marcos.
Uno de
los primos se apresuró a agarrar a la ría y la ayudó a sentar de nuevo, Marcos
sintió que se la habían arrebatado, se quedó solo en la pista de baile que
también era la sala de la casa de la tía. Marcos volvió a su silla, por lo
menos yo tenía la voluntad de entretener a la viejita, pal velorio si me vengo
preparado, un litro de ron voy a empacar, esto no me pasa dos veces, la chimba
que no, se dijo Marcos.
Reuniones
La
mamá de Marcos dice que ella no puede ir porque tiene una reunión con el grupo.
Las reuniones son dos veces a la semana y si Marcos o su hermana mostraran más
interés se darían cuenta de que a veces su mamá tiene hasta cinco reuniones en
una semana.
Ni
Marcos ni su hermana tiene claro para qué sirve el grupo, pero el grupo existe
y es importante para ella. Cuando hay reuniones no importa lo que pase con
ellos, ni siquiera si es una emergencia. El grupo tiene la prioridad.
Llevé
a Marcos, él le ayuda, él sabe de eso también, yo le expliqué, dijo la mamá.
Pero, mami, el es muy bocón y qué pena que le de por ponerse a hablar de más y
salir con sus guachadas allá entre esas señoras, me sacan de las clases, dijo
la hermana. Usted verá entonces, de todas formas, yo no puedo, yo tengo reunión
con el grupo, finalizó la señora.
La
hermana de Marcos le explicó a su hermano que ella se había comprometido con
las compañeras de clase de llevar a su mamá para que les enseñara a tejer esas
mochilas de terlenka que ella tejía.
Ah, es
eso, yo creí que era otra cosa, lléveme a mí, yo le hago ese cruce, usted
fresca, dijo Marcos. Ella me dijo que usted sabía. Claro, yo sé, eso no tiene
ciencia. Me ayudaría mucho, no les quiero quedar mal, pero vea, no se vaya a
poner allá de chistoso o de imprudente que esas señoras son muy serias. Fresca,
yo voy y les explico la puntada y listo.
Marcos
mintió, en la clase de su hermana habló de más, les coqueteó a algunas y
terminó explicándoles como Hitler se había escondido en Latinoamérica. Su
hermana le hizo el reclamo, ofendida, le había perdido que cerrara la boca. En
su defensa, Marcos argumentó que ella le había dicho que las señoras eran muy
serias y él les había hablado de algo serio, no más. La mamá de Marcos que oyó
la discusión, dijo que menos mal ya sabía para no ir a llevar a Marcos a una de
sus reuniones.
Perro
¿Para
dónde va? Le preguntó la mamá a Marcos viéndolo salir con un costal de cabuya
debajo del brazo. A botar al malparido perro ese del señor de la tienda de la
esquina. Cómo así que a botar un perro, Marcos, usted es que se empendejó o
qué, no sabe que eso del maltrato animal ya está dando dizque cárcel. Cuál
maltrato ama, yo no le estoy pegando ni nada, yo lo que hago es ir a tirarlo
por allá lejos a ver si lo adopta alguien más, y lo trato bonito y todo, lo
acaricio y le doy piquitos y lo cargo en este costal véalo lo lindo. La semana
pasada fui y lo dejé allá arriba en La Marina y el berraco perro que es
inteligente como él solo ama, volvió y llegó ahí a la tienda. Oiga mijo y usted
porque no se consigue un trabajo permanente de tiempo completo en vez de estar
por ahí metiéndose en bobadas. No ama yo ya le dije al señor de la tienda que
está es la última vez que yo le boto ese perro, porque ya lo he botado dos
veces, cómo le parece mami que la primera vez fui y lo deje por allá en
Andalucía y ahí volvió el perro a la tienda dos semanas después con las uñas
pintadas y con moñitos en las orejas, por eso le digo que eso maltrato no es, a
ese animal lo que le va es bien yéndose para otra parte. Mucho cuidado mijo,
dijo la mamá de Marcos. Fresca, mami, como el perro ya me conoce no hay peligro
de que me muerda y sabe qué ma, si ese perro vuelve a dar a esa tienda yo me
quedo con él, es que es muy inteligente.
El
dulce de guayaba es todo lo que uno necesita para comenzar bien el día. Uno se
levanta de la cama a las diez de la mañana y ve por la ventana que el sol está
calentando como los putos diablos, se detiene un momentico a ver brillar los
rayos de luz en la calle y luego dice: eavemaria que calor tan malparido el que
nos va tocar hoy, y uno lo dice así en plural como si uno también saliera a
trabajar duro, a pegar ladrillos o a techar casas o cargar gallinaza por el
filo de una montaña. En la cocina uno lo ve, está ahí con esa disposición de
enmelotar lo que sea, pero uno no piensa en nada morboso como una vieja o un
tipo cubierto de pies a cabeza en dulce de guayaba, sino que uno piensa es en
una tostada o una galleta y ahí están las tostadas deseando ese dulce de
guayaba, así como lo desea uno. Es que el camino de la cama a la cocina a veces
debería ser más largo solo para tener ese gustó de pasar más tiempo deseando
comenzar bien el día saboreando el dulce. Dan hasta ganas de cambiar de cuarto
con Marcos que duerme al fondo, al lado del patio trasero. Entonces uno se
sienta ahí en el comedor con la tostada y los dedos untados de dulce listo para
comenzar bien el día cuando se acuerda de que uno no más está de visita ahí
donde la tía y que no se puede quedar a vivir ahí porque la tía con un vago
tiene, y de sobra, y entonces uno comprende que Marcos es muy afortunado y
también muy bueno haciendo dulce de guayaba.
La
señora me dice que anda llevada del putas y que no sabe qué hacer, que estaba
trabajando en Chile en una casa de familia y como no se lo quiso dar al patrón
la sacaron de allá sin darle un peso y que le tocó volverse. Yo le dije que yo
la ayudaba porque la vi muy triste, pobre señora sin un peso y como tres hijos
y la mamá enferma y sin marido.
Vea
hermano de una vez le digo que si vino buscando que yo vaya y hable con el
alcalde o con alguno de los amigos míos para que le consiga algún trabajo a la
señora esa se equivocó de personaje porque usted es muy torcido, acuérdese que
le dije que nos ayudara con el voto pal amigo mío y usted se fue y votó por
otro, así queda muy duro ayudar a la gente.
Este
Marcos si es un caso este güevón, lo hace reír a uno y todo con esas que sale.
No hombre no yo no le voy pedir ningún favor no más le estoy contando que la
señora está llevada del putas y entonces yo le entregué unos productos para que
ella los venda y pues yo le doy tiempo para que los pague.
Este
si es bien marica, no pues no la ayude tanto a la señora, pobre mujer encartada
con esas maricadas que venden ustedes, esos tales negocios multinivel no son
sino una habladera de mierda horrible. Mejor dicho, esa señora se ganó fue la
luna con usted, pero pa cargarla sola.
Cómo
no va vender eso, claro que sí, le toca ir a visitar a los conocidos y todo, le
toca moverse eso sí, porque si se queda en la casa pues qué va vender.
Yo
sigo creyendo que lo que hizo fue encartarla, mejor le hubiera regalado algo,
así fuera esos tales productos para que ella los rife, uno le compra más fácil
una rifa que una pendejada de esas que venden ustedes.
No
Marcos no, no diga nada que usted ni una boleta le compraría. No subestime a la
señora, de pronto ella es buena vendedora y trabajadora sí se ve que es, usted
sabe que hay gente que si trabaja.
No,
parce, no, sin maricadas pues, a mí no me venga a salir con cuentos chimbos,
que no es solo torcido sino descarado. A mí un partidario de los negocios
multinivel no me va a venir a insinuar que trabaja más que yo, no señor. La
chimba.
Fresco,
Marcos, papi, no se sulfure, todo bien, yo miro a ver si alguien más me puede
ayudar a buscarle algo a la señora, pero no se moleste, no pasa nada, papi,
todo bien, todo bien.
Radio
Pero
déjalo hablar hijueputa. A ver qué dice el pobre huevón. Yo no sé para que los
invitan al programa si no los van a dejar hablar. Pero porque lo interrumpe,
déjelo hablar. Marcos qué le pasa, se enloqueció, le gritó la mamá desde la
cocina. Nada mami nada, es que estos malparidos en la emisora que invitan a la
gente pa ridiculizarla y no dejarla hablar ni nada. Y es que ellos lo están
oyendo a usted, pregunta la mamá de Marcos caminando hasta el cuarto donde está
su hijo. No mami, yo los estoy oyendo a ellos. Entonces para que se pone a
gritarle a ese radio parece pendejo. Es que uno se deja llevar mami. Ojalá se
dejara llevar a conseguir trabajo. Ahí están diciendo en radio que conseguir
trabajo está muy berraco ma, si usted oyera radio se daría cuenta de eso. No me
joda Marcos, no me joda, ahora resulta pues que no estoy lo suficientemente
informada sobre lo que es tener un vago en la casa y me toca oír radio para que
me lo expliquen, vaya a ver y se pone a trapear la casa que ayer me dijo que la
iba trapear y al fin se hizo el pendejo, vaya a ver que uno puede oír radio y
mover las manos al tiempo.
