martes, 20 de diciembre de 2016

Whisky


Todas las tardes José saca uno de los parlantes del equipo de sonido a la calle, abre la puerta garaje y se sienta en una mecedora al lado del parlante a tomar whisky y a escuchar salsa y bolero. Juan pasa por ahí bien vestido y perfumando rumbo a la casa de su novia y siempre saluda formalmente a José que le responde con parquedad entre dientes. José bebe solo y su esposa o su hija cada cierto tiempo traen hielo y se lo ponen en el vaso. Algunas vecinas se molestan por el volumen de la música y cada tanto se acercan a pedir que le baje un poco, a veces José las complace y otras no, le gusta decirles que si les incomoda mucho se pueden ir porque para eso él es propietario y ellas arrendatarias.

La novia de juan no sabe por qué él siempre lo saluda con tanta amabilidad sabiendo que el viejo es un amargado y en la cuadra no lo quiere nadie. Juan le dice que el señor puede ser un cliente porque él tiene un primo que va a empezar a trabajar con licor de contrabando y le ha dicho que el negocio es bueno y como el viejo toma todos los días pues hay que ofrecerle. Ella no le presta atención. Juan tiene un proyecto nuevo y distinto que lo va llenar de plata cada que se ven y nunca realiza ninguno aunque cuando los emprende es peor y siempre termina endeudado.

Juan siguió yendo a la casa de su novia y siguió saludando a José y el día que su primo le dijo que ya tenía mercancía para vender Juan se detuvo en la casa del viejo y no solo lo saludó de lejos sino que se acercó a la mecedora donde estaba sentado y taciturno y le ofreció la mano, el viejo levantó un poco la cabeza y lo miró con disgusto como si fuera un árbol que le hace mala sombra, sostuvo la mirada por unos segundos y luego apretó la mano de muchacho.

El viejo le dio un sorbo al vaso sin dejar de mirar a Juan que dé pie a su lado le decía que lo veía siempre tomando whisky y que por eso le hablaba porque él estaba vendiéndolo a buen precio y que tenía de varias marcas, Juan fue interrumpido por José que empezó a seguir la canción que sonaba en el parlante, José notó la cara de desconcierto del muchacho pero siguió cantando. A Juan sus largos días de trabajo vendiendo rifas lo prepararon para lidiar con las muchas circunstancias a las que puede acudir el posible comprador para decir “no gracias”, también aprendió que a una persona no se le ofrece nunca una sola vez, hay que ofrecerle varias, hasta el cansancio si es posible como si fuera una carrera en la que el perdedor es el que se cansa primero. Ese día viendo a su cliente potencial cantar Juan dejó de hablar del licor y empezó a contarle a José que su papá cada que había una fiesta en la casa repetía esa canción de Héctor Lavoe que él estaba cantando una y otra vez hasta que su mamá se enojaba y le decía que si no tenía música no hiciera fiestas ni comprara equipo de sonido, que con un radio de pilas era suficiente para oír emisoras. El interés de José en lo que decía Juan se notó en su silencio, dejó de cantar y le dio otro sorbo al vaso. Antes de que José hablara el muchacho le dijo que debía seguir porque su novia lo esperaba que luego seguían conversando y dio media vuelta y siguió su camino, ahí la cara de desconcierto la tuvo el viejo y a diferencia de él Juan no lo notó.

La novia de juan le dijo cuándo le abrió la puerta que si quería se podía ir, que con la hora que era seguro ya no alcanzaban a llegar a ninguna parte. Juan le dijo que no exagerara que no era tan tarde y le contó que se había quedado hablando un rato con el vecino. La novia le dijo que era el colmo que se perdiera la mitad del concierto porque a él se le había ocurrido hacerle visita a ese viejo borracho pero Juan se defendió, no eran ninguna visita, eran negocios, había tenido su primer acercamiento con el cliente. La novia preguntó por el número de botellas vendidas y Juan le respondió que de momento ninguna y la novia le dijo que entonces sí se estaban perdiendo el concierto tras de nada, que con él siempre era lo mismo.

La displicencia de José en el segundo intento de Juan por hacer negocios fue menor. No empezó por ofrecerle licor como lo había hecho antes, en lugar de eso le habló de música y José le dijo que a él más que la música le gustaba era tomar con música y luego como si ya estuvieran en confianza le preguntó que si él no tenía nada más que hacer que correr a toda hora para la casa de esa muchacha. Juan sin mostrarse afectado le dijo al viejo que sí tenía más que hacer que por lo regular corría a la casa de tres o cuatro muchachas porque teniendo una sola le quedaban mucho tiempo libre. La sonrisa cínica que acompañó las palabras de Juan no fue suficiente para convencer a José de sus dotes de casanova. Seguramente para tener la lengua tan ligera hace falta estar desocupado, él también conocía a más de uno que tenía como trabajo de tiempo completo ir por ahí hablando mierda.

