Es
que no me gusta que su mamá le diga así al niño, no veo por qué. Luego se queda
diciéndole a sí el resto de la vida. Así fue en la casa de una tía mía, ella a
toda hora le decía a uno de mis primos “negro” y así se quedó, toda la familia
lo siguió llamando “el negro” debe haber gente que no sabe ni como se
llama él. Yo había visto un par de veces al famoso “negro” que ni siquiera era
negro, un tipo amable y muy conversador, de un humor un tanto soez que mezclado con su imprudencia podía poner a la gente a su alrededor en situaciones
bastante incomodas; en especial cuando empezaba hablar de la carestía de la comida
y de la gasolina entre otras cosas de primera necesidad como la mamada, es que
subió la mamada decía muy serio.
Le
dije a Sofía que dejara de ser tan exagerada que mi mamá no le iba a decir al
niño “bolita de moco” toda la vida, que era un chiste no más, que de todos
modos era verdad que cada que uno miraba a Carlitos él estaba con los dedos
metidos en la nariz. Sofía no me miró pero yo entendí que estaba furiosa. Tomó
el control del televisor y cambió de canal, me dejó sin saber si el
participante que ya se había ganado 20 millones de pesos se arriesgaba a
responder la pregunta de los 50 millones. Me gustaba ver “¿Quién quiere ser
millonario?” para saber cuántas preguntas era capaz de responder, pero no me
iba bien. No le dije nada a Sofía para no iniciar una discusión, me levante del
sofá y me fui a buscar a Carlos que estaba en su cuarto coloreando los dibujos
de una cartilla de Toy Story.
Le
dije un par de cosas sobre las escenas que aparecían en la cartilla, habíamos
visto juntos las películas y a él le gustaba hablar de ellas, en especial del
señor cara de papa que le parecía un personaje muy llamativo porque se podía
quedar sin cara, quiero un señor cara de papa, me decía. Yo esperaba con ansias
que tuviera un par de años más para sentarnos a ver Volver al futuro. Me hacía
ilusión que me dijera que quería un DeLorean. El niño estaba concentrado en su
actividad y rápidamente dejo de prestarme atención.
Volví
a la sala con un vaso de agua en la mano y Sofía estaba viendo un canal de
noticias, me senté y no le dije nada, seguía enojada y se le notaba. Mire por
un momento el noticiero luego me acerqué a la ventana y vi que en la casa del
frente las vecinas iban de un lado para otro como desesperadas, una de las
vecinas le dijo a la otra que ya habían llamado a la ambulancia y que nada que
llegaba. Estaban desesperadas y gritaban, tanto que yo las oí y las oyó también Sofía que de inmediato me preguntó que qué pasaba y le dije que
no sabía pero que era en la casa del frente. Una de las vecinas bajó corriendo
las escaleras y salió a la calle estaba esperando la ambulancia que no
aparecía, una vecina de al lado le preguntó qué pasaba y la señora le dijo que
la nuera iba a tener el bebé ahí en la casa. Llamaron a Sofía a gritos desde la
calle y desde el mirador de la casa del frente. Sofía bajó corriendo las
escaleras sin saber muy bien de que se trataba el revuelvo, el bullicio sacó de
su cuarto a Carlitos que quería saber que pasaba, le dije que en la casa del
frente había una señora enferma y que la mamá había ido para ayudarlas.
El
niño y yo nos quedamos en la sala, tomé el control y cambié de canal, puse
sábados felices, Carlos se sentó a mi lado y vimos a los cuenta chistes,
esperábamos a que volviera Sofía para que nos contara lo que pasaba. Al frente
habían cesado el revoloteo de las vecinas que yo veía desde la sala por la
puerta del mirador que tenían abierta.
Carlos
me dijo que pusiera muñequitos que ese programa estaba muy maluco, buscamos el
canal que le gustaba y me preparé para aburrirme mucho, él empezó a preguntarme
los nombres de los personajes a ver si los recordaba y se reía cada que acertaba
la respuesta, siempre le decía mal el nombre de uno de los animalitos de la
pantalla para darle la oportunidad de corregirme y burlarse de mi ignorancia.
Cuando
llegó la ambulancia teníamos todos los peluches del programa que estábamos
viendo regados por la sala, el niño quería que recreáramos en la sala lo que
estaba pasando en el capítulo que estaban dando pero el sonido de la sirena le
importó más que el juego, nos asomamos a la ventana y vimos cómo los enfermeros
subían en una camilla a la mamá y al bebé, Sofía les ayudaba.
Carlitos me preguntó por qué no había venido un helicóptero a recoger al bebé y
yo le dije que porque no había pilotos cerca y me dijo que él ya sabía manejar
que era piloto de avión, nave espacial, y helicóptero desde hacía tiempo. Me
reí y le dije que los hospitales no tenían con que pagarle a un niño piloto.
La
ambulancia se marchó y Sofía se quedó en la calle hablando con las vecinas que
se notaban más tranquilas aunque incomodas y descontentas con lo que había
pasado. Ellas subieron primero y luego subió Sofía, Carlitos y yo permanecimos
asomados por la ventana y vimos como unas de las vecinas, la tía del recién
nacido, cerraban la amplia puerta del mirador y apagaba la luz. Sofía se notaba
inquieta cuando entró y se le frunció el ceño apenas vio los peluches regados
por toda la sala. Le pidió a Carlitos que recogiera los juguetes, él me miró
como esperando a que dijera que íbamos a seguir jugando pero yo le dije lo
mismo que la mamá, él empezó a recogerlos mientras preguntaba qué había pasado
con el bebé. Al igual que el niño yo esperaba que Sofía dijera algo pero ella
parca le dijo a Carlos que el bebé estaba bien y que lo habían llevado al
hospital para que estuviera mejor y los médicos lo cuidaran a él y a la mamá. No
le dijo nada más. Yo me quedé ahí pidiéndole detalles con la mirada pero sabía
que no iba a hablar mientras Carlitos siguiera ahí.