Marcos
está al lado de un grupo de señoras que hablan de los dolores del parto y de lo
horrible que fue conseguir que las atendieran cuando por primera vez tuvieron
que ir al médico por emergencias con sus hijos enfermos. Una de las señoras cuenta:
el muy hijueputa me dice, es que la niña es muy mimada señora y yo lo vi
chiquitico al perro ese, dizque mimado y la niña con cuarenta grados de fiebre.
Al
otro lado de Marcos hay tres señores que no despegan la mirada de la cancha
donde juegan sus hijos, siguen atentos las indicaciones del entrenador, sin
perder de vista el balón.
Marcos
también mira a su sobrino, pero no dice nada porque nunca estuvo de acuerdo con
que lo llevaran a entrenar.
Está
muy pequeñito para escuelas de fútbol y exponerlo a tanta competitividad desde
niño es maluco, dijo Marcos, dejen que el niño juegue libre, que se divierta,
que juegue por jugar y ya. Marcos está convencido de lo que dijo ese día pero
el marido de su hermana no le prestó mucha atención porque Marcos es un vago y
qué autoridad va a tener un vago como él para hablar de fútbol o de
competitividad.
Las
señoras interrumpen sus relatos de madres para animar a sus hijos. Los señores
hacen pequeñas pausas para comentar jugadas o habilidades especiales que desde
el margen de la cancha notan como si fueran caza talentos de los talentos de
sus propios hijos. Marcos mira a las señoras y quiere oír lo que dicen, también
mira a los señores pero de ellos le interesa más lo que ve, los gestos, los
movimientos del cuerpo, parecen jugadores en el banco ansiado la llamada del
técnico para entrar al partido. Marcos también mira a su sobrino, se ve
contento. Su hermana es la que va a los entrenos, ya se la imagina él siendo
parte activa de la conversación de mujeres madres. Ese día no pudo ir porque
tenía reunión de padres de familia en el colegio y él que según su cuñado no
hace nada tenía todo el tiempo del mundo para llevar su sobrino al entreno y
fijarse más en los acompañantes que en los niños. Si este muchachito resulta
bueno yo tengo amigos que lo pueden meter en un equipo profesional, lo susurra
mirando a su sobrino y de reojo a las señoras y a los señores.
Gente de otra parte
Por
acá no es lo mismo de antes. La gente no se sienta ya en las aceras afuera de
las casas a esperar que el viento les dé en la cara y les mueva el pelo y les
refresque las tetas o las huevas dependiendo del que sea. Hay mucho zancudo,
aunque lo malo no es eso, lo malo era esa gente tan fea que pasaba mientras uno
estaba ahí sentado. Pasaban y pasan porque todavía pasan, pero la gente ya no
se sienta afuera para no verlos para no oírlos, porque se les arrimaban con
rostro partido a pedir. Pedían plata, comida, ropa vieja. Gente fea que huele
maluco. Gente que yo no sé de dónde viene. Por eso le digo que ya no es lo
mismo, la gente ya no se sienta ahí afuera. Es que estar encerrado es mejor
porque cuando ellos tocan la puerta, y es que tocan la puerta y hasta las
ventanas para pedir, pues se hacen los locos y no les abren. Ya no es lo mismo
mija, no es lo mismo. Y dónde está marquitos, ese pelao si vive bueno, él
debería hablar con los amigos que tiene a ver si arreglan eso porque él si
tiene con quién hablar, no como uno que no conoce a nadie. Marcos le dice a su
mamá que los vecinos son muy fastidiosos, pero a ella le gusta hablar con ellos
así sea para oírlos quejarse.
Jardinero
Marcos
camina por la calle con la matera de barro pegada al pecho, la sostiene con la
mano izquierda, lleva la mano derecha en el bolsillo y se arrepiente de haber
salido sin gorra porque le emputa quemarse la frente.
La
matera está llena de tierra y Marcos aprieta los sobres con semillas de
zanahoria, cilantro y remolacha que le regaló el tipo que lo atendió en el
vivero. Marcos compró la matera para sembrar una mata de sábila, pero el
discurso del tipo del vivero con su barba tan poblada y bien cuidada lo puso a
dudar. De pronto es verdad que uno puede salvar el mundo con las tales huertas
caseras, Marcos se repite eso en la cabeza sin dejar de caminar y sin dejar de
ver al tipo del vivero tan alto y flaco con eso dientes tan blancos todo
sonriente como si no tomara tinto ni fumara cigarrillo.
Pero
es que yo lo que necesito es una mata se sábila porque la sábila es bendita y
sirve para todo. Marcos se repite eso y en su cabeza el flaco del vivero le
dice: hay que pensar en el medio ambiente y en el calentamiento global y Marcos
cree que ese flaco también es bendito y sirve pa todo.
Oiga
Marcos ahí vino doña Dolores y le trajo una sábila que usted le pidió. Marcos
va hasta el patio donde su mamá dejó la sábila y mete las manos en la tierra
sin dejar de pensar en ese tipo sonriente del vivero que olía a tierra, aunque
el overol que tenía puesto estaba limpio.
Siembra
la sábila porque eso es lo que él necesita una mata de sábila en la casa. De
todos modos, guarda las semillas con la intención de volver al vivero a comprar
otra matera porque hay que cuidar el mundo y combatir el calentamiento.
El milagroso
Había
un gentío aterrador en el centro comercial, que cosa tan impresionante. Casi
que no salgo de allá, y yo que venía encartada con esas bolsas bien pesadas que
estaban y eso ni por donde pasar había. Dizque la réplica del señor de los
milagros que la tenían ahí en el parqueadero, con misa campal y toda la cosa.
No y usted hubiera visto, un montón de señoras con veladora en mano haciendo
fila para mirar de cerquita al milagroso y rogarle que por favor les abra
camino a los hijos para que consigan trabajo. Había gente llorando porque el
milagroso les había hecho muchos milagros y yo me decía, pues claro por eso es
que se llama el milagroso. Tan boba, mija, yo que me iba a poner hacer fila
ahí, tras de qué, es que Marcos no es un vago porque no tenga oportunidades él
está de vago porque quiere. Si él con esos amigos que tiene no es sino abrir la
boca y de una lo ubican, pero no, él prefiere ayudarle a otros a conseguir
trabajo y seguir ahí en la casa como si nada como si se fuera morir mañana, no
ve que él dice que es dizque un freelance. Yo más bien debería pedirle al
milagroso es para que ese guevaleto se vaya de la casa, pero uno que va andar
poniendo a prueba al milagroso para que después quede mal por no cumplir.
Baños
La
casa de Marcos tiene cinco habitaciones y ninguna tiene baño. Para él es un
inconveniente mayor, para su mamá es algo normal. Es el colmo que una casa
tenga un solo baño, cómo carajos pudieron creer que era suficiente. Ahí se nota
la miserableza enterrada en la barriga. Marcos grita desde el inodoro donde
está sentado recogiendo las rodillas para poder abrir la puerta y recibir el
rollo de papel higiénico que le entrega su mamá. Deje de joder, Marcos y mejor,
antes de sentarse ahí fíjese que si haya papel, mire también a ver si toma
algo, porque está podrido. Yo no sé para qué quiere otro baño si con uno solo
que tiene no es capaz de mantenerlo siempre con papel y toca pelear con usted
para que lo lave, cómo sería teniendo dos o tres. No mamá, yo en serio no sé
usted cómo dejó que papá hiciera está casa así. Si por su papá hubiera sido no
tendríamos ni este baño, su papá lo que quería era una letrina al otro lado del
patio. Él decía que en las fincas en las que creció nunca hubo baño y que no
hizo falta tampoco y cierre esa puerta Marcos mijo por Dios que en serio está fétido,
debería ir al médico, eso no debe ser normal.
Pescado
Usted
no se acuerda. Usted que se va a acordar si tenía como tres o cuatro años no
más. Su hermana seguro que tampoco se acuerda. Eso fue para una semana santa,
me acuerdo patentico porque nos fuimos a pasear al pueblo, a la casa de mi
mamá. A su papá le dio dizque por hacer el negocio del año y fue y se compró un
viaje de pescado, yo ni me acuerdo cuantos kilos. Él en su cabeza estaba seguro
de que eso lo vendía todo el jueves y que pal viernes santo no le iba a quedar
sino la historia de que ya lo había vendido y los bolsillos llenos de plata. El
viernes como a las nueve de la mañana le tocó a su abuelo y a sus tíos ponerse
a abrir un hueco ahí en la huerta de la casa para enterrar ese pescado porque
eso se pudrió y si su papá vendió tres kilos fue mucho. Mi papá cada que hundía
la pala en la tierra decía que trabajar un viernes santo era pecado pero que de
todas formas más pecado era dejar esa carroña por ahí destapada en cualquier
parte. Desde eso no volvió a comer pescado su papá, no lo podía ni ver. Pues le
estoy contando por eso mismo porque usted no se acuerda, así sabe que es mejor
no ponerse a negociar con muerto porque eso se pudre.
Triangulo
Es un
tipo inoportuno, dicen los que conocen a Marcos cuando le preguntan por él.
Marcos sabe que es así y no tiene problema, él disfruta ver la cara de incomodidad
de la gente cuando aparece de la nada en un bar, restaurante o centro comercial
y se sienta al lado de esas parejas que conversan a gustó y sin prisa. No podía
pasar si saludarlos, como se les ocurre, ante todo la cordialidad, dice Marcos.