Los acercamientos entre José y Juan se siguieron dando sin que la venta se definiera pero juan no se daba por vencido y venderle a José aunque fuera una sola botella de whisky se le convirtió en un reto, en la manera de demostrarle a su novia que a él no le quedaba grande nada y eso porque ella desde el principio le dijo que ese viejo no compraba nada. Juan le estrechó la mano a José y le entregó una botella de 18 años que el viejo observó atentamente como si dudara de su procedencia, juan le dijo que la abriera tranquilo que no era adulterada sino contrabandeada y el viejo soltó la carcajada. Juan creía que regalándole una botella al viejo lo iba a convencer pero el viejo no la destapó y no se quedó con ella, le dijo que él no necesitaba comprar licor que si algo necesitaba comprar era tal vez garganta porque esa botella y señaló la botella que tenía en el piso al lado de la mecedora no se agotaba nunca, era una botella sin fondo. Juan le dijo que ya estaba entiendo quién era el que hablaba mierda en tiempo completo.

José llamó a su mujer que no tardó en salir, la señora sonriente saludó a Juan que seguía de pie al lado del viejo y le preguntó a su marido qué necesitaba, el viejo le pidió le trajera otro vaso, la señora fue la cocina y rápidamente regresó, José le indico que le entregara el vaso al muchacho y él lo recibió sonriente.  José tomó la botella del piso la destapó y empezó a servirle un trago a Juan el whisky cayó rápidamente en el vaso y lo fue llenando, Juan lo sostenía firme y lo miraba inquieto como si el viejo no fuera a parar; el vaso se llenó hasta el borde y Juan empezó a mojarse los dedos con el whisky, le dijo a José que parará que viera que lo estaba votando y el viejo no hizo caso, el muchacho retiró el vaso del chorro de licor que seguía cayendo y mojaba el piso, José sostenía la botella sonriente y el licor caía y caía, Juan miraba al viejo y a la botella que ya debería estar vacía, el viejo se cansó y tapó de nuevo la botella y la puso donde estaba completamente llena.

Juan se apresuró a levantar la botella para observarla con detenimiento, intentaba hablar pero las palabras se le quedaban atrapadas en la garganta, José disfrutaba de la situación sentado en su mecedora. Pasados unos minutos Juan le dijo a José que con esa maravilla podían hacer negocios. José vio en la cara del muchacho su deseo de llenar botellas y la expresión en su rostro cambió, ya no parecía divertido sino acongojado. El viejo le dijo que no era como él creía que con esa botella no se podía ganar plata, esa botella estaba vigilada por una mirada omnipotente. Juan miró al viejo con sospecha y le dijo que de todos modos él con una botella de esas mantendría de fiesta con los amigos y José le dijo que ese era uno de los tantos precios a pagar por la botella que había que tomar solo. Juan quería saber más pero José se adelantó y le dijo que no pensaba explicarle cómo la había conseguido que se sintiera afortunado con haberla visto. Juan sin salir aún de la sombró se despidió del viejo y fue a la casa de su novia pensando en José y en la botella, no le diría nada a ella la dejaría creer en su incapacidad de vender. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Cuando ella faltó


Mejor averiguar bien a ver cómo es, a mí me han dicho que uno alquila o compra el lote y entonces la puede dejar ahí lo que uno quiera, dijo el viejo. Estaban sentados en una de las esquinas de la sala en una banca larga, había llegado poca gente pero aún era temprano.

De todos modos apa eso hay que hacerlo este año porque el tiempo ya se cumplió, no demoran en llamar a recordarnos el asunto, dijo la hija mayor que estaba sentada al lado del viejo. Fueron de los primeros en llegar.  El viejo refunfuño irritado diciendo que uno no podía ser ni el primero ni el último en llegar ni aunque se tratara de un velorio. La hija intentó tranquilizarlo diciéndole que era mejor así, ellos no se podían quedar hasta tarde porque había que madrugar, que no se le olvidara la cita a las seis de la mañana en la clínica para hacerse los exámenes que le había ordenado el médico.

