lunes, 13 de agosto de 2018

Marcos


Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida y el evento pendiente en medio. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...