La gente saluda con una sonrisa franca que se desvanece cuando los minutos
avanzan sin que Marcos siga su camino. Para Marcos salir de casa y regresar sin
haber interrumpido un dialogo ajeno con su jovial desparpajo es una salida
perdida, la posibilidad desperdiciada de ser el punto C que le permita al punto
A y B formar un triángulo.
Poe
Un
amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de cervezas que tenían una
caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta. Marcos nunca ha ido a
Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La verdad es que Marcos a
duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los aviones les tiene miedo a
los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos amigos que viajan y por
eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera directa. Lo que él hace es
insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo que es muy rico y sería muy
bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando sabe a qué lugar se dirigen.
Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían una tapa morada que
dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de dejarlas enteritas sobre
una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de Marcos y Marcos le dijo,
este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista no soy, yo pa limpiar
polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos y su amigo se tomaron
las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que eso era
pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos
guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos, bueno le
dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino de que despertó acostado en
el baño.
Seis kilómetros
Yo no
sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y no habla. Van por ahí por
la doble calzada que son como seis kilómetros de caminata uno al lado del otro
y callados sin decir nada como si tuvieran miedo de que los fueran a oír.
Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que es el que camina por ahí
sin estar interesado ni un poco en saber de qué van sus putas vidas. Y es que a
mí no me importa que ocurra con los otros, pero cuando me pasan por el lado
caminando y cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me
descompone. Si es que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y
hasta mejor porque si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice
nada y uno camina hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan
callados, seis kilómetros callados y yo digo será que si abren la boca explotan
o se desinflan. No sé. Es que caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo
y sabe que va a hablar los seis kilómetros y que no le importa si él le
responde o si lo está oyendo y Marcos lo interrumpe y le dice que sí, que es
mejor caminar hablando.
Enfermo
Marcos
sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa, aunque no mejor. Marcos se
mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha de la vidriería donde lo
compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división para baño en acrílico
adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de una de las tías de
Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó mal puesta, como
coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha quedado
encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo su cara
en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se mira, se
confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la torta
antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se agacha y
vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy
delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar agarrándose el
vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua.
Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le
cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera
tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice
la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda
en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la
reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio, cochino, dice la
mamá de Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir.
Motoratón
Desde
que escuchó en el noticiero que a los motoratones los están desapareciendo,
Marcos no anda con ninguno de ellos. Usted se Imagina que vayan a desaparecer a
un tipo de esos y uno venga con él de pasajero y pague el pato por estar en la
moto equivocada y resulte desaparecido también. Que calamidad que la mamá de
uno o los amigos lo resulten encontrando por ahí en un caño, le dijo Marcos a
su mamá.
Si no
hubiera empezado a llover Marcos hubiera caminado, pero tenía afán y no se
quería mojar porque estaba triste y cuando está triste siente que todo el día
le llueve por dentro con relámpagos y rayos y casas destechadas y vacas
ahogadas.
El
motoraton era un señor de camisa curtida y brazos quemados por el sol de otros
días. Marcos no habla con los taxistas cuando va en taxi y tampoco desea hablar
con los motoraones cuando va en moto, pero como el motoraton empezó a contarle
a Marcos que él también había sido joven, Marcos lo dejó hablar y se dijo en su
cabeza que claro que como ese señor ya estaba viejo seguro había envejecido y
no nacido viejo porque sería muy raro eso de nacer viejo. Usted ve esa señora
que va ahí, yo ande con esa cuando era joven usted hubiera visto, le pegaba
unas manoseadas, pero la vieja se pinchó, montó un asadero de arepas y se
pinchó con eso porque empezó a irle lo más de bien. Hay gente así, se pinchan
porque les va bien. El caso es que se pinchó con esa arepa. Marcos le decía que
sí, que como así, que era verdad, que había gente así, que claro. Y vea usted
como es la vida, ahora, después de mucho tiempo está dizque soltero otra vez,
dijo el motoraton. Marcos le dijo que la buscara y le volviera hablar y el
motoraton dijo que no que ya pa qué, a uno viejo ya ni se le para. Marcos se
dijo en la cabeza que si hubiera nacido viejo no se acordaría que antes sí se
le paraba y ahora no. Marcos le pagó al motoraton y entró a la casa pensando en
lo bueno que sería que a ese señor se le volviera a parar, en lo bueno que
sería que no lo desaparecieran.
Dormir
Hombre,
pero es que se tipo no duerme, sino que entra en coma. Yo no sé quién será pero
ahí lo vi en el noticiero dizque él se levantó y fue a la cocina a hacer tinto
y luego salió al corredor con el pocillo en la mano y ahí vio que en el
barranco del frente donde por la noche estaba la casa de Reinaldo no había casa
sino un chorriadero, el señor dijo que él vio eso y se hecho la bendición y ahí
mismo salió al patio y miro para abajo y allá estaban en el bordo del río entre
barro y piedras las tablas y las hojas de zinc que hasta la noche anterior
había estado dándole forma a la casa de su vecino.
Es que
cuñado diga usted que llueve toda la noche, que llueve tanto que se derrumba un
barranco y se lleva una casa consigo y uno ni oye ni nada y no se da cuenta
sino hasta que se levanta, es que eso es morirse.
Marcos
miró a su cuñado que juzgaba al señor de las noticias como si dormir fuera un
crimen o como si haber estado despierto le hubiera permito al señor salvar la
vida de Reinaldo. Yo me duermo igual o peor, le dijo Marcos a su cuñado. No, es
que de usted no me queda duda, pero es que usted es un vago que no sabe sino
dormir en cambio la gente de por allá de la montaña es trabajadora. Pues si
duermo yo, que no trabajo según usted, imagine esa gente que trabaja tanto,
como se acostarán de cansados, normal que el señor no oyera nada. Marcos no
dijo nada, pero en su cabeza lo que se repetía era que si Reinaldo y el otro
señor hubieran estado viviendo juntos en vez de ser dos viejos solitarios por
allá tan lejos Reinaldo seguiría vivo. Seguro que eso les pasó por quererse de
lejos.
Marcos
no se le esconde a nadie. Marcos quiere que lo vean y lo saluden. Marcos sabe
que hablar con la gente es importante. Mientras más conocidos tenga más fácil
es vender rifas, postres y arroz con leche. Pero a la profesora Jimena Marcos
se le esconde siempre. Marcos la ve y se despeina y le sudan las manos y
empieza a mirar para todas partes como si lo estuvieran persiguiendo para
pedirle plata prestada. La profesora Jimena le enseñó economía y política en el
colegio. Marcos se enamoró de ella cuando la vio entrar al salón con un vestido
sastre azul claro y el pelo suelto con mechones que le caían a la frente cuando
hablaba y escribía en el tablero. Marcos tiene grabado el recuerdo de la
profesora acomodándose con gracia esos mechones mientras explicaba los pros y
los contras de los tratados de libre comercio. Desde que salió del colegio
hasta hoy Marcos se ve como si tuviera cincuenta años más y la profesora Jimena
por el contrario se ve más joven y más bonita. La mamá de Marcos no sabe que
existe solo una persona capaz de poner a trabajar a su hijo y que esa es la
profesora Jimena, pero Marcos si lo sabe y por eso se le esconde. Le da miedo
que lo juzgue porque no trabaja y que se dé cuenta que ella está más joven que
él. Hablar con Jimena obligaría a Marcos a replantearse su vida y por eso
cuando la ve mejor sale a correr.
Llego
una vecina nueva medio cabreada con un papel arrugado de tanto manoseo. Se lo
mostró a la mamá de Marcos a ver si ella había visto alguna vez ese símbolo. La
mamá de Marcos le dijo que no, sin detallarlo mucho. El símbolo era un
triángulo amarillo mal hecho que de escabroso no tenía sino lo que la muchacha
decía sobre él. Según ella el símbolo estaba pegado como una etiqueta en todas
las puertas de la casa y para ella que eso era pura brujería.
La
mamá de Marcos le explicó a la muchacha que Alcira llevaba mucho tiempo
viviendo en el barrio, que llevaba años arrendando cuartos, que cantidades de
personas había vivido en esa casa y ninguno tuvo queja alguna.
Esa
señora es rara, a mí lo que más me asusta es lo que pasa cada que voy a abrir
la puerta, usted viera la tembladera que a mí me agarra cada que voy a meter
esa llave en el cerrojo, es que no soy capaz de abrir, y siempre tiene que
venir ella y ayudarme, si me entiende, es como un miedo sin motivo, lo peor es
que cuando la tengo al lado no se me quita, dijo la muchacha.
La
mamá de Marcos lo llamó y le mostró el papel. Marcos agarro el papel y lo
observo al detalle, luego dijo que no se le hacía conocido. Te todas formas si
le da miedo, cuídese y cuide mucho los calzones, no los deje por ahí a la mano,
en estos días leí que con eso hacen hechizos que lo dejan a uno jodido, expuso
Marcos.
La
muchacha miró a Marcos como si fuera un payaso de circo quebrado en barrio pobre.
Pero vea, vecina, el problema no es el símbolo, el problema es que a las brujas
aborrecen a las muchachas chismosas que andan por ahí de paranoicas armando
historias truculentas, dijo Marcos antes de volver a la cocina. No le pare
bolas que es por joderla, dijo la mamá de Marcos acompañando a la muchacha a la
salida. No se preocupe niña, la próxima vez que le sienta ese miedo me dice y
yo le mando a Marcos para que la acompañe. La muchacha se fue.