El viejo empezó a quejarse de frío, es que acá deberían repartir tinto, dijo. La hija se levantó de la banca fue a la cafetería y volvió con aromática para ella y tinto para él, se lo entregó y le dijo que lo probara a ver si estaba bien de dulce, el viejo le dijo que estaba como él lo necesitaba, con poquita azúcar y caliente. La gente iba llegando y la familia no se separaba del ataúd, algunos conocidos se acercaban saludaban y se alejaban formando pequeños grupos de cuchicheo que ocupaban toda la sala de velación

Mire que a mí me han dicho que esa gente que toma tanta droga se demora mucho en descomponerse y con la cantidad de droga que tomó su mamá toda la vida, eso que pastas de esto y de lo otro, que inyecciones y eso era todos los días que ella tomaba droga y eso desde que era soltera, yo me acuerdo, cuánta plata no le gasté yo a su mamá llevándola a donde dijeran que había un medico bueno. Y ni que decir de ahora último cuando ya le dijeron que era cáncer, dijo el viejo. La hija asentía y lo miraba atenta como si esperará alguna novedad en lo que él decía. Ella sabía que su mamá había estado enferma toda la vida y que con cada parto se iba poniendo peor, lo sabía porque ella como hija mayor tuvo que cuidar a varios de sus hermanos y con la ayuda de una de sus hermanas la cuidó cuando estuvo reducida a la cama hasta que murió.

El velorio era de un vecino del viejo, un señor de ochenta años que había muerto en el hospital después de dos semanas en cuidados intensivos. Ahora el más anciano de la cuadra soy yo, dijo el viejo. Su hija sonrió tocándole un hombro, era raro verlo frágil. Si fuera solo viejo pero uno tan enfermo y con esa diabetes y ese colesterol por las nubes a toda hora sigo diciendo el viejo.

Vea que allá en el pueblo yo me acuerdo que cuando fueron a sacar los restos de la esposa de don Calisto Cárdenas la encontraron completa dizque momificada, yo no sé porque yo no la vi, pero era lo que todo el mundo decía, después de eso encontraron otros cuerpos momificados. Eso dizque ese señor casi se muere de la impresión cuando vio a la mujer así y dizque se la iba a llevar para la casa pero que los hijos no lo dejaron, pero él estaba decidido a llevársela. Al final como que la despedazaron.

Había escuchado esa historia varías veces, incluso la había contado su mamá y a ella y a sus hermanos siempre les pareció curiosa y medio macabra, lo que no se imaginó nunca era que su papá pudiera tener miedo de sacar los restos de su mamá porque creía en lo que había oído toda la vida en el pueblo.

Yo no creo que eso de los medicamentos sea verdad apa, vea la cantidad de gente que los toma y los casos de momias son curiosos precisamente por eso porque son escasos, el motivo debe ser otro, que va a saber uno cuál, de todos modos si usted quiere podemos averiguar lo que usted dice de pagar un tiempo más por el lote para evitar sacar los restos el otro año, pero también creo y me parece que lo mejor es hacerlo cuando es y no ponernos a darle alargues, yo sé que eso no es ni cómodo ni agradable pero hay que hacerlo, dijo la hija.

El viejo guardó silencio y vio cómo iba llegando más gente y la sala de la funeraria se llenaba, aunque había estado más llena cuando velaron a su mujer. La charla entre padre e hija se detuvo para dar paso a conversaciones más impersonales pero no menos transcendentales con vecinos y amigos.

Desde que ella faltó a mí me dan muy duro venir a estas cosas, le decía el viejo a los vecinos con los que hablaba, es que desde que ella faltó para mí ya nada tiene gusto. La hija lo escuchaba atenta y curiosa, le causaba gracia que su papá siempre le hubiera quitado el nombre a su mamá, cuando le hablaba le decía “ole” o “mija” y después de muerta siempre decía “ella”.

Antes de irse el viejo y la hija se acercaron a la familia del fallecido para despedirse y preguntar a qué hora sería el entierro, les dijeron que solo iba a haber una misa a las tres de la tarde y que lo iban a cremar. El viejo miró como admirado por su fortuna a la señora que le hablaba como si fuera la feliz ganadora de una lotería. Si ve lo bueno pa ella, ya no le toca ponerse a joder sacando restos ni nada sino que ya se salen, le dijo el viejo a su hija mientras esperaban taxi en la calle, él se apoyaba con una mano en su bastón y con la otra mano en el hombro de ella.  Yo siempre dije que cremáramos a su mamá pero no, como a ustedes no se les dio la gana y como uno se va volviendo viejo y ya la autoridad de uno no vale pa puta mierda entonces ustedes hicieron lo que se les antojo, como no va ser mejor uno quedarse con las cenizas del ser querido en la casa de uno, dijo el viejo agitado y molesto. Seguro ellos también le tienen miedo a las momias apa, dijo ella. Usted se lo toma todo en chiste, dijo el viejo. No papi como se le ocurre, en chiste no, yo le prometo que si mamá esta momificada como dice usted yo convenzo a los muchachos para que usted se la quede, le dijo ella. El viejo enfadado le iba a responder algo pero en se momento llegó el taxi se subió solo evitando que ella lo ayudara y cerró la puerta, hágale que ella espera otro, dijo el viejo. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Novia

Novio uno
Juan prestó el servicio militar hace poco y aún usa camisetas verde oliva muy ajustadas, volvió del batallón sin un solo peso. Es alto y lleva el cabello al rape. Sonríe cuando saluda a las mujeres y aprieta fuerte la mano cuando saluda a los hombres que lo superan en edad. Vive con su papá y su mamá y lleva días buscando trabajo.