El
niño llevó los juguetes a su cuarto y se sentó de nuevo a colorear las
cartillas, Sofía se sentó a mi lado en el sofá y miramos la televisión, de
nuevo sábados felices, ella estaba distraída y yo suponía que pensaba en el
bebé así que no le dije nada incluso me aguanté la risa que me sacó uno de los
cuenta chistes.
Cuando
por fin habló me dijo que cuando ella llegó el niño ya había nacido y que una
de la señoras lo sostenía en sus brazos asustada sin saber qué hacer, la mamá
lloraba acostada en un mueble de la sala porque no les había dado tiempo ni de
llegar a la cama. Ella recibió el bebé y vio que tenía el cordón enredado en el
cuello, no había llorado y lo hizo cuando le retiro el cordón. ¿Se estaba
asfixiando? la interrumpí yo. Si se hubieran tardado un poco más con el bebé
así seguro sí, dijo Sofía que siguió hablando. Las señoras estaban muy
enojadas, que en el hospital eran unos hijueputas, que la muchacha había ido
esa tarde porque tenía dolores y que de allá la habían devuelto que porque aún
le faltaba tiempo y vea el tiempo que le faltaba, le faltaba tanto que se les
había nacido ahí, eso decían las señoras y que Sofía las oía pero no les decía
nada.
Sofía
llevaba varios años sin ejercer la enfermería, desde que nació Carlitos ella se
había dedicado por completo a él en sus dos primeros años y después empezó a
estudiar de nuevo. Le pregunté cómo habían sabido las vecinas que ella era
enfermera y me dijo que doña Teresa otra vecina al oír los quejidos de la
mamá y al verlas tan desesperadas subiendo y bajando las escaleras esperando la
ambulancia las había mandado a buscarla.
Deje
de hacerle preguntas, de interrumpirla, se le notaba en el rostro que no le
gustaba que yo quisiera aclarar mis dudas buscando profundizar en ciertos
detalles. Al parecer debía conformarme con lo que ella quisiera contarme y lo
cierto es que así era, ella era la enfermera, la que había visto el bebé, yo no
tenía derecho sino a seguir viendo sábados felices.
Sofía
dijo que era muy gordo, la oí pero no la interrumpí y me di cuenta que seguro
ella si quería contar con más detalles lo que había pasado pero yo en mi
torpeza no sabía hacer las preguntas, supuse que hubiera sido más importante para ella que le preguntará si el bebé era grande o pequeño antes que interesarme por saber cómo se
habían dado cuenta las vecinas de que ella era enfermera. Yo llevaba más de dos
años tomando fotos en cumpleaños, matrimonios y bautizos y cuando algún posible
cliente le preguntaba a uno de mis vecinos por un fotógrafo ninguno era capaz
de dar razón. Ni siquiera cuando era un cliente y me describía diciendo que sí
sabían dónde vivía David Gonzales un tipo gordo que era fotógrafo mis vecinos
sabía dar razón, pero si sabían que Sofía era enfermera aunque ni ejerciera.
Sofía
me notó distraído y habló más fuerte, me volvió a decir que era un niño gordo, que la
muchacha no era de Tuluá, que era de Bogotá pero vivía en Cali y que como no tenía
familia cerca se había venido a tener el bebé acá para que la suegra le cuidara
la dieta. Que el marido de ella el hijo de la vecina venia en camino pero aún
no le habían avisado nada de lo que había pasado.
La
dejé por un momento mientras iba ver qué hacía Carlos que seguía coloreando.
Sofía no me contó mucho más, aunque tampoco era que hubiera mucho más, una
mujer había tenido un bebé en su casa sin la ayuda de un
médico, además de eso estaba la ineptitud y la negligencia de la gente del
hospital que era la responsable de todo según las vecinas, a mí me daban ganas
de saber si la mamá del bebé también puteaba a los médicos en medio de dolor y
la sorpresiva situación o si por el contrario había quedado tan asustada que ni
hablaba. No pregunté nada porque Sofía parecía desganada y como ensimismada.
Cambié de canal, de pronto sábados felices tenía algo que ver con su congoja.
Pasado
un rato sin que Sofía hablara me dio por preguntarle por el nombre del bebé. Me
miró pero no me respondió inmediatamente. Yo seguí pasando los canales. Dijo
que no sabía cómo lo iban a llamar, que no se le había ocurrido preguntar. Le
dije que la abuelita seguro lo llamaría inesperado, impaciente, o milagro, o
sorpresivo, o una cosa de esas. A Sofía no le gustó nada mi comentario, se
levantó del sofá y me dijo que no la jodiera, que cogiera oficio, que estaba
preguntando y mostrando interés sólo para llegar al tema del nombre. Estaba
agitada y levantaba la voz. Le quise explicar que era un chiste no más y que no
lo había planeado pero ella no me dejo hablar. Si su mamá no deja de decirle
bolita de mocos al niño se puede ir olvidando de que tiene nieto porque no se
lo vuelvo a dejar ver, mire a ver cómo le hace entender que el niño se llama
Carlos, como mi abuelo. Sofía terminó de decir eso y se fue de la sala, la oí
tirar la puerta del cuarto, me había dejado por fuera. Me puse a pensar en mi
mamá regañándome, diciéndome que solo a mí se me ocurría meterme con esa médica
frustrada, que si era que yo no tenía pelotas , que yo me dejaba mandar, que si
ella le decía al niño así era de cariño. Pensé en eso y se me quitaron las
ganas de ver televisión, apagué el aparato y me fui a acostar a Carlitos.
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