No
tengo idea de dónde sacaron las amigas de su hermana esa costumbre de andar
haciendo visitas por las mañanas. Yo no sé si son viejas sin destino o son muy
adelantadas y madrugan y por eso a las diez de la mañana tienen todo listo y se
pueden dedicar a andareguear por ahí. Claro que yo también por la mañana,
claro, pero no es lo mismo, porque yo voy y la ayudo y además yo soy la mamá,
las mamás pueden visitar a sus hijos a cualquier hora, además a diferencia de
esas viejas yo sí tengo tiempo, de sobra, no ve que no tengo marido, no tengo
hijos chiquitos, el destino mío es poco, porque para eso yo ya me he matado
toda la vida. Bueno, no me interrumpa pues, déjeme contarle y no me joda que yo
veré a que horas salgo de la casa mía. Entonces como le venía diciendo, allá
estaban las viejas esas, dos de esas dizque estudiaron con su hermana, se
graduaron juntas. Allá estaban zampadas hablando de los maridos de ellas y de
esa música maluca que les gusta. No señor, no me venga con esos cuentos, no sea
bobo, envidiosa de qué, yo estoy vieja y contenta, no tengo nada para
envidiarles, el único problema que tengo yo en la vida es que usted sique
metido en esa casa, pero cuando usted se vaya, que yo tengo fe, eso va a ser la
tranquilidad total. El tema es que no les tengo envidia, lo que les tengo es
pereza, me chocan, por chismosas, por metidas. Allá estaba hablando dizque de
una muchacha de por acá de la cuadra que dejó al marido, llevaban once años
juntos y se cansó y se fue, se aburrió, que todos los días lo mismo y todos los
días lo mismo y todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y si hubiera
hijos o algo, pero nada, solo ellos dos y la vida maluca de los dos juntos y
entonces se fue, se echó a perder. Chismosa yo por qué, tan pendejo, no señor,
yo no estaba chismoseando, yo estaba allá echándole agua a unas matas y oí todo
el cuento, no más, que ellas me choquen no me vuelve sorda, tampoco. Sí señor,
así será, espere y verá, si mañana llegó a la casa de su hermana y allá están
metidas esas viejas mejor me devuelvo. Que me visite su hermana si quiere.
A
Marcos le gusta un salchichón que se llama Don Juaco y tiene en la etiqueta la
imagen de un marranito con pinta de pasarse ocho horas al día en el gimnasio. Podría
ser un marranito gordo en un corral, pero no, es un marranito más parecido a Arnold
Schwarzenegger que a Porky. Abajo del marranito, como una nota al pie dice:
“salchichón de carne de res”. La gente
cree que el salchichón es un producto tan malo que ni siquiera se fijan en la
falta de coherencia de la información que se incluye en el empaque. Lo que
Marcos cree y por eso le gusta el salchichón Don Juaco, es que el marranito
fornido está en el logo no porque el salchichón sea de carne de marrano sino
porque el marranito es el que mata las vacas para hacer el salchichón. El
marranito es don Juaco y don Juaco es un hacendado asquerosamente rico, con mataderos
por todas partes porque es el mandamás de la industria salchichonera. A Marcos
le gusta creer que se come un embutido hecho con la carne de un animal
cuadrúpedo que mató otro animal cuadrúpedo. Marcos come don Juaco por el
relato.
Televisor
Marcos
se sentó en la banca a menudo ubicada debajo del televisor que el abuelo tiene
colgado en la pared, siempre prendido siempre con el volumen al máximo. La
banca es de color naranja, la pintó el abuelo con una pintura que le sobró a un
vecino después de pintar su casa, pero el abuelo no solo la pintó, la hizo él
con sus propias manos. El abuelo es inquieto cuando no está enfermo. Marcos
debía inyectar a su abuelo, por eso estaba ahí. Se acomodó en la banca y esperó
un rato. No lo quería despertar. Lo observó en silencio un rato, el abuelo era
de sueño pesado porque el volumen del televisor no parecía interferir con su
descanso. Marcos buscó el control y apagó el televisor. El cuarto quedó en un
satisfactorio silencio que sí incomodó al abuelo que empezó a gruñir y a
preguntar qué había pasado con el televisor. Marcos le dijo que iba a
inyectarlo. Menos mal que vino usted, mijo, su mamá tiene una mano pesadísima,
oiga y prenda el televisor, préndalo que me estoy perdiendo la novela. Marcos
obedeció, volvió a prender el televisor y luego busco la inyección para
empacarla en la jeringa. Cómo ve la banca, quedó buena, cierto. Ahí la tiene a
la orden, dijo el abuelo, como si la hubiera hecho ese mismo día, como si
Marcos no la hubiera visto. Marcos se despidió del abuelo asegurando que volvía
al otro día.
Ella
empezó a decir que tenía frío. Lo dijo una vez y cruzó los brazos acariciándose
con ligereza los hombros con las manos, sin perder la delicadeza y el recato
que la caracterizaban. Marcos notó que la muchacha quería su saco cuando por
tercera vez le dijo que estaba haciendo mucho frío y repitió el mismo movimiento
con las manos. Acá es donde deberíamos recrear ese lugar común de las películas
en el que el hombre se quita la chaqueta y se la entrega a la mujer en un gesto
de protección que su brío no puede obviar, dijo Marcos muy serio. Ella sonrió
incomoda, no sabía si Marcos le iba a prestar el saco o no. Si acá estuviéramos
haciendo una película yo le prestaría el saco, créame que sí, pero viendo que
no es así y que de verdad está haciendo frío mejor me quedó admirando su
capacidad para tolerar las bajas temperaturas.
105 años
La
señora se llama Etelvina y parece mentira que tenga los ojos abiertos. Está
sentada en un sofá tan arrugado como ella. El periodista le pregunta si ha
pensado en volverse a enamorar y la señora le dice que no porque eso es para
los sardinos; en el tono de voz que uso para decir lo que dijo hay
incredulidad, como si de eso que es para los sardinos estuviera excluido el
periodista.
El
periodista está seguro de que su carrera se vitalizará y ascenderá veloz con
esa entrevista. No sabe como tuvo esa surte, encontrar a una señora que esté
cumpliendo 105 años, que todavía hable de manera clara y conserve un mínimo de
elocuencia, además y que no es poco, una señora de 105 años que no le tenga
miedo a las cámaras. El periodista sentía que con esa entrevista que el premio
Simón Bolívar ya estaba en su repisa.
Marcos
sigue la entrevista gozando de esa diversión que se mezcla con la incomodidad
de la pena ajena. Será que en estos días que esa señora se muera ese periodista
va a cubrir también el velorio y el entierro haciendo preguntas tan pendejas a
los familiares, así como las que le hizo a la vieja cuando estaba vivía, le
preguntaba Marcos a su mamá. Deje la bobada Marcos, ese periodista no anda
yendo a entierros eso no tiene gracia, dice el cuñado de Marcos, ponga el
partido mejor vea que ya empezó y no lo estamos perdiendo por ver a ese pendejo
haciendo el ridículo.
Una
vecina dijo que el tipo roncaba fuerte y que rumbaba como un camión viejo. Otra
vecina confirmó lo anterior y agregó que el tipo no olía a licor y que tampoco
estaba sucio o golpeado. Un chofer de bus que pasó por ahí dijo que no se movía
y que estaba boca abajo sin respirar. Marcos oyó muchas versiones porque se
levantó tarde y de lo sucedió le tocaron las narraciones ajenas y no la
participación directa como chismoso en primera fila. Alguien llamó y pidió una
ambulancia, seguro asustado de ver a ese tipo ahí tirado y el que llamó tiene
que ser madrugador porque vea que apenas son las cinco y media. Levantaron al
tipo lo acostaron en la camilla y lo alcanzaron a subir a la ambulancia y ya
iban a arrancar cuando se despertó el tipo, desubicado y más puto que una quema
les gritó que si era que se había enguevonado o qué hijueputas, que porqué lo
tenía ahí subido si él no estaba enfermo. Es que usted estaba tirado en la
calle y la moto estaba tirada al lado, le dijeron los que venían en la
ambulancia. Y dónde me ven accidentado, a ver dónde me ven la sangre, digan a
ver. Entre gritos que más parecían
berrinches de niño mal dormido el tipo se sentó en la mitad de la calle
impidiendo el paso de los carros que bajaban y de los buses grandes que a esa
hora recogen a tanta gente que va para sus trabajos. El tipo seguía puto y vino
la policía y vino más policía y vino Marcos y vio como se lo llevaban en la
patrulla y se iban todos y ahí quedaban los vecinos sin saber que había pasado
y porqué el tipo estaba durmiendo en la calle.