Novio dos
Carlos no se quita nunca la camándula de cuentas de madera negra que le regaló su abuela. Tiene los ojos verdes que no se le ven muy bien porque la gorra que lleva siempre está muy bajita casi tocándole la nariz. Tiene una moto roja y la quiere cambiar porque no es tan veloz como él desea. Vive con su mamá y sus hermanos y está a nada de graduarse del colegio.

Novio tres
Jasón aprendió a reparar computadores sin darse cuenta mientras le ayudaba a un tío que es técnico del Sena y dueño de su propio negocio. Quiere entrar a la universidad pero aún no decide si quedarse o irse de la ciudad.  Tiene las pantorrillas firmes duras y lampiñas, monta en bicicleta a diario por las empinadas pendientes vecinas. Vive solo en un apartaestudio cercano a la casa de su papá.

Novia de los novios uno dos y tres
Vanesa come chicle de menta, no le gusta ningún otro. De cabello largo y piel canela la novia usa shorts muy cortos y pequeños tops. Está repitiendo once porque una profesora que es una porquería que no la quiere la puso a perder. Le gustan las selfis y chatear con amigos. Está aprendiendo inglés y le va muy bien le dicen que tiene mucha felicidad para los idiomas. Le hace ilusión irse a Estados Unidos a vivir con su papá. Vanesa vive con su hermana y con su mamá que hace poco terminó con un novio que la dejó porque iba a volver con su mujer y ahora está saliendo con otro señor más joven.

Visita
El novio dos llegó a la casa de Vanesa y se quedó en la puerta ella tenía el cabello planchado y chanclas altas de plataforma, el novio dos tenía que empinarse para besarla. Hablaban del colegio y de la entrega de boletines entre beso y beso largo con manos del novio deslizándose por las curvas de la novia. El novio dos entró a la casa para ir al baño y Vanesa se quedó en la puerta esperándolo, en ese momento llegó el novio uno. La novia no alcanzó a pensar en una excusa cuando el novio uno y el novio dos estaban cara a cara. No tuvieron que preguntar mucho ni esperar a que Vanesa tartamudeara intentando dar respuestas satisfactorias para darse cuenta de lo que estaba pasando.

Pelea
El novio dos estrujó al novio uno y el novio uno no se dejó, el dos pegó primero y el uno pegó mejor. Después de potentes y certeros puñetazos el novio uno que era más alto domino al novio dos y le apretó el cuello con su brazo derecho como si fuera un experto en llaves de lucha libre.

Vanesa gritaba asustada y hasta el chicle se le salió de la boca y se pegó en el piso, los dos muchachos estaban en la calle y Vanesa pedía a gritos un hombre que la ayudara a separarlos. Un señor que estaba en la tienda de la esquina recostado en la entrada tomándose una cerveza se movió cuando la escuchó gritar y le dijo al tendero que meterse en esas peleas por cuca era un peligro. Los gritos de la novia sirvieron para que saliera su mamá y su hermana y una vecina del frente, entre las tres lograron zafar al novio dos de la llave del novio uno que tomó aire con fuerza mientas se tocaba la garganta y recogía la gorra. El novio uno se lanzó de nuevo al novio dos para agarrarlo de nuevo pero las mujeres lo detuvieron y el novio dos se subió apresurado a su moto, había perdido un zapato en el forcejeo pero lo dejó tirado en la calle, antes de acelerar miró al novio uno y le dijo que iba ir por un fierro pa a volver a totiarlo por hijueputa.  El novio uno le dijo que trajera lo que quisiera que él lo esperaba. Vanesa entró a la casa llorando acompañada de su mamá y su hermana. La vecina también se fue pero antes le dijo al novio uno que mejor se fuera. El novio uno tocó la puerta esperando que vanesa saliera. Se sentó en anden a esperar.

En la tienda el señor que se estaba tomando la cerveza presenciando la pelea sin dejarse ver pidió otra y luego otra y luego otra más y a la quinta cerveza pagó y le dijo al tendero que mejor se iba porque el otro pelao no iba a volver con ningún fierro, está tarde muerto no hubo, dijo.

Visita dos

El novio tres llegó en bicicleta y tocó la puerta de la casa de Vanesa, el novio uno ya se había ido y el novio dos no había vuelto, el novio tres volvió a tocar y nadie le abrió. En la tienda pidió una botella de agua y le preguntó al tendero si él había visto salir Vanesa, el tendero le dijo que él no sabía.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...