Uno se
puede enamorar cualquier día a cualquier hora, Marcos se enamoró un sábado a
las nueve y media de la mañana cuando la muchacha que tenía al lado le preguntó
si tenía ganas de tomar tinto. Marcos le dijo que no, que no tenía intención
alguna de ir a la cafetería. Qué embarrada y yo que le iba a decir que si iba
para la cafetería que por favor me trajera un tinto. Marcos miró a la muchacha
de reojo sin perder del todo la atención que le estaba prestando al tipo que
hablaba al frente. Tengo ganas de tinto, pero no voy porque no me siento bonita
para caminar hasta la cafetería. La muchacha terminó de decir eso y a Marcos le
pareció estar viendo en la espontaneidad de esa expresión a Eva Green en la
pantalla de una sala de cine y para ocultar su reacción siguió mirando al
hombre que hablaba al frente. Marcos veía a la muchacha y en su cabeza se
repetía la oración, no me siento bonita para caminar hasta la cafetería. Marcos
se decía en su cabeza que era al contrario que el mundo no se iba a poder
sentir nunca tan bonito como para que ella caminara por él. Luego Marcos se
dijo que el mundo era bonito porque reflejaba el encanto de ella. Marcos dijo
más cosas, pero ninguna que ella pudiera escuchar, menos mal porque no se dijo
nada original. Quiso decirle que sí, que sí iba por café y que sí le traía uno,
pero no le dijo nada porque para qué, él no estaba para comprarle tinto a nadie
porque él tampoco se sentía bonito como para caminar hasta la cafetería y
volver con dos tintos de los que apenas se iba a tomar uno.
Tío
Marcos
cortó una flor y llovió y llovió y Marcos se acordó que eso era una canción y
botó la flor y se metió debajo del paraguas negro que le prestó una amiga a su
mamá y que él nunca devolvió porque estaba muy bueno como para dejar de usarlo
por andar devolviéndolo. Se paró al lado de la reja en medio de un montón de
madres envueltas en sacos y chaquetas impermeables que cargaban bajo brazo y
brazo más chaquetas y bufandas y ruanas. Cuando los niños fueron saliendo de la
escuela las madres saludaban a sus niños enfundándolos en tanta prenda calurosa
que traían. El sobrino de Marcos salió y Marcos le entregó el paraguas, métase
usted ahí debajo que compartir paraguas es una pendejada incomoda que no se ve
bonita sino en películas, además ya está escampando, dijo Marcos. Pero qué pasó
tío porque no le trajo chaquetica al niño, preguntó la profesora que estaba
encargada de coordinar la salida y el sobrino de Marcos se apresuró a responder
que al tío no le gustaban las chaquetas. Marcos miró a su sobrino con gustó y
agregó a la respuesta que no estaba haciendo frío, los niños recién enfundados
creían lo mismo, pero Marcos no era el tío de todos.
Desconocido
Que
susto tan horrible el que se pega Marcos cuando lo saluda alguien que él no
conoce o no identifica a simple vista, porque Marcos conoce a tanta gente y
recuerda tantos nombres que si los relámpagos tuvieran rostro él sabría cómo se
llaman y quienes son los papás. La semana pasada le pasó eso, un tipo que
Marcos no recordaba haber visto lo saludó por su nombre y apellido. Marcos se
fue para la casa pensando en el tipo y le contó a su mamá lo sucedido, que
parecía ser insignificantes como si el tipo que lo saludó hubiera sido un
Marcos que venía del futuro o de otro universo. La mamá de Marcos le dijo que
dejará el drama, lo normal es que lo saluden, usted no se la pasa pues haciendo
eso, consiguiendo amigos haciendo contactos, dejándose ver. Lo que pasa es que
ahora me va a tocar seguir pasando por allá todos los días hasta que me vuelva
a encontrar a ese señor para poderle preguntar de donde es qué me conoce y para
conocerlo yo a él y saber cómo se llama para venderle rifas si hace falta o
para invitarlo a votar por algún amigo mío. Menos mal que no tiene que pedir
permiso en el trabajo para dedicarse de tiempo completo a buscar a ese señor,
dijo la mamá de Marcos. Él entendió la ironía y no le dio importancia. Usted no
puede ha podido entender lo que es ser un freelance, mamá.
Voz en off
Marcos
en su cabeza despeinada y peluda se pregunta todos los días cómo sonara la voz
en off de su mamá o la de su hermana o la de los vecinos y los amigos. Marcos
cree que la voz en off de la gente suena distinta de la voz que él oye cuando
los mira hablar porque la que él escucha en su cabeza se parece mucho a la voz
de una señora que lavaba ropa al bordo del río y que pasaba más abajo de la
casa donde pasaba las vacaciones navideñas y donde su abuelita fritaba buñuelos
que parecían roscones. Marcos se acuerda de la señora, se acuerda de que
hablaba con ella y le preguntaba por los pescados del río y qué si no era mejor
pescar que lavar ropa, se acuerda de la voz de la señora, pero no sabe en qué
momento su voz en off empezó a sonar como la de ella y tampoco recuerda como
sonaba su voz en off antes de conocer a la señora. Marcos cree que la voz en
off de su mamá debe ser chillona e irritable y seguro mandona y por eso ella
habla de trabajo cada que puede.
La
teoría de la mamá de Marcos era simple y estaba sostenida en un argumento tan sólido
que sonaba extraño oírla decir que por primera vez había fracasado. La mamá de
Marcos decía que cuando llegaba una visita maluca no había que ofrecerle nada
para que no se amañara y se fuera prontico. Pero la señora no contaba con las
visitas de su primo, un señor gordo y cabezón que contaba cuatro o cinco veces
la misma historia como si estuviera haciendo una plana oral en la cara su
prima. el cabezón llegaba a la casa de la prima con una mochila llena de
paquetes de rosquitas caleñas y un par de botellas de agua de litro y se
sentaba en la sala, o en la cocina o en donde fuera que estuviera su prima a
comer rosquitas y a repetir cuentos hasta que se le acabaran las rosquitas para
poder irse. Marcos le dijo a su mamá que el hueco de las rosquitas debería
tragarse las visitas malucas y vomitarlas en otra galaxia. La mamá de Marcos le
dijo que con qué el médico le prohibiera las harinas a su primo sería
suficiente. De momento y como gesto de apoyo con su madre Marcos se sienta al
lado del primo a comer rosquitas caleñas con él.
La
vecina dice que hay gente que va a los velorios a pedir que le echen leche al
tinto y Marcos no le cree. Que vayan a los velorios a tirarse pedos infectos
que pongan a los acompañantes del muerto a llorosear, hasta le creo, pero que
quieran café con leche en vez de tinto eso si es muy conchudo. Es que el mundo
está lleno de conchudos dice la mamá de Marcos, usted es el que no los ve,
mijo. El problema son lo velorios, esa costumbre se debería suprimir, con el
entierro es suficiente, si uno tiene la intención de acompañar a los familiares
del muerto, con asistir a la misa es suficiente. En las misas no reparten
tinto, ahí se le pone fin a esa alcahuetería, dijo Marcos. La vecina cree que
lo mejor es ir a todo, al velorio, al entierro y al novenario. Novenarios ya no
hacen, ahora hacen es un trío de misas y listo, dice la mamá de Marcos. El
esposo de la vecina que no es capaz de voltearse solo en la cama y que ya no
tiene un solo pelo en la cabeza por la quimioterapia le pide a su mujer que le dé
un poco de agua y mientras se la toma empieza a quejarse, el dolor parece ser
intenso. La mamá de Marcos cree que es momento de finalizar la visita, se pone
de pie y se despide, Marcos la imita y juntos salen del cuarto y de la casa de
los vecinos.
Peinados
A
veces las recomendaciones de Marcos son cosméticas y están relacionadas solo
con la imagen que sus amigos proyectan. En sus repetidas visitas al concejo
municipal Marcos le hizo ver a varios de sus amigos que siendo concejales lo
peor que podían hacer era ir por ahí luciendo cortes de pelo que parecían
sacados de una cancha de fútbol. Si yo fuera concejal quisiera verme siempre
como un ejecutivo respetable y no como un hincha barra brava. Uno de los amigos
concejales de Marcos que es concejal porque logró que su hijo que es el
dirigente de la barra brava del Cortuluá convenciera a todos los hinchas de
votar por él, mostró su molestia por el comentario. Hombre Marcos, pero qué son
esos prejuicios, quién dijo pues que los cortes de pelo influyen en las gestiones
que se adelantan acá, dijo el concejal. Mi honorable edil, pa qué nos decimos
mentiras, si de equiparar gestión y cortes de pelo se tratará entonces en el
concejo todos ustedes tendrían que estar calvos, es que mejor dicho hasta las
cejas se les habrían caído, es que ustedes no trabajan sino en campaña, por lo
menos durante esos días al menos se peinan. Este Marcos si es la cagada, dijo
otro de los concejales que tenía la cabeza llena de rayas como si estuviera
llevando la cuenta de las promesas incumplidas en el punto más alto de su
cuerpo. Yo les digo para que sepan no más, sí se ven como ejecutivo generan
menos sospechas, nada les cuesta tenerlo en cuenta.
Chillido.
Se
quedaron callados un rato, como si ambos necesitaran silencio para oír el
susurro del olor a guayaba que inundaba la casa en ese momento. Marcos lavaba
las guayabas las partía en cruz y las ponía en una olla, la hermana miraba el celular
sentado al lado de la mesa. Oiga esa porquería como chilla, dijo Marcos. Ella
fue hasta le ventana de la sala y se asomó para buscarlo, pero no lo vio. De
dónde salió pues, preguntó la hermana de Marcos. Yo no sé, pero desde que lo
trajeron se la pasa chillando, ese tipo cómo que no sabe sino recoger gatos y
arrumarlos ahí en esa casa, dijo Marcos. A veces parece como si estuviera
llorando un niño chiquito, dijo la hermana de Marcos. Y el niño qué está
haciendo, preguntó él. Ahí está en el cuarto suyo viendo televisión, esperando
que esté el dulce. Cuando piensa volver, preguntó Marcos. Cuando se me pase la
rabia, cuando lo pueda mirar sin querer acabarlo a golpes, no sé, pero hoy no.
Si él hubiera ganado no estarían acá ustedes y no estaría él solo allá, dijo
Marcos. Pero no ganó, dijo la hermana, él sabía que no iba a ganar, yo se lo
advertí mucho. Por la noche también chilla horrible el gato, espere y verá,
usted se va a pasar la noche en vela, pensando en lo mismo y por la mañana
puede culpar sin problema de su desvelo al hijueputa gato.
Cura
Solo
cuando la mamá de Marcos vio que a la iglesia no le cabía ni un alma se
convenció de que su hijo si conocía a media ciudad; él los llama amigos porque
decir que son sus contactos le parece muy de lava perros sin patrón y él de
esos no es, ni lo primero ni lo segundo. Le contó a todos los que pudo que iban
a sacar los restos de su papá y esperaba que lo acompañaran. En un momento de
la homilía la asistencia se dio cuenta de que el único en la iglesia que no
conocía a Marcos era el sacerdote porque dijo que en el cielo Manuel debía
estar orgullo de su hija tan buena madre y tan buena esposa y de su hijo tan dedicado,
responsable e incansable, cuando dijo incansable los asistentes empezaron a
cruzar miradas entre ellos y desde el atril donde el cura hablaba y los
observaba parecía que muchos estuvieran esquivando algún bicho que se les
quería asentar en el cuello. El mismo Marcos parecía sorprendido. De dónde sacó
mamá al curita éste le dijo Marcos a su hermana y ella le dijo que no sabía,
pero que era machista como todos. Machista no sé, pero se nota que no tiene
idea de lo que es ser freelance.
Que
cosa tan horrible Marcos, mijo, esta semana he visto cuatro accidentes de gente
en moto, tan impresionante que es ver a esa gente ahí refregada contra el
pavimento. Muy preocupante lo morbosa que se ha vuelto usted, mamá, eso es muy
feo. Ve éste tan pendejo, le estoy diciendo que he visto como cuatro accidentes
en una sola semana y entonces el problema soy yo. Claro, por quedarse mirando.
Que he visto, le estoy diciendo, que he visto, no que estuve mirando. Entonces
le va tocar es cambiar de ruta mami, eso es que usted está caminando por calles
muy peligrosas. Marcos en esos accidentes muere mucha gente, mijo. Por eso le
digo mamá que no siga caminando por esas calles que camina, cambien de ruta. Yo
no sé Marcos cómo es que hace la gente para hablar con usted. Pues para hablar
conmigo lo primero que hay que hacer es evitar matarse en accidentes de moto.
Mascarilla
Cómo
así que otra vez está peleando con la esposa de su tío, no sé cansa de molestar
a esa señora. Peleando no, peleando por qué, nada, yo le dije que ella tenía
que preguntar si lo que se iba a comer se podía comer antes de comérselo. No le
dije nada más. Su tío dijo que lo peor que pudo hacer su papá fue morirse
dejando plata y pensión, que por eso usted no hace nada y no es sino un vago
atenido y que yo soy una alcahueta que debería echarlo de la casa a ver si por
fin consigue trabajo y crece y se forma un carácter, lo dijo muy alterado, se
quería salir de la ropa; que él y la mujer no van a volver por acá hasta que
usted no coja oficio y se vuelva alguien productivo. Oiga mi tío si es
exagerado, no le pare bolas mami que eso vuelve. No se haga el bobo, Marcos
diga a ver qué pasó. Se acuerda de esa mascarilla que hice para el pelo con
aguacate, banano, huevo, sábila, miel, aceite de oliva, aceite de resino y
hasta unas pastas de planificar, pues la eche en un frasco de mermelada y lo
dejé allá sobre la mesa de la cocina porque se me olvidó meterla a la nevera y
hace rato que vino la mujer del tío dizque a buscarla a usted se sentó y se
comió el frasco completo de la mascarilla con unas tostadas y ahí fue cuando le
dije lo de que preguntará por lo que se iba a comer y listo con eso tuvo la
señora para emputarse y decir lo de siempre que yo se la estaba montando por
gorda. La mamá de Marcos empezó a reír a carcajadas. No se ría de eso mami, que
eso es una pendejada en comparación a lo cagada que debe estar esa señora a esta
hora, porque eso tiene que haberla enfermado, eso seguro.
Uno de
los vecinos de Marcos le dice don Marcos y Marcos no sabe por qué, cuando él le
habla siempre le dice Reynaldo así sin más, sin formalismo. El vecino trabaja
en la galería, vende plátanos y bananos y guineos; todos los días a las tres de
la mañana saca la camioneta del garaje intentando hacer el menor ruido posible
y se va para su local, son más ruidosos los ronquidos de Marcos que el vecino.
Reynaldo le pide a Marcos que le consiga una de esas pancartas o pasacalles de
esos que ponen los políticos en campaña porque el material es muy fino y le
sirve para tapar los racimos del sol. Usted que es amigo de todos esos
candidatos don Marcos la tiene fácil y eso de más que lo desmontan y lo botan
por ahí en cualquier parte. Oiga Reynaldo, pero esas caras de esos candidatos
no espantan a la gente cuando vaya a comprar, preguntó Marcos. De más que no
don Marcos, pero yo los pongo al revés y eso con una semana de sol se destiñe y
ya ni se queda viendo. Listo Reynaldo cuente con eso, le dijo Marcos; a usted
lo van a envidiar un montón, dándose el lujo de mancharle la cara a esos
personajes. No don Marcos, pero no es por eso, no es por nada político ni nada,
es no más por el material de las pancartas esas, eso es como una lona, muy
fina. Fresco Reynaldo que a nadie le importa que hacen con eso, las de la
campaña pasada las mandamos pal gallinero de un amigo para que tapara la
gallinaza.
Perros
Le voy
a contar lo que pasó anoche pero no todo porque no me acuerdo. Primero el
vecino se asomó por la ventana y espantó al perro y luego le tiró un baldado de
agua; no me acuerdo del color del balde y no le puedo decir si el agua estaba
fría o muy fría y el perro chilló, pero el agua no lo mojó todo, aunque no me
acuerdo si le mojó la cabeza o el culo.
La
segunda fue la vecina de al lado que salió en pijama con la escoba en la mano y
le acomodó su golpe al perro. De lo que no me acuerdo es de la escoba, no le
puedo decir sí era nueva o vieja si era la de barrer adentro o la de barrer la
calle y el perro chilló, pero no se fue; pero eso sí, la señora estaba muy bien
peinada, como si no hubiera podido dormir nada.
El que
no salió nunca fue Juvenal que era el dueño de la bolsa de basura que el perro
estaba despedazando y regando por toda la cuadra y vea yo no me acuerdo bien
pero ahí dentro de esa bolsa había un muerto mal picado porque ese perro
arrastraba una cosa larga parecida a un brazo como de un pastor alemán o bueno
un perro así grande, lo que no le puedo decir es si era un perro o varios yo
como le digo no me acuerdo sino del perro al que espantaban era como
amarillo.
El
otro vecino, el del final de la cuadra fue el último que salió y ese sí ni agua
ni escoba ni nada, ese de una sacó un revólver y le pegó dos tiros al animal.
No le puedo es decir en dónde le pegó porque como le digo no me acuerdo y eso
del revolver pues es un decir también porque yo de armas no sé nada. Después de
eso yo me fui a dormir y ahí quedó ese perro tirado en medio de ese basurero.
No le puedo decir más, Marcos. Pero usted por qué es así Marcos, por qué no me
cree nada, yo que voy a saber cómo ladraba el perro, no le digo pues que no me
acuerdo de todo.
El
vecino pregunta por la hermana de Marcos cuando lo ve venir con su sobrino de
la mano. El niño dice que la mamá salió a montar en bicicleta con unas amigas y
que el tío lo llevó a comer helado. El vecino dice que él también va a empezar
a montar en bicicleta, pero el año entrante, porque uno se tiene que mover, en
el ejercicio está la salud, el vecino habla rascándose la barriga como si fuera
su raspa y gana. Pero por qué se va a esperar hasta el otro año vecino, le
pregunta Marcos. Pues mijo porque yo no sé si usted sabe, pero a mí la mujer se
me fue y me dejó sacudido, entonces yo no puedo sacar tiempo ahora pa el
ejercicio porque me toca es trabajar pa comprar otra vez el televisorcito y la
neverita y la camita y las poltronitas y luego si, pues, puedo pensar en la
bicicleta. La prioridad son las cositas pa cuando me consiga otra mujer, que no
vaya a encontrar una casa vacía, porque lo bueno es que las mujeres tengan en
que entretenerse, que encuentre hartas cositas pa limpiar, ellas se aburren si
les hacen el aseo. Oiga vecino y por qué se fue pues su mujer, preguntó Marcos.
Hombre vecino, como que se cansó de vivir bueno, yo no sé, terminó la carrera
que yo le pagué y listo, hermano, se fue, un día salí por la mañana y por la
tarde que volví ya no estaba. Marcos le grita a su sobrino que vuelva que ya se
van a entrar y el niño se despide de los otros niños de la cuadra y vuelve
corriendo. Ah bueno, vecino, ya sabe que con mi hermana y las amigas de ella
puede salir a montar, el problema es que les aguante el ritmo porque ellas
montan mucho, dijo Marcos. No me asusta, yo les aguantó, uno aguanta mucha
cosa, dijo el vecino.
Chocolates
Marcos
ya no compra chocolates. La última vez que compró una caja estuvo media hora en
el supermercado mirando los estantes en un pasillo que ese día estaba tan vacío
como el pasillo donde están las cervezas sin alcohol. Su cuñado sostiene una caja
de chocolates Lindor en la mano, dice que se la regaló el jefe porque él no se
los puede comer, lo mata la diabetes si lo hace. Marcos le dice que si fuera un
jefe responsable con el mundo se los hubiera comido. Seguro el que se los
regaló pensó lo mismo, dice el cuñado de Marcos, lo quería eliminar. Si usted
está pensado lo mismo y por eso se los trajo a mi mamá sepa de una vez que ella
no tiene diabetes, dice Marcos, el cuñado se ríe y deja la caja sobre la mesita
de centro. La sala se ve distinta y el cuñado lo nota. Y esa foto qué,
pregunta, de dónde salió. Marcos le dice que no sabe, que la mamá estuvo un
tiempo buscándola, pero no sabe dónde la encontró o quién la tenía, ayer
apareció con ese cuadro y primero dijo que lo iba a colgar en el cuarto de ella
y luego que no que en la sala quedaba mejor, que ahí arriba del sofá y listo la
colgó ahí, yo no le ayudé porque yo pa clavar puntillas no sirvo. Su papá era
un man bien pinta, de malas usted que no le sacó nada al viejo, dice el cuñado.
Marcos no tiene reacción alguna para el cometario, se sienta al lado de su
cuñado y mira la caja, la detalla con la misma atención que su mamá pasando las
páginas de los álbumes de fotos familiares. Ábralos y no los comemos mientras
vemos el partido, dice el cuñado. Marcos intenta abrir la caja y la deja caer
al piso; la última vez que Marcos compró una caja de chocolates agarró la
primera del estante y se cayeron todas las que estaban detrás, tuvo que venir
un empleado del supermercado a ayudarle a recoger. Cuando Marcos salió su papá
ya no estaba esperándolo, la ambulancia ya se iba y un vigilante le dijo que el
señor se había enfermado, le dio como un infarto, le dijo. No Marcos mijo, pero
ni que abrir una caja de chocolates fuera tan complicado como clavar una
puntilla, dice el cuñado riéndose mientras agarra la caja.
Pero a
usted qué le pasó mi señora, le pregunta Marcos a la señora del apartamento del
cuarto piso cuando se la encuentra subiendo las escaleras. Ella tiene la mano
izquierda enyesada y apenas se le alcanzan a ver dos dedos con las uñas
pintadas de un rojo que combina perfecto con el blanco del yeso que es el mismo
de las baldosas siempre bien barridas de las escaleras del edificio. La señora
lleva dos semanas respondiéndole a Marcos la misma pregunta; le ha dicho que se
cayó por las escaleras, que la tumbó un caballo, que le robaron la cartera, que
la atropelló una moto, que se enredó cogiendo zapotes porque la rama estaba muy
alta. Marcos va al edificio a regar las matas y a darle de comer al gato de un
amigo que tuvo que hacer un viaje de trabajo. La señora le dice a Marcos que no
es una fractura sino una operación que se hizo para tener por fin un brazo
robótico. Marcos la mira dudoso y con la voz de estupefacto que no tiene le
dice a la señora que le parece buenísimo, yo con plata también me haría poner
una cosa de esas. La señora le sonríe como les sonríe a los descarados y sigue
bajando. En el apartamento Marcos le cuenta al gato que hoy la señora casi lo
convence, pero mañana le vuelvo a preguntar porque de pronto sale con una
mejor.
Arroz con leche
Marcos
le dice a su amiga por teléfono que lo único que supo hacer el domingo en todo
el día fue quemarse la jeta con un arroz con leche caliente que hizo la mamá
para atenderle la visita a unas tías que la visitaron. La amiga de Marcos le
dice que ella en cambio vio a un partido de fútbol del hijo, peleó con el papá
del pelaito porque se hace el marica con la plata la mensualidad del colegio,
se comió un sancocho de pescao que hizo la abuela y durmió toda la tarde.
Marcos le dice que dormir toda la tarde del domingo es usar bien el domingo. La
amiga de Marcos le pregunta qué si quedó arroz con leche y Marcos le dice que
no sabe porque las tías siguen echando cuento en la cocina y él no piensa salir
del cuarto hasta que ellas se vayan. Entonces qué vamos a hacer, pregunta ella.
Pues raspar la olla cuando se vayan las tías, dice Marcos. Así es él, un
romántico.
Estaban
lloviendo truenos esa noche y el sobrino de Marcos seguía en su casa esperando
a que escampara para ir al parque, su tío le había dicho que le iba a gastar un
helado de coco. Eso fue lo que el sobrino de Marcos escribió en el cuaderno de
español, la profesora les había pedido que llevaran un cuento donde apareciera
la familia. Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas no vendían
helado de coco y el sobrino dijo que entonces quería uno de vainilla y Marcos
le dijo que en las noches lluviosas tampoco vendían helados de vainilla. El
sobrino de Marcos buscó un borrador y en donde decía helado de coco escribió
plátano asado con queso. Marcos le dijo que en las noches lluviosas tampoco
vendían plátano asado con queso. El sobrino de marcos volvió a borrar y en
donde decía plátano asado con queso escribió arepa con pollo y salda rosada.
Marcos le dijo a su sobrino que en las noches lluviosas tampoco vendían arepa
con pollo y salsa rosada. El sobrino de Marcos le dijo a su tío que la hoja le
iba a quedar muy fea de tanto borrar y que la profesora le iba a poner un cero.
Marcos le dijo a su sobrino que los profesores no podían poner un cero por
haber borrado muchas veces. El sobrino de Marcos volvió a leer lo que había
escrito en el cuaderno agarró otra vez el borrador y en donde decía noche
oscura y tenebrosa escribió noche estrellada de luna llena y en donde decía que
estaban lloviendo truenos escribió que estaba haciendo un viento fresco, luego
se lo mostró a su tío. Marcos leyó lo que había escrito el niño y le dijo que
en las noches estrelladas de luna llena si vendían de todo eso en el parque. El
sobrino de Marcos le dijo que él quería un helado de coco y uno de vainilla y
un plátano asado con queso y una arepa con pollo y salsa rosada. Marcos le dijo
que si se comía todo eso el cuento iba a terminar muy cagado y el sobrino de
Marcos le dijo que no importaba.
Sorpresa
No,
Marcos no sabe, no, para él será una sorpresa, pues él dice que no le gustan,
pero eso es puro cuento de él pa dárselas de importante, las sorpresas le gustan
a todo el mundo. La mamá de Marcos cuelga el teléfono y le dice a la hermana de
Marcos que todo está cuadrado. No va a ser una fiesta, ni una comida grande, va
a ser algo pequeño con la familia no más, bueno y uno que otro amigo de él. La
hermana dice que con los amigos de Marcos nada es pequeño, ellos siempre cargan
trago y llaman a más gente y luego nadie es capaz de sacarlos de la casa, ni
Marcos. No importa mija, ya todo está organizado a demás para eso están sus
tíos, ellos nos ayudan y como le digo, eso invitamos a uno que otro amigo no
más Los cumpleaños de Marcos no se celebran porque a él no le gusta que la
familia le pregunte por el trabajo que no tiene o la esposa que ya debería
tener, no le gusta dar explicaciones sobre la vida que lleva y menos oír al
abuelo decir que el pelo largo es de maricas. Media hora después de llegar a la
casa y encontrarla llena de gente que quiere cantar cumpleaños feliz Marcos
empieza tener el problema invariable con la esposa gorda de su tío que siempre
se le come el dulce de guayaba. Marcos le dice a su mamá que no le gustan las
sorpresas ni las fiestas y la mamá le dice que a ella le parece que lo que al
él no le gusta es la familia. Marcos no responde, pero la mamá que lo mira
inquisitiva sabe cuál sería la respuesta si le diera por hablar.
Herramienta
Mejor
no le cuento, eso que se lo cuente su mamá mejor, le dijo Marcos a su hermana.
No, pues es que no, según ella toda la herramienta de la casa se ha perdido
porque yo se la ando prestando a cualquiera, y me mandó dizque a reclamarle un
destornillador de estría a doña Carmen. Debe ser la primera vez que usted
reclama alguna herramienta en lo que lleva de vida, dijo la hermana de Marcos.
Reclamar, óiganla a usted; qué iba ir yo por allá a reclamar nada, menos ahora
que la hija de doña Carmen volvió de Londres, no la quiero ni ver. Le da
vergüenza que lo vea detenido en la misma vagancia en la que estaba cuando ella
se fue. Vagancia no, yo soy un freelance, usted sabe, pero no, no me la quiero
encontrar porque, bueno, hubo cosas que nos dijimos antes de que ella se fuera
que ahora podrían resultar incomodas. Bueno el caso es que yo no fui a reclamar
nada y lo que hice fue comprar un juego nuevo de herramientas y listo, mamá la
vio, se enojó y casi me pega. Yo no sé por qué a ella no le gustan mis
soluciones. Entonces por eso se vino para acá, para no pelear con ella,
preguntó la hermana de Marcos. No, por eso no, es que mamá después de ver la
caja de herramientas y cuando se le paso la ira invitó a la hija de doña Carmen
a comer y llego y entro a la casa y cuando la veo ahí en la sala, saludé y dije
que se me había olvidado algo que ya regresaba y listo me vine para acá. Raro
que se ponga usted en tantas vueltas solo para no encontrarse a alguien, dijo
la hermana de Marcos. Rara se va poner su mamá buscando la manera de mantener a
esa mujer cerca solo para que yo termine hablando con ella.
Coco frito
Póngase
a pensar en el señor de los cocos, estacionado en esa esquina todos los días a
esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa, a qué temperatura será que
hierven las neuronas. Parece más por una creencia en algo superior, el dogma de
una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí, como cumpliendo un rol,
porque yo no veo a nadie comprando. La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos
putea el tinto que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan
tibio; lo prefiere caliente, aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con
los que sostiene el vasito. Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica
que uso el primer fritador de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a
partir de la instrucción simple de un fritador de cocos con experiencia. Marcos
dice que no le gusta el coco frito y que los vendedores de coco lo tienen sin
cuidado. Además, la discusión no es
sobre la técnica que usan para fritar el coco sino de la estrategia de
comercialización del coco frito que aplican, hasta que no veamos a un tipo en
una película de Hollywood comiendo coco frito con la misma gracia con la que se
mete un pericazo no nos van a dar ganas de coco frito. Marcos mira al tipo que
acaba de decir eso, es amigo de su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí
sentado con ellos porque no lo vio llegar. Hollywood aguanta como argumento
para cualquier cosa, dice Marcos. La amiga de Marcos sabe que viene, conoce las
palabras que vendrán después de ese comentario y prefiere hablar de otra cosa para
evitar la discusión pasivo agresiva que podrían protagonizar Marcos y su amigo.
La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es el mismo desde que la
abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo por qué siguen
comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que quedarles
distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una bolsita de
coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el tipo se
mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco y lo
comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos les
dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito él
prefiere no hacerlo.
Tienda
La
señora uno dice que su hija es un juicio de mujer, en vez parrandera le resultó
deportista y madruga todos los días a entrenar, es estricta con las rutinas,
disciplinada como ninguna. La señora dos dice que su hijo en cambio es
parrandero y bebedor pero también va al gimnasio todos los días. La señora uno
dice que el novio de la hija también es deportista y la señora dos le responde
que debe ser así, para que en una pareja se entiendan tienen que compartir
gustos, en ese caso preciso, poder entrenar juntos. La señora uno dice que ella
nunca fue buena para ningún deporte y que nunca le gusto hacer ejercicio y que
cuando estaba con Mauricio siempre lo acompañaba a entrenar. La señora dos
muestra interés y quiere que su interlocutora le explique mejor. La señora uno
le dice que Mauricio salía todas las noches a hacer calistenia en el parque y
ella se ponía sudadera y tenis y se iba con él a sentarse en una piedra grande
a verlo entrenar. Bueno y usted no se aburría mucho, pregunta la señora dos. La
señora uno dice que sí que a veces, pero era que tenía una vecina una
muchachita brincona que se la pasaba detrás de Mauricio y mantenía pendiente de
él y cada que lo veía salir al parque salía también dizque a entrenar, entonces
yo me atravesaba allá pa dañarle el plan la pelada. La señora dos se ríe y hay una
muestra de complicidad en su expresión. Marcos que ha estado sentado ahí desde
el principio oyente la conversación de las señoras, aunque no haga parte de
ella, no se aguanta y le pregunta a la señora uno por Mauricio. La señora uno
que conoce Marcos porque lo ha visto varias veces en la tienda lo mira con
cierta molestia, pero no duda en responder que no sabe nada de él, que prefiere
evitarlo, mi hija si mantiene en contacto con él. Marcos se queda mirándola
como si esperara algo más, pero la señora uno no dice nada más y sale de la
tienda, la señora dos hace lo mismo. Usted qué cree, vecino, será que el
Mauricio dejó a esta señora por la brincona del parque. El tendero le dice que
no sabe, cómo si no le interesara el tema y Marcos se va para la casa
lamentándose por la falta que hace tener con quien hablar.
Póngale
la firma
Marcos
dice, a veces sostiene y sabe cambiar de opinión, pero al final de sus
afirmaciones nunca sale de su boca el “póngale la firma” y no es desconfianza
ni falta de compromiso, es más por dejar abierta la posibilidad, por tener una
capacidad de maniobra. Los concejales amigos de Marcos le ponen la firma a
todo. Que yo le hago ese favor hermano, póngale la firma. Claro cuente con ese
trabajo para su hija mi señora, póngale la firma. Tenemos votos para estar aquí
tres o cuatro periodos más, póngale la firma. En ese noticiero siempre lo
quiere poner a uno a hablar mal del alcalde, pero yo no me dejo, yo no caigo,
póngale la firma. No, pero si ese es un pendejo que no sale con nada, yo que le
digo, póngale la firma. Hasta las tías de Marcos ponen firmas, ese hijo suyo,
marquitos, ese no sirvió pa nada, mija, ese se envejece acá con usted, póngale
la firma. Marcos los deja asegurar, los deja firmar en el aire, porque eso muestra
seguridad y la gente segura es mejor.
Esas
tablas chimbas que usted ve allá, las cambiamos y las pintamos la semana pasada,
les dio a los malparidos esos por miarse ahí cada que se les da la gana,
hermano y que cosa tan berraca, parece que las tablas que huelen a berrinche
son las mejores para grafitiar porque eso estaba lleno de consignas chimbas,
nombres raros y dibujos de vergas, pero bueno esas últimas por lo menos tienen
que ver con el berrinche. Las tablas viejas, usted me está preguntando por las
tablas viejas que quitamos, esas se las llevó una señora dizque para meterlas
al fogón. Marcos le dijo que a él no lo invitará a comer nada de lo que
cocinara con esa leña y la señora seguro se lo tomó personal o le pareció muy
zalamero Marcos por decirle eso, el caso es que la señora lo miró como un culo.
Marcos me dijo que los hijos de esa señora eran de esos malparidos a los que
les gustaba rayar las tablas y miarse en cualquier parte. Pues hermano es que
desde que me tocó empezar a cercar ese lote he cambiado esas tablas como tres
veces, es una alcahuetería y una gastadera de plata que uno no se justifica,
por eso lo estoy vendiendo. Claro, yo sé que usted viene de parte de él, usted
es el tercer cliente que me manda Marcos y le digo lo mismo que a los otros, el
precio es el mismo y no se negocia por lo mismo que le estoy diciendo, porque
ese cerco está nuevo.
Blog
A
veces durante los comerciales de la telenovela de la noche Marcos lee el blog
que escribe un tipo que vive por su cuadra y maneja una camioneta en la que
hace viajes y lleva trasteos. En ese blog el tipo escribe sobre los chismes que
le cuentan en el barrio. A veces se aprovecha de que los vecinos no leen blogs,
o ese cree Marcos, para escribir chismes en los que ni siquiera les cambia el
nombre a los protagonistas. Marcos lee siempre esperando que alguna de las
entradas hable de él o de su mamá, pero siguen sin encontrar ninguna.
La
semana pasada Marcos se encontró en la tienda con el tipo del blog y le
preguntó por qué no había escrito nada sobre él. Vea hermano que yo soy amigo
del alcalde, de los concejales, y de otro montón de gente y además me la paso
haciendo maricadas para ayudar a otra gente, mejor dicho, yo utilizo a mis
amigos para solucionar los problemas de otros porque menos mal que yo problemas
casi no tengo, bueno y leo su blog y a mí sí me gustaría mucho que usted me
metiera ahí, escriba algo sobre mí. Vea le cuento, la semana pasada invité a
una muchacha amiga mía a tomar cerveza y me dijo dizque que no que ella cerveza
no tomaba y le pregunté yo que por qué, y me dice, porque me da muchas ganas de
orinar y a mí no me gusta ir a orinar en baños públicos y yo pues me reí y ella
me dice que la mayoría dicen que no les gusta por amarga, pero a mí no me gusta
es porque me da ganas de orinar. Vea y yo le aseguro que si la gente que yo
conozco leyera su blog también le gustaría salir ahí, pero no les cambie el
nombre ni nada que lo bueno es que tenga el nombre. Una amiga mía que se llama
Ana María en estos días le tuvo que escribir por WhatsApp al hijo de la señora
que vive arriba de la casa de ella que abajo se escuchaba todo lo que hablaban
de ella, casi que le recomendó que chismosiara pero pasito, y claro como Ana
María peleó con el marido porque la chucha esa no quiere cuidar al perro
entonces allá arriba no hacían sino hablar de eso y hasta dialogo le inventaron
al perro. Imagínese usted escribiendo eso, a ella le encantaría leerlo. El tipo
que no había abierto la boca mientras Marcos hablaba porque tampoco le había
dado la oportunidad ni de hablar ni de responder a la pregunta le dijo que con
el trabajo casi no le quedaba tiempo de actualizar el blog pero que él lo iba a
tener en cuenta. Marcos sigue abriendo el blog esperando que el tipo haya
escrito sobre él o sobre la mamá o sobre Ana María, pero nada, debe ser que el
tipo sigue ocupado.

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